El Gobierno se endeudó colo­cando bonos por 450 millo­nes de dólares en enero pasado, un incremento del 5,4% sobre el saldo al 31 de diciem­bre último. La mayor parte del dinero será para pagar deuda. Con este nuevo endeudamiento, el total del pasivo esta­tal ascendió a 9.304,7 millones de dóla­res, la suma más alta jamás alcanzada por el débito del país. Debido a estos nuevos préstamos, el saldo del endeu­damiento público ascendió al 23,3% del Producto Interno Bruto (PIB) con la nueva actualización del año base de las cuentas nacionales.

Los entendidos señalan que si bien el nivel de la deuda del país no es muy ele­vado en comparación con el tamaño de su economía, resaltan que el problema está en que su capacidad de pago no mejora debido al escaso nivel de recau­daciones y bajas tasas impositivas. Estiman que, de seguir este ritmo, cada vez se necesitará pedir mayor cantidad de dinero prestado para pagar la deuda, como ya está ocurriendo, al tiempo que deberá elevar sus impuestos para mejorar sus percepciones tributarias. Asumen que más temprano que tarde el Gobierno tendrá que imponer nue­vos tributos para apretar más a los con­tribuyentes si no quiere empeorar sus finanzas, dado que sus gastos se van incrementando a mayor velocidad que sus recaudaciones y que su capacidad de ahorro es nula.

En enero pasado se entregaron bonos de la deuda por valor de 450 millones de dólares a una tasa del 4,4%, la más baja desde el 2015. De la suma men­cionada ingresaron al Banco Central 449,5 millones por los descuentos.

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Este año, el Estado colocará bonos por 547 millones de dólares, que en su mayor parte utilizará para pagar la deuda externa, pues el 67,45% que obtenga de ese modo, 369 millones de dólares destinará para pagar los venci­mientos previstos. Solo 131 millones de dólares, que representan el 23,94%, se destinarán para financiar inversiones.

Estas cifras revelan seriamente que el Gobierno no tiene dinero genuino para pagar la deuda, por lo que debe recurrir necesariamente a contratar nuevos préstamos para cubrirla.

Los especialistas estiman que, si no mejoran fuertemente las finanzas públicas, el año entrante el Estado deberá endeudarse más todavía para cumplir sus compromisos y, en vez de usar el 67% del dinero que consiga con los bonos para pagar deuda, deberá usar el 70% o más para el efecto.

Este año se tiene proyectado contra­tar deuda de diverso origen por valor de 1.551 millones de dólares, 250 millones de dólares más de lo que se prestó en el 2019, lo que constituye un incremento del 16%. El saldo de la deuda externa era al 31 de diciembre último de 8.859,1 millones de dólares.

De acuerdo con la contabilidad ofi­cial, los compromisos externos llegan al 82,2% de la totalidad del endeuda­miento público, que representa 7.702,7 millones de dólares. La deuda interna es solo de 1.602 millones de dólares, que constituye el 17,2% de la totalidad del pasivo.

El tipo de acreedores del Estado ha cambiado fuertemente en los últimos años. Anteriormente, la mayor parte de la deuda era con los organismos mul­tilaterales, en tanto que ahora son los tenedores de bonos los más importan­tes. Estos tienen en la actualidad más de 66% de las acreencias del Estado paraguayo, en tanto que las institu­ciones internacionales, como el Banco Mundial, el BID y CAF, tienen alrede­dor del 33% de la deuda del país.

En los últimos años la colocación de bonos soberanos ha crecido fuerte­mente, pues desde el 2013 se han colo­cado papeles en el mercado externo por 4.360 millones de dólares. No se cuestiona la suba del endeudamiento si es para realizar inversiones. Pero el Gobierno actual destina la mayor parte de las nuevas deudas que está contra­tando para pagar los vencimientos, lo que no se puede aplaudir.

Si el Estado quiere mantener sanas sus finanzas, tiene que percibir más fondos mediante el alza de las recaudaciones impositivas, con una fuerte mejora en la administración tributaria y el ahorro en gastos superfluos. Si no, se verá obli­gado a aumentar más aún su deuda sin tener con qué pagarla y así comprome­ter la suerte del país.

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