El juicio político al contralor sirvió para demostrar aquella sabia frase “ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Históricamente, la frase hace alusión a los manicomios, es decir, que en los loqueros no están todos los que son locos ni son locos todos los que están encerrados. El tema es fácil de deducir cuando el o los que rompen la política que nos traza la Constitución, se salen fuera de las normas que pauta para adaptarla a sus deseos, es decir, los que creen que pueden hacer lo que se les antoja de acuerdo a intereses particulares, a deseos y ambiciones, a su gusto.
Vayamos a los hechos; en el Congreso había reuniones importantes a tratar, tanto el juicio al contralor como el tratamiento del nuevo sistema electoral, una amplia y constante exigencia de la ciudadanía; es decir, una tarea que nos compete a todos y que todos deberíamos respetar.
Adentro del Congreso se estaba trabajando por temas de interés nacional, afuera había unos cuantos pocos locos que estaban tratando de imponer la voluntad de unos pocos, en nombre de un “único líder”, es decir, de uno que se cree un único líder, como, en su momento, los incendiarios quisieron quemar el Congreso y lograron hacer el daño, cuya cuenta, por cierto, aun no se les ha pasado para que la paguen.
En este caso, frente al Congreso estaban unos cuantos, siguiendo el liderazgo de uno solo que estaba tratando de imponer, una vez más, su antojo, a cintarazos y todavía no a balazos, como se proclamaba en tiempos de guerra civil… pero falta poco.
El delirante egocentrismo de este personaje, que no se resigna a ser un legislador y busca el escandalete como promoción y proselitismo para cierto sector de la ciudadanía al que ciertamente le encanta el cintarazo, ese símbolo del poder “paterno” que se abolió ya el siglo pasado y que solo queda como signo de las mentes precarias totalitarias. No es extraño que sea ese el símbolo del payismo y que lo esgrima en público como arma de su razonamiento y su intención de mando.
Vale la pena recordar un olvidado cuento de Edgar Alan Poe en el que los locos son los que comandan y manejan el manicomio y los médicos los que van a parar tras las rejas.
Hay veces en que se cumplen los designios por falta de cordura. Por eso hay que tener presente el dicho: “ni son todos los que están ni, sobre todo, están todos los que son”. Enfrente del Congreso estaba Payo, haciendo lo suyo, es decir, para continuar con la comparación, haciéndose el loco, actividad que, por lo visto, le gusta a cierta gente que lo sigue y exhibió el cinto y repartió unos cuantos golpes a diestra y siniestra, lo que evidentemente a él le encanta.
Se enojó porque no se trató su proyecto, por lo visto y considerando, bastante descabellado. Y se enojó porque no lo dejaron llegar hasta el Palacio, lo que, a todas luces, aunque ande disimulando, es su máxima ambición. Lo que parece no entender es que el Palacio tiene por un período al elegido por los votantes, por lo que él debe esperar a las próximas elecciones. Es decir, para ponerlo fácil y entendible para todos, el período democrático acaba de comenzar, de acuerdo a la Constitución y a los procesos electorales y todos, al menos los que dicen hablar en pro de la democracia y acorde con la Constitución y las leyes de la República.
El resto, los que pretendan adaptar las leyes a su antojo, son golpistas, ni más ni menos, ya lo proclamen porque tienen ganas de quemar el Congreso o porque perdieron las elecciones o porque rechazaron su proyecto de reforma electoral.
En fin, ninguna razón que salga de uno o varios ciudadanos que quieren adaptar la Constitución a sus deseos, o el funcionamiento de las instituciones a sus caprichos, están, hablando mal y pronto, meando fuera del tarro.

