El diario Abc, en un artículo edi­torial lleno de mentiras y medias verdades, despotrica contra la anterior administración de la Industria Nacional del Cemento (INC), califica de “repudiable” la gestión del señor Jorge Méndez en la institución y lo tilda de “presunto culpable” por haber supuesta­mente malgastado el dinero público inver­tido por la empresa.

Luego de hacer numero­sas acusaciones sin fundamento y de ignorar documentos de organismos fiscalizadores oficiales, el escrito concluye estúpidamente proponiendo que se cierre la INC (“la liqui­dación de la misma”, dice) o “su verdadera modernización”. Dos propuestas que, cono­ciendo la historia de los propietarios de Abc, tienen una sugestiva interpretación.Para el articulista no existe el reciente dic­tamen de la Contraloría General de la Repú­blica (CGR) que afirma que el uso de los bonos soberanos se hizo en forma razona­ble en el período 2014-2018.

El informe del organismo contralor dice textualmente: “En opinión de la CGR, la ejecución del programa de inversión finan­ciado con bonos soberanos presenta razo­nablemente los saldos, en todos sus aspec­tos importantes, la situación de la Industria Nacional de Cemento, correspondiente al 01/01/2014 hasta el 31/08/2018, de acuerdo con la Ley Nº 5252/99 de administración del Estado”.

Entre las realizaciones más relevantes lle­vadas a cabo por el anterior gobierno en la INC resaltan el cambio de combustible, el secador de puzolana, el nuevo molino de cemento.

De acuerdo con la apreciación del ante­rior presidente de la INC, Jorge Méndez, la inversión de los US$ 80 millones que se había realizado se podrá recuperar en dos años más. Señaló que mediante el ahorro del cambio de combustible, en 22 meses ya se logró reducir US$ 35 millones en costos, teniendo en cuenta el alto precio del fuel oil. Este combustible se vende a US$ 750 la tonelada, en tanto que el coque –que se usa ahora– cuesta US$ 300 la tonelada, con lo que se ahorran US$ 450 por tonelada.

Recientemente, la actual directiva de la INC envió al Ministerio Público su informe de auditoría interna, además de dos informes de la Contraloría General de la República sobre la administración anterior y el uso de los US$ 80 millones de bonos soberanos invertidos. En ninguno de los documentos remitidos a la Fiscalía se observan indi­cios de irregularidades o señales de hechos punibles. El actual presidente de la INC, ante la consulta de la prensa, dijo: “Hay tres informes. Dos son de Contraloría que hace salvedades. Lo que se menciona son errores administrativos en relación al proyecto. No se notan irregularidades ni perjuicio”.

Obviamente, los escribas del diario no se enteraron de los informes y prefirieron inventar otros infundios. Lo mismo que ocurrió en marzo de 1999 cuando asesina­ron en la vía pública al vicepresidente Luis María Argaña y a su custodio, el suboficial Francisco Barrios González, y se pusieron a inventar que todo fue un montaje y que el Dr. Argaña murió en el lecho de su amante, queriendo ignorar el trágico atentado del que fueron testigos presenciales los vecinos de la calle Diagonal Molas y transeúntes.

Como hacen los mafiosos, el propósito de la campaña engañosa de Abc es presionar a los investigadores de la Fiscalía para que encuentren irregularidades donde no las hay, acusen de culpables a los que no lo son. Y quién sabe qué cosas más.

La INC es un “bocatto di cardinale” que Abc perdió y no se resigna a ello. A fines de los años 70 y comienzos de los 80, el grupo empresarial del diario propuso al presi­dente Alfredo Stroessner privatizar la INC y hacerse cargo de la industria con nue­vas inversiones que haría el clan Zuccoli­llo. Para ello pidió el aval del Gobierno a fin de conseguir un crédito para solventar el proyecto. Pero el entonces ministro Delfín Ugarte Centurión le hizo ver a Stroessner que al país no le convenía avalar un prés­tamo a empresarios, ya que después se que­darían con un patrimonio del Estado.

La respuesta a los Zuccolillo fue un rotundo no. Ahí comenzó el malestar de Abc contra Stroessner, quien había inaugurado el dia­rio en agosto de 1967 y era un buen amigo, convirtiéndose después en su peor ene­migo. Así, la INC llegó a ser para ese matu­tino la obsesión del objeto deseado, pero nunca alcanzado.

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