El ministro de Hacienda, Benigno López, un hombre clave en la estructura del gobierno actual, dio a conocer ayer un balance de su gestión al frente de esta cartera económica. En medio de los grandes y buenos núme­ros y de las medidas adoptadas para lograr la estabilidad alcanzada, el secretario de Estado destacó la madurez de nuestra eco­nomía, que ha permitido, por ejemplo –lo puso de relieve él mismo–, la calificación otorgada recientemente por Fitch Ratings. La calificación BB+ es apenas un peldaño abajo del grado de inversión, un ámbito al cual aspiran todas las economías de la región, pero que muy pocos países –en ver­dad muy contados– han podido alcanzar. Pero ¿cómo se explica este generoso andar?

La economía paraguaya ha tenido un año medianamente óptimo y se ha mante­nido como una de las más dinámicas a nivel regional, lo cual no es poca cosa aten­diendo las turbulencias que han golpeado y siguen golpeando a los países vecinos. Estos porrazos han sido particularmente fuertes en los últimos años y han afectado a las economías más fuertes de la región, Brasil y Argentina, dos mercados que son claves para las exportaciones de nuestro país. El primero soportó una severa rece­sión entre los años 2015 y 2016; mientras que los argentinos tuvieron un año com­plicado por la volatilidad de su economía y por la fuerte depreciación del peso argen­tino. Todos estos vaivenes y sacudidas, aun­que han tenido efecto en Paraguay, no han significado un retroceso importante de los números macroeconómicos de nuestro país. De hecho, el año cierra con números altamente halagüeños y con perspectivas de crecimiento similares para los próximos años, a pesar de la anunciada ralentización que pronostican los expertos. Según cifras ofrecidas la semana pasada por el Banco Central del Paraguay (BCP), el crecimiento de nuestra economía será al cierre del 2018 del 4%, manteniéndose esta misma pers­pectiva para el 2019.

Producto precisamente de la continua esta­bilidad y el dinamismo de nuestra econo­mía, al producir una expansión a niveles significativos, fue que Fitch Ratings elevó la calificación del Paraguay al colocarle a un paso del grado de inversión. Esto se ha logrado con las medidas adoptadas en los últimos 15 años, y en especial bajo la gestión de Horacio Cartes, que entregó el poder el pasado 15 de agosto, con cifras y perspecti­vas inmejorables.

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Fitch valoró el desarrollo en cuanto a un historial de estrategias macroeconómicas prudentes y consistentes, los bajos défi­cits fiscales (o superávits) han arrojado una baja relación deuda/PIB (17% del PIB en el 2018), además de la institucionalización de la disciplina fiscal a través de la Ley de Res­ponsabilidad Fiscal, que limita el déficit a 1,5% del PIB. También las medidas adop­tadas por el BCP fueron destacadas por la calificadora internacional en cuanto a la implementación de un régimen de metas de inflación, que han permitido anclar las expectativas, resultando en una baja tasa de inflación en los últimos años.

Sin dudas que todas estas acciones han tenido un efecto positivo y que otorgan inestimables proyecciones para los próxi­mos años y más aún si se concreta el grado de inversión, que está apenas un peldaño más arriba. Es por ello que es clave que el gobierno de Abdo Benítez pueda mante­ner el buen andar de nuestra economía al margen de los vaivenes políticos. Está más que claro que las medidas económicas que puedan implementarse en un país como el nuestro están insoslayablemente unidas a un desempeño político acorde.

Las amenazas que se yerguen desde la clase política son muchas y no menos peligro­sas. Cuando se compromete el presupuesto público con promesas prebendarias de mejoras salariales por encima del tope fis­cal, es una amenaza. Cuando no se respetan los fallos de instancias judiciales y desde el Poder Legislativo se arrogan facultades que no le corresponden, se pone en riesgo así la propia institucionalidad de la Repú­blica. Todo esto representa una amenaza y de todos estos peligros la administración de Benigno López, con el compromiso firme de su hermano el mandatario, debe asu­mir para definitivamente afianzar el creci­miento económico que se mantiene alto. Si logran mantener a los políticos y sus inte­reses al margen, el país se los agradecerá, pues seguirá en la senda de la estabilidad y del bienestar.

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