El fin de semana último, la banda criminal del Norte volvió a hacerse sentir en su zona de influencia con un nuevo ataque con el saldo de un muerto, quema de instalaciones y vehículo. El hecho se produjo a tan solo 11 kilómetros de donde hace dos semanas quemó tres avionetas, un camión y maquinaria agrícola, con la consabida violencia que lo caracteriza.
Aparte de ampliar su contabilidad criminal, con este nuevo procedimiento el grupo armado envía señales muy claras al Gobierno de que no va a cejar en su empeño de sembrar muerte y destrucción, como viene haciendo desde hace varios años. Constituye un toque de atención a las nuevas autoridades de que no pueden seguir en la pasividad actual y que deben comenzar a actuar con energía para asegurar la tranquilidad a los norteños, a quienes se ha prometido de palabra devolverles la paz y que hasta ahora no se ha podido conseguir.
Cada nuevo ataque de los supuestos guerrilleros demuestra que no existe en este momento la contención militar que un tiempo ejerció sobre ellos la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) y que les había impedido por varios meses realizar nuevos ataques. Por eso es que la seguidilla de actos violentos que se inició a mediados de noviembre pasado debe constituir para las fuerzas de seguridad un llamado para reorganizarse, establecer nuevas estrategias y redoblar el esfuerzo en el combate a la delincuencia ideologizada de la banda criminal. Aparentemente, el grupo no tiene un gran número de componentes, pero cuenta con disciplina y estrategias capaces de hacerlos muy peligrosos y efectivos en sus propósitos violentos.
En los cuatro meses que lleva al frente del país, este gobierno ha demostrado que todavía no sabe qué hacer frente a esta banda de criminales y la amenaza que representa. Ha mostrado síntomas de que todavía está desorientado ante este desafío, por lo que debe ubicarse en la realidad lo antes posible. Una muestra de ello es la ridícula presentación que hizo el ministro del Interior ante la prensa del video en que los malevos fusilaban al poblador brasileño en la estancia El Ciervo, supuestamente para sensibilizar a la gente, cuando más bien actuó como propagandista de los facinerosos.
Entre las muchas urgencias que tiene este gobierno está la de actuar con eficiencia ante el peligro que constituye esta gente violenta. Para ello, antes que nada, debe saber muy bien qué y cómo hacer porque la pasividad es muy peligrosa y de ese modo se puede hacer cómplice de la actuación de los criminales del norte. Lo peor que podría hacer el Presidente en esta materia es no hacer nada y darles rienda suelta a los violentos.
Por ello urge que, como comandante de las Fuerzas Armadas, apure a la FTC y a las demás fuerzas públicas a encarar una estrategia actualizada de acuerdo a los nuevos retos que se están presentando. La experiencia reciente demuestra que en algún momento funcionó el trabajo de contención realizado en el Norte por la FTC, por lo que durante gran parte del año que culmina este grupo criminal estuvo sin realizar ataques de ninguna laya.
Debe aprender de los errores cometidos y, sin pérdida de tiempo, encabezar la tarea de restablecer la tranquilidad para los habitantes del Norte, sin vacilaciones ni actitudes que contribuyan con los designios del enemigo. Tiene que recurrir también a las instituciones y entidades de gran peso en la sociedad para crear la conciencia de que necesitamos pacificar los espíritus y estar todos unidos, sin colores ni intereses que nos enfrenten, en la común tarea de construir una sociedad más justa, libre de violencias y rencores dolorosos.
La necesidad de que el Gobierno actúe es urgente y no es bueno seguir perdiendo el tiempo sin acciones contundentes o dando señales de desorientación o pasividad. Es su obligación y es lo que con mucha razón está esperando la ciudadanía nacional.

