A pocos días de iniciadas las clases en escuelas y colegios de la República resulta ya claro que el 2019 se perfila como un año perdido más para la educación paraguaya. Las autoridades y funcionarios del Ministerio de Educación pueden jactarse de haber entregado a tiempo los kits escolares –lo que es nada más que su trabajo, por otra parte–, pero lo cierto es que nada nuevo o diferente se percibe en la actual gestión.
Hay escuelas derruidas o abandonadas por el Estado y todavía hay niños y jóvenes que dan clases bajo los árboles. El argumento de que las actuales autoridades llevan pocos meses en funciones no es válido desde el momento en que no se nota ninguna propuesta renovadora, ni en los discursos, ni en las acciones, ni en los planes a futuro.
A nuestro país le urge aumentar de manera sustancial la calidad de la educación que reciben niños y jóvenes en escuelas, colegios y universidades. Este es el verdadero golpe de timón estratégico que es preciso dar lo antes posible. Si los paraguayos seguimos demorando la revolución que necesita nuestra educación en todos los niveles estaremos condenando a nuestra propia nación a quedar definitivamente rezagada, al margen de los avances y progresos científicos y técnicos, incapaz de superar la pobreza y el atraso. Porque no existe otro camino que conduzca al crecimiento económico y al desarrollo social que la educación de calidad.
Los muchos recursos naturales de los que dispone el país –energía abundante, tierras fértiles, gran cantidad de agua dulce, clima benigno– son la materia prima para el progreso, pero no servirán de mucho sin la intervención inteligente de quienes habitamos esta tierra para lograr el máximo aprovechamiento de estas ventajas. Esto solo se consigue a través de una apuesta radical y definitiva a la educación de calidad.
Hace algunos meses, el Foro Económico Mundial emitió un informe que incluía un ranking con la ubicación de los países según la calidad de la educación. La educación primaria paraguaya –la instrucción intelectual más elemental– se encuentra según ese documento en el lugar 140, sobre los 144 que componen la lista. El estudio declara que las falencias en la formación básica constituyen un limitante en el desarrollo económico, puesto que las personas con una educación primaria deficitaria tienen grandes problemas para adaptarse a los requerimientos y técnicas de producción. La situación no mejora demasiado a nivel de la educación superior, según el informe. Paraguay se encuentra en este punto en el puesto 133.
El Foro Económico Mundial puntualiza un hecho: en cuanto a la calidad de la enseñanza de matemáticas y ciencias, la calificación de Paraguay es particularmente baja, ya que se ubica en el lugar 140. Como este existen otros muchos informes que demuestran el bajísimo nivel que tiene la educación en Paraguay. Sin miedo a fallar puede decirse que cualquier estudiante paraguayo saldría mal parado de una competencia de conocimientos y aptitudes con sus pares argentinos, brasileños, uruguayos o chilenos.
Esto es así porque todos esos países tienen una carga horaria escolar mucho mayor que la de Paraguay y dedican un porcentaje más elevado de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación. Un país de ignorantes y de mediocres jamás tendrá la menor chance de progresar y nunca accederá a una plena autonomía y dependerá siempre del conocimiento, la ciencia y la tecnología que pueda mendigar en el exterior.
Solo será verdaderamente libre una nación que coloque como prioridad la educación y la investigación científica, que premie el talento y promueva y estimule a los más capaces y que forje una ciudadanía consciente de sus derechos y obligaciones.

