Estamos cerrando un año eco­nómico malo. Se ha salido de un primer semestre con rece­sión y se termina sin creci­miento anual. Se inicia ahora otro año sobre el que se vislumbran esperanzas de mejora en la producción y otros indi­cadores importantes. Pero en el 2020 se sufrirán las consecuencias de los malos números del 2019, por lo que se considera que no todo serán luces. Los elementos que se tienen actualmente apuntan hacia un año que será muy diferente al 2019, aunque augurar el futuro es siempre una tarea muy delicada. Como ejemplo de ello recordemos que en diciembre del 2018, cuando se hacían las previsiones del 2019, se vislumbraba un excelente año. No ocurrió así y nos sorprendimos ante una realidad muy negativa que al princi­pio el Gobierno no reconoció y que ahora ya nadie es capaz de negar.

Se tienen en estos momentos elemen­tos capaces de apuntalar un moderado optimismo. No hay sequía en el campo y se pronostica una buena cosecha de soja, que en el período anterior tuvo una caída de 23%. La agricultura está esperan­zada en mejorar sus números. Un pano­rama parecido tiene el sector pecuario, que después de cuatro años registra un importante crecimiento en el hato gana­dero y se espera que en el próximo año supere la caída registrada en el 2019 y aumente sus facturaciones por expor­tación con nuevos mercados y mayo­res ventas. Por eso, el Banco Central del Paraguay (BCP) apunta a proyecciones de crecimiento y prevé llegar a los nive­les de incremento que eran habituales hasta el año pasado.

Algunos analistas prefieren ser pruden­tes y dicen que solo el sector primario puede conseguir incrementos de buen nivel y que el crecimiento del resto sería más difícil porque dudan que pueda darse el efecto derrame que se está espe­rando. Afirman que a raíz de las dificul­tades de este año, el sector agropecua­rio no pudo enfrentar sus deudas, por lo que se estima que los ingresos del año venidero se van a destinar a cubrir las fuertes obligaciones en las que incu­rrieron. Ello impedirá encarar nuevas inversiones que podrían dinamizar más la economía. Entonces, se estima que no habrá compras significativas de más maquinarias o más expansión de culti­vos porque primeramente deberán usar el dinero para cumplir con sus obliga­ciones financieras con los bancos. Este panorama hará difícil el denominado efecto derrame.

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Analistas del sector privado están de acuerdo con las previsiones de creci­miento del Producto Interno Bruto (PIB) señaladas por el BCP del orden de 4%. Aclaran que aparte de la agricultura, la ganadería y la producción eléctrica, los otros sectores apenas podrían incre­mentar su crecimiento en menos de 3%. Estiman que si el clima es normal, puede aumentar la producción agropecuaria e hidroeléctrica, pero no se puede hacer la misma proyección para los demás sec­tores.

Las estimaciones de la banca central hablan de que la industria, el comercio y los servicios crecerán un 4%, lo que para algunos parece muy optimista, teniendo en cuenta las condiciones actuales.

Uno de los sectores que está siendo mirado con atención es la industria de la carne, que verá el retorno de dos grandes frigoríficos que no estaban con el volu­men de actividad habitual en los últimos tiempos. También se aguarda saber qué pasará con la industria de la soja ahora que la Argentina tiene nuevo gobierno y medidas económicas que no se sabe cómo afectarán al sector local.

En cuanto a la variación del PIB en otros sectores, algunas consultoras hablan de que en el 2020 el consumo en los hoga­res tendrá un alza de 4,2% y el consumo del Gobierno será de 1,9%. Estiman que las exportaciones crecerán en 3,2%, en tanto que las importaciones caerán 0,3%. La variación de las inversiones será de -1,1% y la de existencias decli­nará 10,1%.

Las inversiones vienen cayendo desde el cuarto trimestre del 2018, cuando dis­minuyeron 3,4%. Luego, en el primer tri­mestre de este año bajaron 2,8% y en el segundo trimestre del 2019 tuvieron una variación negativa de 16,3%.

Todos estos elementos hacen que la pre­visión del panorama económico del año entrante tenga una buena dosis de incer­tidumbre. Aunque hay indicios de que será mejor que la del 2019.

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