Con mucha –y justificada– preo­cupación, diversos referentes de los principales gremios empre­sariales del país se reunían la última semana con autoridades de distin­tos poderes del Estado. ¿El motivo? Todos lo saben: la crisis económica que soporta el país en lo que va del 2019 y que, así como están las cosas, podría profundizarse aún más. El objetivo, además de llevar esta preocupación a los presidentes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, era que se tomaran acciones concretas, pero en el entendimiento de que cualquier acción –o batería de acciones– debe estar respaldada por los poderes del Estado.

Se decía entonces que la situación econó­mica, y las perspectivas nada favorables que hay sobre ella, naturalmente movilizó a los empresarios de la Unión Industrial Paraguaya, la Asociación Rural del Para­guay o la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (Feprinco), que movieron sus influencias y su peso den­tro del estamento local para arrancar al menos por ahora una iniciativa que –espe­remos– tenga consecuencias.

El titular del Congreso, Blas Llano, dio su palabra para impulsar una cumbre de poderes con el Ejecutivo y el Judicial, de tal forma a calmar la ansiedad empre­sarial y ciudadana y de comprometer acciones verdaderamente conducentes para que –al menos– la crisis no golpee con dureza y que se ayuden a mitigar sus efectos.

Es clave el compromiso político, sin dudas, de poder aunar a los tres poderes para impulsar las medidas que se requieran. Evidentemente hay voluntad para pro­mover, pero ciertamente es discutible que hasta ahora no se hayan hecho los esfuer­zos necesarios.

Una cumbre entre los representantes del Ejecutivo, Legislativo y del Judicial natu­ralmente comporta otro compromiso, uno mayor ante la propia ciudadanía que aguardará con cierta inquietud los cam­bios que se requieran.

Este año es muy complejo para el país, especialmente por las vicisitudes políti­cas de reciente data, que se sumaron a la deprimida actividad económica. Eso se siente en general y en un plano más par­ticular se nota en la gente que trabaja, que produce y que está padeciendo difi­cultades para llegar a fin de mes con sus ingresos.

Sin dudas, está en manos de las autori­dades generar un proceso que revierta ese escenario económico desfavorable y que les proporcione esperanzas, pero no infundadas, sino consistentes.

Es por ello que esta convergencia entre sector público y privado para trabajar juntos es un punto favorable en razón de que ninguno de estos dos sectores logra­ría mucho sin el apoyo mutuo; por ello es clave que trabajen juntos mediante el diá­logo y acuerdos que ayuden a superar el difícil momento.

Sin dudas que la propuesta del senador liberal deberá necesariamente ser reci­bida de manera positiva.

Es cierto, hay componentes de esta crisis que van más allá de la voluntad o de la dis­posición de autoridades y gremios empre­sariales. Este coctel letal para la econo­mía paraguaya tiene factores exógenos por excelencia, como las caídas de la actividad económica de Argentina o Brasil, la vola­tilidad de la cotización del dólar, la per­manente y alarmante guerra comercial entre Estados Unidos y China, etc. Pero hay otros aspectos en los que sí se puede responder con “soluciones caseras”. Esto puede incluir, por ejemplo, un paquete de medidas de incentivo o acciones firmes y decididas en combatir al contrabando, habida cuenta de lo permeable que son nuestras fronteras, entre otras medidas.

Para poder salir del pozo hace falta una gran combinación de medidas concretas y vientos favorables a nivel internacional. Lo ideal de una eventual cumbre de pode­res es precisamente minimizar el azar y apuntalar los esfuerzos a nivel interno.

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