El propósito del Gobierno de desactivar la desaceleración y darle un fuerte impulso a la economía mediante la realización de nuevas obras de infraestructura que apuntalen el crecimiento económico está en peligro. Así se desprende de las quejas realizadas por empresarios de la industria de la construcción, quienes señalaron que no se podrá cumplir la meta de inversión en obras si no hay suficientes créditos para ellas en el sistema bancario del país.
Cuando el propio presidente de la República se sinceró y reconoció la mala situación económica del país por la desaceleración, había dicho que el propósito del Gobierno era aumentar fuertemente las inversiones para revertir el hecho y poder retomar el ritmo anterior de crecimiento. Demostró su preocupación exhortando a su gabinete a que trabaje más y mejor en la realización de las inversiones físicas, en especial mediante la concreción y aceleración de las obras públicas.
A raíz de ello, en los sectores gubernamentales encargados de las obras se habló de realizar inversiones por 900 millones de dólares en lo que resta del año para así salir del atolladero y cumplir el propósito enunciado por el primer mandatario. La baja ejecución presupuestaria en lo que va del año les impulsaba a resarcirse de la lentitud e incapacidad de realización demostradas hasta entonces, por lo que se redoblaron las promesas para hacer buena letra. Pero está visto que la realidad tiene sus propios caminos, que no son siempre los mismos que se recorren con las buenas intenciones.
Voceros de los gremios de la construcción lanzaron la voz de alerta de que no se podrán cumplir los objetivos del Gobierno de llegar a invertir los 900 millones de dólares. Esto porque les resultará difícil obtener los créditos bancarios para financiar la ejecución de las obras.
En la charla realizada por la Cámara Paraguaya de la Construcción (Capaco) se informó que el principal freno que existe para ello es la dificultad de las empresas contratistas para conseguir líneas de créditos para encarar los trabajos. Uno de los directivos recordó como ejemplo que para el proyecto de la ruta Transchaco, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) exige que la mitad de las máquinas que se utilizarán sea propiedad de las empresas contratadas, lo que implicaría que las mismas tengan que desembolsar para ello sumas equivalentes al valor total de las obras que no podrán amortizarse en dos años. Ante este hecho no habrá otra opción que enfrentar la construcción con el equipamiento que se posee, lo que impedirá conseguir el ritmo de ejecución que pretenden las autoridades.
El silogismo es muy simple: si queremos la reactivación mediante el fuerte crecimiento de las obras públicas, hay que soltar el dinero para la compra de maquinarias y otros insumos que puedan movilizar adecuadamente el sector, y así poder cumplir con las metas trazadas. Si no hay suficiente apoyo crediticio, como señalaron los empresarios de la construcción, el propósito de alcanzar la reactivación económica quedará en mera expresión de deseos. Así de simple y dramático es el panorama que han trazado los exponentes del sector empresario que se tiene que encargar de realizar las obras para mover la alicaída economía. Una realidad que se tiene que estudiar para alcanzarle alguna solución con la rapidez que no caracteriza a las instituciones públicas.
El hecho es que el sistema bancario tiene líneas de crédito que no son muy convenientes para las empresas, por lo que la responsabilidad final está ya en otro ámbito en el que el Gobierno tiene algo que ver y el Banco Central del Paraguay (BCP) tendrá que disponer de medidas especiales para atender la coyuntura. En otras palabras, si actualmente no hay disponibilidad de dinero en las condiciones que se requieren para hacer las inversiones que piden las autoridades, esas mismas autoridades tienen entre manos las posibles soluciones.
Entonces, el Gobierno tiene que hacer que el Banco Central tome las medidas que aconseja la actual coyuntura para dar mayores facilidades a la contratación de créditos que permitan hacer a buen ritmo las obras. Si no se mueve como corresponde, corren riesgo las inversiones y no habrá manera de reactivar la economía ni impulsar el gasto público.