Finalmente, el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) salió a reconocer las deficiencias con motivo de los errores ortográficos asentados en los libros de matemática destinados a los alumnos de la educación primaria y a pedir disculpas. Lo hizo uno de los viceministros ante la ausencia del ministro. Anunció que se harán las correcciones necesarias y se las enviará a los alumnos para agregarlas a los libros. Al mismo tiempo, se supo que algunos funcionarios a quienes se atribuye la responsabilidad de lo acontecido han sido alejados.
La rectificación realizada por el MEC es importante y las medidas adoptadas internamente son necesarias. Pero lo que no se puede aceptar es todo lo que había dicho anteriormente el titular de la secretaría de Estado que demostró una vez más su falta de tino político, su escasa preparación para administrar una cartera altamente técnica con una actuación pública que puede calificarse de bochornosa porque causó vergüenza.
De ese modo, después del espectáculo que protagonizó la cartera y su ministro ante los errores en el libro de texto escolar, el MEC parece haber entrado en razones y está comenzando a actuar como debió hacerlo desde el principio, reconociendo los yerros, enmendándolos y pidiendo disculpas por los mismos.
Lo acontecido a raíz de las equivocaciones asentadas en los libros pone de manifiesto una realidad lamentable en este ministerio que comienza en la misma cabeza de la institución. El secretario de Estado, desde el inicio de su gestión, ha sido objeto de la crítica por una serie de asuntos que comienza con su falta de idoneidad profesional para conducir un ministerio muy sensible, encargado nada menos que de la educación y la formación académica de niños y jóvenes. A nadie se le ocurriría poner a un carpintero al frente de una sastrería. Pero aquí el Poder Ejecutivo instaló a una persona que evidentemente nada entendía ni entiende del complejo proceso educativo de un país y así lo fue demostrando en diferentes acontecimientos como el recientemente sucedido.
Cuando los medios mostraron y denunciaron los errores ortográficos y otros que contenían los libros destinados al aprendizaje de los niños, el ministro salió a defenderse diciendo que los errores los corregirían los chicos en las aulas, que es como decir que los enfermos internados en un hospital se ocuparán de curar a los otros pacientes. ¿Cómo un niño de corta edad que recién está aprendiendo dónde y cómo se usa la “c” o la “s” podrá diferenciar que la palabra “clase” se escribe con “s” y no con la “c” como lo indica su libro?
Aparte de mostrar una gran irresponsabilidad al no asumir al principio el error de la cartera de Educación, demostró su falta de ubicación en la realidad al decir que son los niños quienes tienen que corregir los desaciertos que avaló el ministerio. La ilógica actuación del ministro escandalizó a la ciudadanía y puso en evidencia como ningún otro hecho que él no es capaz de ejercer debidamente el cargo que le han dado y que no debe permanecer al frente de una institución tan importante, si se quiere llevar adecuadamente la administración educativa.
Otros hechos protagonizados últimamente por el ministro lo muestran desorientado. Recientemente recordó el cincuentenario de la edición de dos libros de lectura escolar hechos durante la dictadura, cuestionados por los especialistas de la educación. Para colmo, en la ocasión rindió homenaje a un ex ministro del estronismo conocido por su mala gestión, a quien la ciudadanía impuso el mote en guaraní de “Ñandejára taxi”, en recordación del asno que condujo a Cristo a Jerusalén el Domingo de Ramos.
Que oficialmente el Ministerio de Educación y Ciencias, a través de un viceministro, haya reconocido el error que se ha cometido y haya prometido que se harán las correcciones son una buena noticia. Porque se trata de un acto de cordura que la ciudadanía estaba esperando. También es muy saludable haber pedido disculpas, como corresponde y que se apartaran a los funcionarios a quienes se responsabiliza por el hecho.
Pero queda aún pendiente que, como parte de la corrección en la conducción del ministerio, el Poder Ejecutivo revise la permanencia del titular de la institución.

