Terminó enero y después de cinco meses y medio de gestión las cifras que muestra el “Gobierno de la gente” sobre el desempeño de la economía no son para alegrarse. Ya se sabe que es muy pronto para evaluar una administración que está por llegar a medio año de gobierno en pocos días, pero lo importante es notar que la tendencia que va teniendo su trabajo llama la atención y es para preocuparse.
Cifras dadas a conocer por el Ministerio de Hacienda revelan que en el primer mes del nuevo año las cosas no anduvieron muy bien por diversos factores, algunos atribuibles a la coyuntura económica, pero otros decididamente causados por problemas de gestión del Gobierno. En el primer mes del año cayó la inversión física realizada por la administración central del Estado en un 34% comparado con enero del año pasado, en tanto que los ingresos fiscales tuvieron un bajón del 2,3%. Lo único que aumentaron son los gastos, que tuvieron un incremento del 20,8%, haciendo la comparación con lo que había ocurrido en enero del 2018.
La primera conclusión es que mientras las erogaciones tuvieron un incremento de casi el 21%, los ingresos disminuyeron un 2,3%. Estos fenómenos pueden explicarse por la coyuntura de que se hicieron menos importaciones y por lo tanto declinaron los ingresos aduaneros en 9,5%, aunque las recaudaciones por otros impuestos crecieron 4,1%.
Lo más resaltante en el informe de Hacienda es que las inversiones físicas sufrieron una disminución del 34%, cosa que sí es responsabilidad directa del gobierno de turno. Que la administración de Mario Abdo haya invertido en enero último solo el 66% de lo que se invirtió en enero del año pasado es para preocuparse porque son 59.000 millones de guaraníes menos que ha dejado de derramar el Estado para la realización de las obras públicas y que no ingresaron en el circuito económico, dejando de producir los efectos multiplicadores que suelen tener las inversiones.
Aunque en enero la administración central del Gobierno haya tenido un superávit del 0,1%, lo malo es que los ingresos hayan disminuido, los gastos hayan aumentado y que la inversión física haya tenido una caída tan pronunciada. Hechos que hablan muy claramente que la maquinaria del Estado está funcionando ahora peor que el año pasado, en idéntico mes, y que de ese modo no pintan nada bien los pronósticos del futuro inmediato.
Si a esto le añadimos que la caída de las inversiones del Gobierno no solo es de enero, sino que ya viene desde los últimos meses del 2018, se puede afirmar que estamos transitando por un muy peligroso camino por el que no podemos continuar.
Si el gobierno central no es capaz de realizar las inversiones físicas que se esperan de él porque tiene fondos y la responsabilidad de la conducción del país, no es demasiado lo que se puede pedir del sector privado, que tiene otros intereses.
Para peor, los indicadores desde agosto pasado hablan de una disminución de la actividad económica, lo que algunos llaman enfriamiento, que significa que las actividades productivas, así como el comercio, están creciendo menos y, en algunos casos como el consumo, están disminuyendo.
El Gobierno no está invirtiendo en obras públicas al ritmo que lo venía haciendo la administración anterior y es un dato de la realidad que hay que enfrentar. Primero, señalando el hecho y luego, presionando a las autoridades para que apuren los pasos para reactivar las obras públicas, dinamizar la construcción, generar nuevos empleos, para que haya más circulación de dinero y así mejore el consumo.
El Estado se caracteriza por ser una gran máquina de impedir, cuya burocracia lenta y anquilosada no ayuda al dinamismo. Por eso el Presidente debe dar un golpe de timón y sacudir esa estructura para apurar las inversiones que necesita el país, sino la situación del Paraguay puede empeorar y así perder todo lo que se ha ganado en estabilidad macroeconómica y bienestar de la gente en los últimos años.

