Estos días pasados pudieron haber sido fructíferos para el destape de coimas y coimeros, ya que casi en simultáneo se detectó una red bien organizada de aduaneros, a la que sumó otra denuncia de sobronos en la aduana en el mismísimo aeropuerto que no se quedaba atrás en el volumen de facturación en base al contrabando, destacándose en ambos casos uno de los rubros más golpeados en el país, pese a ser fuente de trabajo de los agricultores… La información fue ampliamente difundida con los medios con algunas particularidades que vale la pena tener en cuenta: se enumeraron los productos contrabandeados y, en el caso de Aduanas, el Detave, los de los organizadores del aparato del contrabando.
Sin embargo, hubo una notable excepción que no es menor, ya que se supone que el contrabando tiene su base en los contrabandeadores o contrabandistas, quienes generalmente se asocian o compran a los funcionarios para poder actuar con eficiencia y sin riesgos.
Tomemos el caso más sonado, el del Detave, tanto por la pulcritud con que se realizaban y registraban las operaciones como por los antecedentes del “cerebro” de la operación, quien había resultado un fiasco al frente de la Fuerza de Tarea Conjunta. Junto a él, en la publicidad del operativo figuraban varios funcionarios, pero, notable y llamativamente, ningún contrabandista, al menos en las listas dadas a la publicidad en los rimeros reportes informativos.
Se podría decir que podría haber sido casual o postergado… pero no, ya sobre el desarrollo de la información aparecieron de inmediato los nombres de varios periodistas, bastante mediáticos, como para asombrar y atraer al gran público de los escándalos, lo que se produjo con inmediata puntualidad, dado el carácter mediático de los mismos; ya se sabe que el glamour de la farándula tiene cierto atractivo deslumbrante. Pasaron los días con la atención centrada en las veleidades y desmanes de los colegas, con los trascendidos de las primicias de radio so’o, las propias peleas entre colegas enfrascados en el ombligo mediático, distribuyéndose acusaciones y contraacusaciones.
Mientras tanto, los nombres de los contrabandistas, de tomates por ejemplo, que entraban por la aduana del Detave y por la del Silvio Pettirossi, con grandes denuncias en los medios por las protestas de los agricultores, pese al ñembotavy de los mercadistas y supermercadistas, permanecían en el anonimato.
No se trata de defender a los colegas cuyos nombres circulan incluso entre los propios medios, hasta con consecuencias de despidos, sino plantearnos cuál era el interés de pagar para facilitar el contrabando a comunicadores… Sin descartar su participación, para facilitar promoción, ¿No sería, por lo menos, más lógico pagar a funcionarios? Hay algún dato veraz que justifique la contratación de comunicadores en casos como este. No hay que dudar que en este país asolado por la corrupción pública y privada se compre y se venda de todo y de todos, pero no parece tan lógico.
Con el mismo fundamento cabe preguntarse si hubo algún aporte creíble sobre corruptos de la prensa, más allá del escandalete promovido con el ruido mediático, mientras siguen sin ser “promocionados” los “importadores”, algunos de los cuales con frondosos antecedentes de gigantescos cargamentos de contrabando, cuyos juicios siguen en el freezer desde tiempos remotos.
Cabe preguntarse también qué hacía ahí el famoso militar aduanero, al parecer con antecedentes públicamente conocidos y reconocidos, y no tan honrosos como para desempeñar cargo de tanta responsabilidad.
Sería bueno que las autoridades informen con mayor seriedad de casos que tanto afectan a la economía nacional, justo cuando se perfilan tiempos difíciles. Este esquema informativo es más de encubrimiento que de denuncia.

