El viernes pasado, en la ciudad de Ayolas, se produjo un hecho trascendente para el sistema eléctrico paraguayo. Luego de 25 años de actividad, por fin el Paraguay se puso en condiciones a nivel técnico para poder hacer uso del 100% de la energía que le corresponde de la hidroeléctrica Yacyretá, según el tratado firmado con la Argentina.
No lo había aprovechado por el rezago técnico que adoleció por mucho tiempo el lado paraguayo, pero la apertura de esta adecuación de las barras de 500 kV en la central hidroeléctrica abre un panorama alentador de cara al futuro no solo en materia energética, sino especialmente en cuanto al desarrollo que puede generarse a partir de esta adecuación, y otra de similar característica para el caso de la Itaipú Binacional, que es el otro objetivo en el que el Gobierno está embarcado.
La adecuación técnica en ambas binacionales es, ni más ni menos, tener acceso real al 50% de la energía de la usina que le corresponde a nuestro país. Con este tipo de ajustes de infraestructura, como el que se produjo el viernes pasado, la tan mentada “soberanía energética” trasunta del papel, del tratado binacional, a los hechos y ahora Paraguay puede usufructuar la mitad de lo que se genera.
La mayor disponibilidad de energía también abre un enorme abanico de posibilidades como, por ejemplo, dar un enorme impulso al desarrollo de las industrias en nuestro país, ya que con más electricidad a bajo costo, el Paraguay se vuelve atractivo para la inversión extranjera, lo que consecuentemente ayudará a la instalación de fábricas que requieren mucha mano de obra.
Además, otra opción que se abre con este nuevo escenario es en el plano financiero, ya sea para buscar mejores negociaciones con los argentinos (venderles energía a mejor precio) o, eventualmente, distribuir esa energía a terceros países. Todo eso está aún en fase de análisis, pero en algún momento la Cancillería y los expertos del sector eléctrico deberán ponerlo sobre la mesa de negociación con los argentinos.
Otra discusión, y que por supuesto también debe ser prioridad para este y los gobiernos que vengan en las próximas décadas, es la adecuación del sistema de distribución interna. La energía, su generación y disponibilidad nunca fueron un problema en el Paraguay desde la aparición de Itaipú y Yacyretá. El inconveniente fue siempre, y parece que por mucho tiempo todavía, el sistema de distribución, la enmarañada red interna que alimenta el sistema eléctrico paraguayo, que es precaria y endeble, y que para poder adecuarla se necesitan cientos de millones de dólares para evitar los cortes o, al menos, hacerlos más esporádicos.
El tema de la energía es sensible para los paraguayos y esta idea quedó demostrada este accidentado año sobre ciertas concesiones que se dieron con el Brasil en la firma del acta bilateral. A partir de allí, queda claro que el objetivo de este gobierno –y de los que le sucederán– es imponer el máximo patriotismo y honestidad a la hora de negociar los intereses del Paraguay.
Los pasos dados desde entonces con estos progresos técnicos demuestran que la senda que se transita es la correcta y es la que aguardamos todos los paraguayos.

