Si el Paraguay no cambia su modelo actual y no aumenta su inversión en el capital humano, no formaliza su economía subterránea y el alto índice de informalidad laboral existente, no mejora la calidad de los servicios públicos y no cuida adecuadamente sus recursos naturales, no podrá mejorar su desarrollo y conseguir mejo­res logros en el futuro inmediato.

Si bien se ha logrado reducir la extrema pobreza en un 50% desde el 2003, el país cuenta con indicadores que son insuficientes como el bajo índice de capital humano.Así dice un diagnóstico del Banco Mundial, que el Paraguay ha logrado en los últimos años de gobierno una excelente estabilidad econó­mica, sosteniendo un crecimiento promedio anual del 4,7% del Producto Interno Bruto (PIB). Pero, añade, eso no basta porque para que pueda seguir desarrollándose debe vencer los obstáculos de índole social y política que se han encontrado.

Que son el alto porcentaje de informalidad de la economía, lo mismo que el fuerte índice del empleo informal, igual que la prestación ineficiente de los servicios públi­cos. A esto se les añade la negativa influencia política, además de la concentración de insu­mos, producción, exportaciones e ingresos en manos de un pequeño grupo.

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Un capítulo aparte merece el tema de la edu­cación que, según el organismo internacional, tiene una muy mala calidad. Reconoce que si bien la cantidad de capital humano aumentó debido a las tasas de matriculación más altas, los resultados del aprendizaje no han mejo­rado. Asevera que la brecha de matriculación en preescolar, educación media y educación superior entre las porciones de la sociedad con ingresos superiores y de ingresos menores sigue siendo sustancial. Por eso sugiere que el Paraguay debe reformar su sistema educativo y mejorar la capacitación de los jóvenes para afrontar con éxito las demandas cada vez más exigentes del sector empleador.

Entre las recomendaciones, señala que hay que conseguir instituciones responsables, con un fuerte estado de derecho y un mejor ambiente de negocios. Destaca que hay que mejorar los servicios públicos y preservar los recursos naturales. Y, fundamentalmente, que se tiene que reformar el sistema educa­tivo e invertir más en la capacitación de niños y jóvenes para elevar la calidad del capital humano.

Invertir más en educación no se trata solo de derramar más recursos económicos en el área, sino también de hacer el esfuerzo para mejo­rar la calidad educativa de los niños y jóvenes paraguayos. Y esto implica un esfuerzo inte­lectual, pedagógico y disciplinario impor­tante para lograr los avances que se requieren para que mejore el aprendizaje de los alumnos, cuyo bajo nivel es actualmente uno de los pun­tos flacos de la educación paraguaya.

Para lograr esto, el Banco Mundial ha suge­rido reformas que están encaminadas a for­talecer los mecanismos de asignación de fon­dos financieros a la educación pública para que los recursos respondan a las demandas y a las necesidades de los estudiantes. Tam­bién pide alentar los incentivos a los docentes para mejorar los resultados de los estudian­tes, aparte de elevar los niveles de los pla­nes de estudios y servicios de capacitación de acuerdo a las demandas del mercado.

La gran tarea que ahora le toca al Paraguay y a los paraguayos es aprovechar este diagnós­tico para empezar a trabajar en la dirección apuntada para lograr los objetivos de asegurar el desarrollo del país y el bienestar de su gente. En este emprendimiento nadie puede restar su inteligencia ni su esfuerzo porque es una responsabilidad que nos compete a todos.

En primer lugar, a las autoridades nacionales que están en sus cargos para dirigir los nego­cios del país, así como los legisladores que tie­nen que elaborar normas y disposiciones que ayuden a concretar los replanteamientos que se necesitan.

Las universidades del país tienen un papel relevante, pues con su capital intelectual deben trazar las grandes líneas para una nueva educación y para que el país invierta más en el capital humano, como se sugiere. Y luego las demás instituciones educativas, cuya función en el aprendizaje y la formación es ineludible, acompañadas por la vigilante pre­sencia de la ciudadanía en general.

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