El segundo gobierno municipal de extracción progresista (luego de Asunción para Todos de Carlos Filizzola, en 1991) acabó con más pena que gloria. Mario Ferreiro, la gran esperanza que habían tenido los asuncenos en los últimos comicios municipales, se vio forzado a dimitir ante la inminente intervención que decidiría la Junta Municipal a raíz de haber sido salpicado por la escandalosa red de corrupción que se habría tejido en su propio círculo de altos colaboradores.En su “despedida”, Ferreiro intentó alegar que se trata de una vendetta política y adujo que su renuncia busca más que nada evitar someter a la ciudadanía a una intervención tediosa y que la comuna siga funcionando de manera correcta.
Pudo haber alguna motivación política o alguna animadversión. Naturalmente que en los procesos políticos están presentes estas incidencias. Pero lo que Mario Ferreiro no puede negar es que ese grupo que habría esquematizado la caja paralela o recaudación paralela de la plata de la comuna no fue a instancia de los “enemigos” del intendente, sino integrantes de su círculo más íntimo, es decir, sus principales colaboradores, que habrían montado esta red con plata de los propios contribuyentes de Asunción.
La renuncia de Ferreiro despliega un manto de sospecha sobre su grado de participación en los hechos que ahora el Ministerio Público investiga y además también termina rematando la renovada esperanza de miles de habitantes de la capital del país que lo habían votado en el 2015 para desalojar en aquel año a los colorados del poder.
Esa esperanza quedó defraudada puesto que quien más quien menos de los asuncenos estará sobradamente decepcionado de la pálida y timorata administración que ha tenido el ex comunicador al frente de la comuna más importante del país.
Desde su asunción, hace exactamente 4 años, Ferreiro no ha sabido capitalizar esa confianza recibida en las urnas y transformarla en una ciudad más próspera, más ordenada y más limpia. La pregunta que muchos se estarán haciendo es si Asunción es una ciudad mejor para vivir, o no, desde que Mario Ferreiro tomó la conducción municipal. La respuesta a esa pregunta tal parece que se contesta sola.
Más allá de las quejas y de las diatribas de los simpatizantes y aliados del intendente saliente, lo cierto es que muy pocos en la capital del país lamentarán la dimisión de su jefe comunal. Y no lo harán en el convencimiento de que Ferreiro ha sido uno de los peores intendentes de Asunción desde que en 1991 este cargo haya sido electivo.
Lo de Mario Ferreiro fue un fracaso estruendoso. En términos administrativos y en términos políticos. Su salida indecorosa sepulta además aquella expectativa ciudadana puesta en los movimientos progresistas que terminan siendo –a la luz de las sospechas– iguales o peores a aquellos que habían criticado.
En conclusión, Mario Ferreiro se va defraudando porque su gestión fue incompetente e inoperante y ahora hay que sumar por tener una gestión sospechosa. Realmente es una pena para los asuncenos.