Luego de diez meses de tanteos, el Gobierno finalmente comprendió que estaba con muy baja ejecución presu­puestaria y apura ahora la realización de obras para mejorar la situación económica del país. Cuando los medios hablaban de la escasa inversión realizada por los organismos públicos a pesar de la necesidad de revertir el enfriamiento de la economía con la concreción de nuevos proyectos, los voceros gubernamen­tales se mostraban incómodos porque se sen­tían criticados. Pero el análisis de los hechos demostró que la ejecución presupuestaria era muy baja para una administración que quiere levantar la situación de la economía.

Es que, al término del primer cuatrimestre del año, el aparato estatal no había movido prác­ticamente nada en materia de realización de nuevas obras y había ministerios, como el de la Vivienda, que no habían llamado ni a una sola licitación para encarar nuevos proyectos. El Ministerio de Obras Públicas y Comunicacio­nes (MOPC), el principal ejecutor de inversio­nes en infraestructura, apenas había llegado a una ejecución del 19% cuando por el tiempo transcurrido, un tercio del año, ya tendría que haber alcanzado el 33%.

A principios de mayo, el presidente de la Repú­blica miró los números de las ejecuciones y se percató de que se había avanzado muy poco, por lo que en una reunión con su gabinete reco­mendó a sus colaboradores poner los pies en el acelerador.

Luego del tirón de orejas que el mandatario dio a sus ministros por el escaso avance en la realización de obras, ahora que comienza el segundo semestre del año hay una avalan­cha de licitaciones y proyectos que se preten­den ejecutar a buen ritmo para resarcirse de lo poco realizado hasta ahora.

La iniciativa es saludable porque finalmente el Estado se dio cuenta que tiene que comen­zar a trabajar con mayor rapidez. Pero está por verse en los próximos meses su capacidad de realización.

Por de pronto, el Ejecutivo trata de acelerar la inauguración de viviendas en construc­ción, gran parte de ellas iniciadas durante la administración anterior, y pretende llegar al primer año de gestión con 10.000 unidades habilitadas. Esto porque es consciente de que uno de los puntos débiles que se le ha seña­lado es la velocidad para atender las deman­das en el acceso a la vivienda, sobre todo para los sectores más desprotegidos. Un informe oficial del Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH) indica que en los prime­ros diez meses de gestión se concluyeron 3.887 viviendas, cuya erección se había iniciado en el gobierno de Cartes, y que otras 5.401 unidades habitacionales están en plena construcción. La ejecución presupuestaria ha llegado al 42%. La cifra es muy importante, pero al término de junio ya tendría que haber ejecutado el 50% de su presupuesto.

Los distintos organismos del Ejecutivo han tenido un fuerte repunte en la preparación de proyectos para realizar obras. Por ejemplo, hasta principios de junio los llamados a licita­ción para numerosos proyectos alcanzaron un monto equivalente a 986 millones de dólares. De esta suma, algo más del 70% se destinarán a construcciones de obras varias. Y se estima que la ejecución de proyectos de infraestructura, que en este caso ascenderá a 693,5 millones de dólares, ayudará a darle mayor movimiento a la economía del país. Pero hasta ahora solo se trata de proyectos en licitación que todavía no se están ejecutando.

Es bueno reconocer que el Gobierno apren­dió la lección de que estaba haciendo muy pocas obras y que por eso ahora ha aumen­tado drásticamente los llamados a licita­ción para emprender nuevas inversiones en infraestructura. Pero también hay que seña­lar que los llamados para los nuevos proyec­tos son solo una parte y que lo que en defini­tiva tiene importancia es la ejecución de las obras. Porque solo con la construcción de las mismas es cuando realmente se va a derra­mar dinero en la economía, que es lo que se pretende realmente.

Se puede esperar del Gobierno que, así como admitió su error de estar haciendo muy poco y comenzó a armar nuevos proyectos, a partir de ahora acelere la ejecución de la mayor canti­dad de obras licitadas, que es lo que finalmente tiene importancia.