Luego del rechazo y la anulación del acuerdo bilateral con Brasil sus­crito el 24 de mayo quedan leccio­nes importantísimas que aprender y la necesidad de rectificar la actuación del Gobierno en esa y otras materias. Alejada la posibilidad cierta de un juicio político a las principales figuras del Poder Ejecutivo, las autoridades nacionales pueden estar más tranquilas. Pero les queda una enorme tarea para restablecer la alicaída situación eco­nómica del país, que es su principal deuda desde que asumieron el poder, un año atrás.

Como la rectificación de los errores solo puede hacerse reconociéndolos con sinceri­dad es bueno señalarlos para tener concien­cia y así evitarlos en el futuro. El Paraguay merece mejor suerte y para ello los res­ponsables de la conducción de sus intere­ses están obligados a admitir sus fallas para enmendarlas en el plazo más breve posible.

El Gobierno cometió uno de sus más visibles desaciertos en la conducción de la negocia­ción del fallido acuerdo bilateral, pues no defendió los genuinos intereses del país en el área energética. Curiosamente, un tema de capital importancia dejó que lo manosearan personas no calificadas e incluso advenedi­zas que nada tenían que ver en el asunto que terminaron anulando algunas conquistas ya consagradas y propuestas de interés para el Paraguay.

Su pecado es que demostró una grave impro­visación en el manejo del principal capital económico que tiene el país, que es Itaipú. La imperdonable falla se cobró el despido de algunos de sus responsables, pero todavía quedan otros que, según las primeras inves­tigaciones, han tenido una participación decisiva en el asunto y que tendrían que irse, si se confirma su responsabilidad.

Ahora decidió dejar que los técnicos de la Ande y de Itaipú manejen de nuevo el tema de la contratación de energía, como ha sido la norma de siempre. Para ello se integró un equipo que, según todos los indicios, es de primera línea y altamente confiable. Comenzará la lucha de negociar con los bra­sileños que han demostrado últimamente no estar de acuerdo con las propuestas de nues­tro país de continuar adquiriendo la energía de Itaipú con las ventajas acordadas en el pasado y que siguen vigentes hasta el 2022.

Felizmente, los técnicos dijeron que en las tratativas se mantendrán en la línea de defender los intereses paraguayos con base a los acuerdos firmados en el 2007 y ratifica­dos después en el 2009 y el 2013. Esto quiere decir en términos prácticos que en las con­trataciones anuales de electricidad se bus­cará seguir teniendo acceso privilegiado a la más barata, que es la denominada ener­gía excedente, como viene haciendo la Ande para provecho de los consumidores para­guayos.

Con lo anunciado por los voceros del equipo técnico queda claro que se mantendrá la posición de defender la soberanía energé­tica que se había resignado en el acuerdo firmado el 24 de mayo con Brasil. Después se verán otras medidas como la contenida en el famoso artículo 6, que había sido eli­minado, por el cual la Ande pretende ven­der parte de la energía que le corresponde a Paraguay al mercado brasileño a precios competitivos.

El primer paso para enmendar la princi­pal equivocación del Gobierno de resignar soberanía energética está dado: se conformó el equipo con alta profesionalidad técnica para las negociaciones y está la clara posi­ción que va a defender frente a los brasile­ños. Con los técnicos designados y la estra­tegia que anunciaron puede afirmarse que el manejo de los intereses del país está en bue­nas manos y pueden esperarse resultados razonables.

Hay que resaltar que este es solo el peldaño inicial, y que ahora le resta al Ejecutivo encarar la labor de reconstruir el país para devolverle la buena marcha a la economía que está deprimida. Hacer que se recuperen los puestos de trabajo perdidos, que aumen­ten fuertemente las inversiones, que el con­sumo vuelva a sus niveles anteriores como señal de bienestar.

Con estas y otras acciones tiene que con­vencer a la ciudadanía de que es confiable y devolverle la esperanza a la gente que se ha visto tan rápidamente defraudada por sus actuaciones equivocadas. La deuda que ha contraído con el país es enorme y es hora de que comience a pagarla sin más dilaciones.