El senador Bacchetta, presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, preopinó inoportuna e irresponsablemente, considerando su investidura de presidente del JEM, sobre la situación del procesado diputado Ulises Quintana, afirmando que era “víctima de la injusticia”, inocente como un niño de pecho, en fin, un angelito.
Tal cual indican los hechos públicamente conocidos, escandalosamente ventilados, por el propio Quintana en conversación que lo compromete más que seriamente, irreparablemente, en involucramiento en operaciones delictivas como tráfico de drogas, tráfico de influencias, etcétera, demostrando un nivel de impunidad tan alevoso como el de tratar de intervenir e influenciar en actos delictivos a pedido de un hoy procesado por vínculos con la pesada narcotraficante, una conversación que lo compromete más que seriamente, actuando además con tal prepotencia como si fuera todopoderoso, lo que demuestra su carácter más de “Padrino” mafioso que de víctima; lo que deja al senador y presidente del Jurado todopoderoso del Congreso hablando literalmente pavadas por lo que ha tenido que salir a desmentir con la famosa cantinela de “yo no dije lo que dije”, tragándose sus propios elogios al detenido, recordando tal vez, que, por cierto, el Jurado tiene antecedentes de jueces que pasaron a ser juzgados y procesados por actos de “delincuentes” más que de juzgadores. Quedando en una posición más que comprometida de cómplice y defensor de presuntos delincuentes, cuando su función debería ser, de acuerdo a las normas, la de un jurado más en la tarea de “enjuiciar”, en vez de elogiar a presuntos delincuentes y darles ánimo públicamente para que continúen con la delincuencia, tal como hizo a través de palabras de elogio y de ánimo para el procesado Quintana, un discurso de aliento para que siga en lo suyo, es decir, lo que anticipa su procesamiento, seguir con la narcopolítica delincuencial, salvo que ahora pasen a ser tales menesteres honrosa profesión digna de elogio de parte de un juez y, además, presidente de un importante juzgado en el ámbito de la vida política nacional.
La cuestión es más grave todavía porque el procesado, diputado, suspendido en sus funciones, aunque con el elegante título de “diputado con permiso” –aquí habría que formularse una pregunta fundamental: “¿Con permiso para delinquir?”–, ya que pese a su sanción o su permiso anda haciendo campaña política a todo lo que da para alcanzar la intendencia de Ciudad del Este desde su dorada y dolarada prisión con permiso de la Cámara de Diputados y, ahora, con la venia y la exaltación del presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
Es bueno destacar el hecho de que referentes del Gobierno hayan salido a desmarcarse del disparate con aroma delincuencial; y muy especialmente que lo haya hecho el ministro de Educación, dado que resulta más que alarmante que un referente de importancia en la vida pública salga a echar tales bendiciones a un procesado por el delito más destructivo y amenazante contra la juventud, como es el narcotráfico, poniendo de modelo a un procesado por vínculos más que evidentes de narcotráfico. Si bien uno de los miembros del Jurado salió ya a sentar postura en contra, es de esperar que el propio Jurado pida explicaciones a su presidente y siente una posición clara al respecto.
Ante tanta irresponsabilidad, tranquiliza un poco, aunque no mucho, que otro miembro del Jurado, Adrián Salas, haya salido a poner un poco de cordura. Es de esperar que no sea él solo, sino que el Jurado, como institución, reaccione y salga al paso, tratando de reconstituir la operación escandalosa de intento de lavado y, es más, de exaltación de un presunto criminal, elogiándolo y poniéndolo como ejemplo de la sociedad.
Es más grave todavía porque el procesado Ulises Quintana está, pese a su privación de libertad, haciendo escandalosa y costosa campaña política desde su “dorada” prisión, más que de esmeralda, de narcodólares, probablemente uno de los peores males y de la más peligrosa contaminación que acecha a nuestra política y a nuestros políticos.
El acusado y privado de su libertad, aunque parece que eso no lo limita ni un poco para que siga con sus andanzas narcopolitiqueras, está acusado de tráfico de drogas, asociación criminal, enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y tráfico de influencias, con el testimonio de la grabación en que se lo escucha mediando entre narcotraficantes y autoridades… un delito que debería estar específicamente tipificado, por provenir de una autoridad nacional, un diputado, dirigiéndose a autoridades nacionales responsables de la seguridad para torcer sus funciones.
En fin, el presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados tiene como héroe, tal cual lo expresó con elocuencia, a un posible corruptor de autoridades del orden y la legalidad. ¡En fin!, estamos ante un presidente de un juzgado de jueces que exalta al delincuente.
Un precedente, de quedar impune, más catastrófico que el propio delito del narcotráfico, pues implica su absolución y su impunidad.
Se puede hablar así de ¿víctima de la injusticia o de protegido de la impunidad?

