El enfrentamiento violento entre el conductor de un vehículo y un limpiavidrios en una esquina de Asunción trajo de nuevo a colación el problema de los trabajadores informales y su presencia en las arterias capitalinas.
Si bien muchas de ellas son personas tranquilas, existe un porcentaje importante que demuestra una fuerte agresividad cuando sus servicios no son aceptados ni pagados por los que conducen vehículos. Son individuos que, según la Policía y algunos concejales, consumen alcohol y drogas no permitidas y que por ello adoptan conductas inapropiadas.
El propio comandante de la Policía Nacional se ocupó del tema y aconsejó a la ciudadanía no pagar a los cuidacoches y limpiavidrios para desalentar la proliferación de los mismos en numerosos cruces de calles y zonas de mucha concurrencia de la capital. El uniformado reconoció que debido al comportamiento violento de muchos de ellos se tienen zonas muy problemáticas, especialmente en el microcentro de Asunción, donde siempre hay denuncias contra los mismos. Reconoció que la Policía lleva presos a los denunciados, pero que luego tienen que soltarlos. Aunque reconoció que muchos de ellos tienen frondosos antecedentes policiales por hechos punibles como robos y agresiones.
Movidos por los reclamos ciudadanos, algunos concejales municipales de Asunción dijeron que pedirán al Gobierno la presencia de más efectivos policiales en los cruces considerados más conflictivos por la presencia de los informales. El pedido se hará para que se amplíe la custodia de los uniformados en la franja horaria de 18:00 a 21:00 en las zonas de mayor peligrosidad. De acuerdo con las observaciones de los ediles, existen más de media docena de cruces muy conflictivos en varios sitios del área capitalina y que requieren más presencia policial.
Los concejales que se ocuparon del tema creen que con la mayor presencia policial en las calles se logrará que los trabajadores informales tengan un comportamiento menos agresivo y puedan ser aceptados por la ciudadanía. Esto porque está demostrado que muchos de ellos son adictos a las drogas y adoptan conductas extorsivas y violentas para exigir el pago de los servicios que nadie les ha solicitado. Y por la conducta violenta que adoptan con mucha frecuencia pueden representar incluso un peligro para la seguridad de los ciudadanos.
Por el lado que se lo mire, el asunto de los limpiavidrios y cuidacoches de Asunción no representa solo un problema capitalino ni tan siquiera un asunto meramente municipal. Trabajadores de esa índole abundan en otras localidades del Área Metropolitana y en las ciudades importantes del país. Y más que una cuestión que solo necesita el concurso de efectivos policiales, es un problema de índole social y económica de mayor relevancia, que requiere una mirada mucho más abarcadora de la realidad. Los trabajadores informales que abundan especialmente en las áreas urbanas constituyen una realidad que debe ser encarada con una serie de medidas que comprendan toda su complejidad. Y por su trascendencia va mucho más allá de la preocupación municipal y constituye un asunto que compete también a la responsabilidad del Gobierno Nacional.
Así como los limpiavidrios y cuidacoches no provienen solo de la Chacarita, sino de otras localidades del Área Metropolitana, el problema no es solo cómo contenerlos, sino principalmente cómo hacer para insertarlos en el área laboral y proporcionales la oportunidad de incorporarse a la sociedad dejando la marginación en que están. Lo mismo para los adictos a las drogas, que además de ser retenidos por la Policía en sus actos violentos necesitan de urgentes procesos de recuperación que les permitan curar su mal.
Y aquí es donde, además de las municipalidades, el Estado paraguayo debe hacer frente a la situación con programas sociales y de rehabilitación eficientes que hagan posible la inserción de estas personas marginales a la sociedad nacional con todos sus derechos y obligaciones. A los adictos hay que someterlos a programas de restablecimiento integrales, así como hay que proporcionar posibilidades de formación profesional y de empleos a los trabajadores informales que hasta hoy están en la marginación social y económica.
Esa es una grave obligación que hasta hoy el Estado no ha asumido como se debe y de la que no debe sustraerse. Es hora de que enfrente esta responsabilidad con eficiencia juntamente con los diferentes municipios y las organizaciones de bien público.

