Los técnicos en meteorología e hidrología, quienes han estudiado el fenómeno de la crecida del río Paraguay, aseguraron el martes último que el nivel del curso de agua seguirá creciendo hasta mediados de junio en los lugares críticos de mayor población como Asunción, Pilar, Alberdi y zona de Ñeem­bucú. Luego comenzará el descenso que con­tinuará en julio, agosto y más adelante.

Pero mientras tanto, los niveles pico que podrían alcanzar las aguas en las principa­les localidades señaladas prometen zozo­bra y más daño de lo que hasta ahora han causado. El pronóstico lleva a la conclusión de que a corto plazo hay que tomar medi­das para seguir haciendo frente al desas­tre y que a largo plazo se tiene que confec­cionar un plan de defensa costera como la gente para evitar en el futuro los problemas ya conocidos.

De acuerdo con los informes, a mediados de junio cuando llegue la crecida a su punto culminante, el río Paraguay podría llegar en Asunción a la altura de 7,70 metros, 14 cen­tímetros por encima de su nivel actual (7,56 metros), lo que estaría a 30 centímetros del nivel considerado como catástrofe. Esto quiere decir que actualmente está solo a 44 centímetros del pico más problemático.

En Alberdi, que actualmente se encuentra totalmente rodeada por las aguas, en dos semanas más el río estaría a 10,40 metros de altura, cuando hoy está en 9,70, lo que sig­nifica que se halla ahora a escasos centíme­tros de su nivel crítico. Señalan que esta es la localidad ribereña que está más cerca del desastre y que requeriría de más urgente socorro para que se inicien rápidamente las evacuaciones de personas de las zonas más peligrosas. El muro que protege a esta ciudad podría verse sobrepasado en pocos días más si es que el río continúa en ascenso.

En Pilar, la heroica ciudad de las inundacio­nes, la marca del río era de 8,83 el martes último y se espera que a mediados de junio el pico llegue a 9,20 metros, a 40 centímetros de la alerta roja.

Felizmente, en el Norte el nivel de las aguas ya no está subiendo y en algunos puntos ya está comenzando a descender como ocu­rre desde Bahía Negra hasta Puerto Rosa­rio. Ello implica que, si no hay nuevas lluvias en la cuenca alta, el río irá bajando en breve tiempo.

El panorama actual de las inundaciones ha llevado la tragedia hasta inicios de esta semana a alrededor de 45.000 familias, lo que implica un perjuicio para más de 220.000 personas, buen porcentaje de las cuales es menor en plena actividad escolar. Son 19.000 familias que están en varias localidades del Chaco, 14.000 en Asunción y departamento Central, en tanto que 12.000 están en Ñeem­bucú, especialmente en Pilar y Alberdi.

Para hacer frente a esta calamidad social se están movilizando organismos públicos como la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) y otros ministerios, las municipali­dades de las localidades afectadas, organis­mos religiosos y representaciones de entida­des privadas varias. Estas son las ocasiones en que la sensibilidad social es tocada por la desgracia de muchos compatriotas y surge espontánea la solidaridad, que es uno de los más hermosos sentimientos que nace del corazón humano.

Pero ni el presupuesto del Estado, ni el rigor del trabajo de las organizaciones estatales y públicas ni el solidario comportamiento de muchas organizaciones sociales son la solu­ción para esta periódica calamidad que son las inundaciones. Son una tragedia anun­ciada, pero nunca solucionada.

El único y verdadero remedio a este grave problema ambiental y social es buscar una solución permanente como la protección que se puede realizar con una adecuada defensa costera. Algo ya se ha ensayado en ese sentido en Pilar y Alberdi, donde en los últimos años se han realizado muros de con­tención del río que protegen hasta cierto punto a la población. Pero se necesita lle­varlos a más altura y hacerlos con mejor infraestructura para otorgar seguridad plena a esas localidades.

La defensa de la costa debe emprenderse también de manera definitiva en Asunción y localidades ribereñas cercanas juntamente con la construcción de viviendas para las poblaciones afectadas. Lo mismo que para las poblaciones chaqueñas, para quienes se debe buscar una solución permanente.

Es hora de dejar la improvisación y abordar de una vez por todas un resultado definitivo.

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