La gran cantidad de incendios fores­tales y de campos que se iniciaron a principios de agosto siguen activos en muchos puntos del país amena­zando más sitios dedicados a la ganadería, bosques y campos agrícolas. Algunos calcu­lan que hasta ahora el siniestro ha destruido entre 120.000 y 140.000 hectáreas en todo el territorio nacional, pero la contabilidad de los enormes perjuicios ocasionados todavía no se ha hecho y se perfila catastrófica desde el punto de vista que se la mire.

Lo único cierto que se tiene hasta ahora es que todos los esfuerzos realizados para sofo­car los frentes del siniestro no son suficientes y en definitiva solo se depende finalmente de una gran lluvia que termine con los incendios y focos de calor existentes. En última instan­cia estamos a expensas de los caprichos de la naturaleza. En otras palabras, no estamos preparados ni equipados ni tenemos organi­zación para hacer frente a este tipo de eventos que tienen una relativa frecuencia en la vida del país.

Mediante la aparición de vientos del sur, el trabajo realizado por centenares de personas para apagar el fuego y alguna lluvia en algunos lugares, los más de 7.000 focos de calor que se tenían la semana pasada han descendido a 2.153 focos concentrados en los departamen­tos de Alto Paraguay, Amambay, Concepción y Presidente Hayes. Pero los incendios conti­núan y la destrucción que ocasionan minuto a minuto nos debe servir para buscarle un remedio definitivo.

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En la investigación realizada y publicada por este diario se ha podido detectar numerosas falencias de nuestra organización como país y defectos de comportamiento de nuestra socie­dad que tenemos que conocer para darle reme­dio al drama que nos ocupa.

Uno de los errores detectados es que en el país no se cuenta con un sistema de alerta tem­prana, instrumento que hay en otras naciones para reaccionar con rapidez ante eventos de esta naturaleza, lo que hace que se responda tarde y con menos posibilidades de éxito.

Otra de las carencias es que Paraguay no tiene un plan ni equipo adecuado para enfrentar incendios forestales. Lo que hace que se haga frente al fenómeno en forma improvisada y sin tener los equipamientos necesarios, como vehículos anfibios de todo terreno, aviones y helicópteros hidrantes.

Los entendidos apuntan que se tiene que ela­borar un plan de contingencia contra incen­dios que abarque todas las regiones del territorio nacional con la participación de organismos estatales y privados bajo el lide­razgo de la Secretaría de Emergencia Nacio­nal (SEN).

Debido a esas debilidades, el país no cuenta con los equipos suficientes para hacer frente y acabar con las quemas de gran magnitud, como se está observando en la actualidad. Por lo que se requerirán fuertes inversiones y la colaboración de países amigos para paliar esta situación.

Otra realidad que no se puede desconocer es que más del 95% de los incendios forestales y de campos está ocasionado por personas, sea por descuido, por desconocer los peli­gros o por intención de perjudicar. Ello hace necesario realizar una intensa campaña para concientizar a la ciudadanía, sin descartar la posibilidad de imponer castigos penales en los casos más graves.

Hay acontecimientos eventuales, como las grandes inundaciones y la sequía por falta de lluvia que no están en las manos del hom­bre evitar. Pero los grandes incendios, como los que estamos sufriendo, son ocasionados por las personas y pueden ser evitados en su mayor parte y combatidos con mejor éxito mediante la mejor organización y las inversio­nes que se requieren.

Y aquí cabe señalar la responsabilidad de las autoridades que tienen la obligación institu­cional de defender la integridad de los bos­ques, de los campos y así evitar la concre­ción de los perjuicios económicos, sociales y atmosféricos que producen.

El Estado no puede estar solo para apagar incendios y enfrentar con muchas falencias los problemas que ocasionan. Tiene que ser capaz de prevenirlos mediante un trabajo ade­cuado y una organización que pueda alertar rápidamente ante los peligros que se corren. No hay que estar a merced de la naturaleza, a ver si llueve o no llueve para terminar el fuego. Se deben realizar las inversiones necesarias para hacer frente a lo inevitable y garantizar el éxito lo más pronto posible.

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