El gobierno de Mario Abdo Benítez está completando en este mes de mayo poco más de nueve meses de gestión con sobradas quejas en la gestión de algunos de los integrantes de su gabinete. Tal ha sido la escasa labor de algunos de sus ministros en este tiempo que fue el propio mandatario quien a inicios de este mes tuvo que levantar la voz para exigir a sus principales colaboradores que mejoren la eficiencia en sus respectivos ministerios.

Ya no solo es una percepción ciudadana, que casi siempre es la primera en sentir los efectos de una gestión insatisfecha, sino que también existe una amplia percepción en la clase política –una buena parte de ella siempre vivió blindada y alejada de la realidad que vive el país– que la marcha del actual gobierno anda a los tumbos.

El tropiezo inicial de integrar un gabinete con cuestionados nombres como el de Eduardo Petta en el estratégico Ministerio de Educación y Ciencias, un hombre que como fiscal fue bastante proactivo y como senador un tanto bullanguero, pero que no tiene la competencia para dirigir tamaña cartera, ahora se añade –ya llegando en un par de meses más al primer año de gobierno– la poca efectividad de algunos de los funcionarios elegidos. En pocas palabras, el desempeño general del Gobierno, con excepción de algunas áreas específicas, no despega. Y la percepción es que, así como van las cosas y atendiendo el panorama de crisis económica de la región, la situación no tiene visos de mejorías.

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No resulta una sorpresa, por tanto, que desde el Partido Colorado –la agrupación política de mayor peso y actualmente en el poder– se advierta de esta coyuntura y se llame a corregir rumbos. El diputado Pedro Alliana, actual titular de la Asociación Nacional Republicana (ANR), no maquilló esa realidad y calificó el manejo de algunos ministerios y entes como “flojo”. Aunque no especificó carteras o nombres, es notorio y público –ya que los medios de prensa nos hemos ocupado de hacer saber a los ciudadanos– cuáles son los entes que todavía no terminan de despegar (o aterrizar, utilizando un término más coloquial para describir a los “aéreos” de siempre).

Solo por citar un par de ellos, se puede mencionar al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones y al Ministerio de Urbanismo, dos carteras claves no solo por la naturaleza del ámbito en que desarrollan sus funciones, sino porque el buen desempeño de las mismas termina incidiendo en los grandes números de nuestra economía. Conviene recordarlo, la economía paraguaya ha ingresado este año en un período de fuerte desaceleración que ya incomoda a la administración Abdo Benítez y que se ve urgida, empujada por los pronósticos, a tomar medidas de ajustes que hagan sino revertir el menor crecimiento, al menos minimizar los efectos de la crisis regional que tiene enormes efectos en nuestro país.

Gran parte de cómo le irá al país en el segundo semestre del año requiere no solo de medidas acertadas, sino también de una voluntad política. Por ello es menester que las dos carteras mencionadas más arriba –sobre los que el Gobierno asienta sus esperanzas– ejecuten proyectos nuevos e inyecten recursos a un segmento que suele tener, afortunadamente, un efecto disparador: las obras públicas. Sobre la base de la inversión pública, que referentes del Ministerio de Hacienda señalan que oscilará entre los 800 y 900 millones de dólares, se equilibran los números a final de año, pese a los negros nubarrones que se yerguen hoy.

Teniendo la potestad absoluta que le otorga la lapicera y de evaluar a cada uno de sus colaboradores, el mandatario está a tiempo de corregir rumbos, tal como lo señaló el presidente colorado, en el ánimo justamente de enmendar aquello que no se ha hecho en forma y tomar la decisión más acertada a favor de la República.

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