Si alguien pensó que la partida de su fundador era el fin de los titulares catástrofe y faltos de verdad, a punto para “apretar”, estaba equivocado. Está claro que es genético el apego al artificio como herramienta para apuntalar sus intereses personales. La heredera camina por la misma senda, la de usar la mentira como negocio.
La posverdad –aquello que es aparentemente verdad, pero es más importante que la propia verdad– es un hábito en el Grupo Zuccolillo. Este grupo mediático desnaturaliza los principios de la convivencia humana, como son el culto a la verdad y a la honestidad, y favorece las actitudes que se valen del engaño y la mentira o de las verdades a medias para imponer sus intereses económicos.
El engaño intencionado y consciente en el Grupo Zuccolillo a través de sus medios de comunicación es histórico. Recordemos, a manera de ejemplo, el miserable papel que jugó Abc Color en el caso del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña. Se tejió una red de mentiras y medias verdes para evitar que la Justicia alcance al principal responsable del magnicidio.
El mencionado diario, sin respeto alguno por el dolor de una familia, “negó su muerte” de la manera atroz como ocurrió, instalando una leyenda sobre la respetable memoria de un difunto, que con sus luces y sus sombras fue protagónico para la historia de nuestro país. Aun cuando la Justicia demostró luego la operación del magnicidio, jamás se retractó de sus patrañas.
La fórmula de la mentira “Z” continúa activa tras la muerte del fundador de Abc Color a través de su heredera. En este esquema, Horacio Cartes es la nueva sombra de los intereses particulares de los Zuccolillo, por lo que se vuelve en el objetivo de su perversión.
El último descaro “Z”, en medio de la desesperación por el desplome de su posverdad, fue acudir a una afirmación que pasó de ridícula a bochornosa por la clara falta de rigor y la notoria irresponsabilidad con la que fue redactada. En titular a seis columnas y sin ninguna fuente seria que respalde la información, afirmaron que al ex presidente Horacio Cartes se le retiró la visa para ingresar a Estados Unidos.
Se podría incluso reconocer que durante el imperio de Zuccolillo (padre) la alevosía estaba levemente menos desnuda, aunque en materia de prepotencia para el uso del medio sin importar el perjuicio que se ocasione, compiten hábilmente el fundador con la sucesora.
La libertad de prensa y de expresión son los pilares fundamentales de la democracia y son derechos que deben ser honrados con el apego a la verdad. El Grupo Zuccolillo se jacta de ser defensor de estos derechos. Sin embargo, el ejercicio diario lo pone en punto opuesto, en el del terrorismo mediático y económico.
Las consecuencias de las mentiras “Z” están a la vista. En el caso de la comisión bicameral de investigación, la ciudadanía tiene claro que el objetivo de este grupo de parlamentarios no es obtener la verdad de los hechos, sino inculpar a como dé lugar a un ex presidente de la República en supuestos hechos ilícitos. Para la gente está claro que este colegiado de parlamentarios ejerce la función de inquisidores y que su presidente responde a intereses políticos particulares, alineados con los intereses “Z”.
El público mira con total escepticismo la demagogia y el populismo mediático-político que el Grupo Zuccolillo intenta imponer sobre la gente. Creando una agenda donde sus enemigos políticos eventuales son los villanos y sus amigos políticos eventuales son ángeles celestiales.
Pero también la sociedad paraguaya, más que nunca, tiene clara la necesidad de retomar la práctica de la honestidad y la verdad, que son principios y normas fundamentales para nuestra sociedad. A la vez, rechaza y condena el engaño y la mentira que en su historia de vida facilitó la vigencia de regímenes autoritarios y corruptos así como la práctica en sus empresas de alcanzar el máximo lucro sin reparar en los medios utilizados para obtenerlo.
Si en el pasado se cazaban obras públicas mediante el apriete mediático, hoy se obtienen licencias radiofónicas coordinando agendas con el nuevo gobierno. Lamentable. La democracia y el periodismo salen perdiendo.