Se fue el 2019, un año que desde el punto de vista económico ha sido malo, y se inicia ahora el 2020 con la esperanza de que los números reviertan la situación anterior y se produzca un repunte del crecimiento. Todo indica que las cifras finales del Producto Interno Bruto (PIB) del 2019 van a señalar un alza casi nula debido a la recesión del primer semestre.
La posibilidad de que el nuevo año sea mucho mejor es más que una expresión de buenos deseos. El desempeño que han tenido los diferentes sectores económicos en los últimos trimestres del 2019 hace pensar que estamos viviendo ya la recuperación, pero con las precauciones de que no está dicha la última palabra. El principal elemento de la economía paraguaya es el campo, sobre todo la agricultura, que depende en gran medida del factor climático, cuyo comportamiento es imposible de predecir con absoluta certeza. La soja, que está en pleno proceso de cultivo, se halla en buenas condiciones, pero depende todavía del régimen de lluvias de enero para que se pueda cantar victoria cuando comience la cosecha.
De ahí el cauteloso optimismo que envuelve a los productores, empresarios y economistas que se animan a pronosticar la reanimación de la actividad económica. Afirman que estamos yendo por buen camino, pero que no hay nada para justificar una euforia tempranera.
Todas las previsiones señalan que este será un año con buen crecimiento, aunque varían los índices de ese impulso. El Banco Central del Paraguay (BCP) dice que el PIB aumentará en 4%, que es uno de los índices más optimistas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también calcula un 4%, lo mismo que la calificadora crediticia internacional Fitch Ratings. Itaú, que inicialmente hablaba de 4%, corrigió su cifra y ahora señala un 3,5%. Diferentes analistas privados del país afirman que el crecimiento será del 2% al 3%.
A estar por la visión de algunas empresas consultoras, uno de los motores del impulso será el positivo escenario que se está avizorando en el campo, además de una buena producción eléctrica, pues un buen régimen de lluvias ayudará a las hidroeléctricas. También aguardan que el sector de la construcción siga el buen desempeño alcanzado en los últimos meses, pues había crecido en 6%.
Otro elemento que no se puede desconocer es que en el último año se produjo un significativo aumento en la aprobación de nuevos proyectos de inversión con los beneficios de la Ley 60/90. Esto hace suponer que este año podrían crecer las inversiones en el sector industrial con el consiguiente efectivo positivo en la producción y la contratación de mano de obra si se concretan esos proyectos.
Según los datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), en el 2019 se aprobaron 108 proyectos de inversión industrial con los beneficios de la Ley 60/90 frente a los 97 del 2018. El monto que se invertirá en los proyectos nuevos es de 546,5 millones de dólares frente a los 181,2 millones de dólares del 2018, lo que quiere decir que con estos últimos emprendimientos se invertirá tres veces más que con los del año anterior. Hay que aclarar que no todos los proyectos aprobados se cumplen en un ciento por ciento, pero aun así la diferencia para las nuevas propuestas industriales es significativa y, si se concretan, sus efectos serán positivos.
Sin embargo, no hay que olvidar que el sector industrial sigue siendo el principal perjudicado por el contrabando y la economía informal, por lo que proteger a la producción nacional es una de las tareas pendientes del Gobierno.
Tomando nota del panorama trazado por los organismos especializados y técnicos del área sobre la realidad que nos aguarda, salvo algún elemento perturbador de importancia, el 2020 será un buen año para la economía del país.
Pero hay que tener en cuenta un detalle muy significativo: mejorar el año implicará un gran esfuerzo no solo de los agentes de la producción y la economía. Dependerá también en gran medida de la conducción política y económica de las autoridades nacionales, que esperamos hayan aprendido de sus errores en el primer año de gobierno.

