A pesar del viaje del ministro de Hacienda y del presidente del Banco Central del Paraguay (BCP) al Bra­sil la semana pasada para solucio­nar los impedimentos a las exportaciones de reales a ese país, no se ha logrado todavía destrabar las dificultades que ocasionan los bancos brasileños al no recibir su divisa desde el Paraguay. Esta situación perjudica grande­mente a los negocios paraguayos de las ciuda­des fronterizas con Brasil y se teme que hasta que los bancos brasileños vuelvan a operar normalmente pase un buen tiempo, que será muy duro para los comerciantes de nuestro país.

Como solución, los entendidos señalaron que las autoridades tendrían que establecer un protocolo de procedimiento especial para el procesamiento de divisas para los países de la Triple Frontera (Paraguay, Argentina y Brasil) a fin de garantizar su libre flujo en las zonas fronterizas y asegurar que ello no sea un problema para bancos y comerciantes.

De acuerdo con la opinión de banqueros y economistas, lo que se aconseja es estable­cer un protocolo antilavado común entre los tres países, lo que evitaría los proble­mas como los que han surgido últimamente con el Brasil, que ya no está recibiendo de Paraguay las divisas brasileñas que envía la banca paraguaya.

Este acuerdo entre los tres países sería de mucha utilidad porque todos tienen pro­blemas con el lavado de dinero y necesitan conseguir tranquilidad mediante un sis­tema unificado que sea una garantía de lim­pieza. Teniendo en cuenta las urgencias del momento, este protocolo podría acordarse primero con las autoridades y bancos brasile­ños para así darle una rápida solución al pro­blema que se está viviendo en la actualidad.

Los especialistas concuerdan en que mediante las reglas de procedimiento acepta­das por las autoridades y bancos de los países involucrados se ganará muchísimo en todo sentido, incluso cuando se hagan investiga­ciones judiciales de alto nivel como las del caso Lava Jato que se realiza actualmente en el Brasil.

Mientras tanto, en las ciudades fronterizas con el vecino país los comercios siguen con el mismo problema de no poder hacer fluida­mente negocios, ya que los turistas brasileños están acostumbrados a pagar sus transaccio­nes con reales y los comerciantes no los pue­den acumular indefinidamente hasta que se encuentre una solución.

El miércoles de la semana pasada los princi­pales responsables paraguayos de economía y finanzas estuvieron en Brasilia explicando a las autoridades de ese país los detalles de la situación y quedaron en enviar un informe especial.

El tema es que no se sabe cómo reaccionarán los brasileños ante el informe y si el levanta­miento de las restricciones se hará en forma rápida como se necesita. Se supone que las autoridades brasileñas que cumplen la fun­ción de prevención de lavado de dinero ten­drían que expedirse sobre el asunto y que solamente luego de ello podrían dar luz verde a los envíos. Aunque oficialmente las auto­ridades del vecino país dijeron que no hay prohibiciones para que Paraguay exporte los reales al Brasil, existen de hecho las trabas y justamente por ello es que los funcionarios de dicho país pidieron más información a las autoridades paraguayas.

Es más, no se descarta que las autoridades de Brasil, que no ven con buenos ojos las compras de los turistas brasileños en Paraguay, estén alentando las restricciones. Esto como parte de su política general de impedir el ingreso de mercaderías compradas en otros países y que ellas no pueden controlar en su totalidad.

Por estas razones es fundamental que las autoridades paraguayas, a través de sus orga­nismos especializados como el Banco Cen­tral, Seprelad y demás, actúen con rapidez para frenar la restricción de la exportación de divisas al Brasil y asegurar un comercio fluido entre ambos países. Por ello, además de las explicaciones que están dando a los organis­mos del vecino país, es necesario que articu­len, con la participación de la banca privada, un protocolo antilavado común a las naciones. Con ese instrumento consensuado entre los gobiernos y los bancos privados se va a garan­tizar la libre transacción de las monedas, su exportación e importación.

La vida cotidiana de la frontera, el comercio internacional, las transacciones entre unos y otros países tienen urgencias que no pueden admitir la demora.