En las últimas semanas, los más diver­sos sectores de la actividad económica del país se han puesto a señalar con énfasis que la economía paraguaya se está ralentizando, lo que prende una luz de alarma para todos. Y tanto productores agríco­las, pecuarios, industriales, como representan­tes del comercio y servicios, unánimemente se han puesto de acuerdo y reclamado la urgente necesidad de que se tomen rápidas medidas para contrarrestar el fenómeno y revertir la tendencia.

Sin importar banderías políticas ni posiciones ideológicas, los más diversos grupos que traba­jan en el país han destacado que es urgente que el Gobierno Nacional tome conciencia de la situa­ción y comience a actuar en consecuencia. No piden ningún milagro, sino simplemente que las autoridades realicen su tarea de gestionar para contrarrestar los problemas y solucionarlos en el plazo más breve posible, con una fuerte reactiva­ción de la economía en todos los ámbitos.

Al llamado hecho por la Cámara de Anunciantes del Paraguay (CAP) de combatir el contrabando y la ilegalidad para dar chance a los negocios legales, se sumó la Unión Industrial Paraguaya (UIP) que pidió la defensa de la producción nacional que se ve atacada por el ingreso de mer­caderías ilegales y que se incentive la inversión tanto pública como privada. También hizo lo propio la Cámara Nacional de Comercio y Servi­cios del Paraguay (CNCSP), que aparte de opo­nerse a cualquier posible aumento de impuestos, pidió un claro combate a la corrupción pública, que haya mayor eficiencia en el gasto público y que se hagan inversiones.

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Ahora se ha sumado la Feprinco, el máximo organismo empresarial que agrupa a todos los gremios, que ha llamado la atención por el enfriamiento de la economía y pidió una urgente política económica para contrarrestar el momento. Su presidente ha urgido a las auto­ridades nacionales la toma de medidas anticícli­cas, que significa que el Gobierno debe interve­nir con acciones concretas para minimizar los efectos recesivos y lograr que se pueda reactivar la actividad económica que se está resintiendo.

Propuso adoptar con urgencia la aceleración de la inversión pública mediante la dinamización de las obras de infraestructura, que tan buen resultado ha dado al país durante la adminis­tración anterior. También pidió que se amplíe la base tributaria, lo que quiere decir que se cobre impuesto a esa gran porción de contribuyen­tes que hasta hoy forma parte de alrededor del 40% de la economía que está en la informalidad, tanto personas físicas como empresas.

Uno de los pedidos es que se disminuya el gasto rígido, mejorando la calidad de las erogaciones de dinero que hace el Estado en asuntos impro­ductivos como los salarios públicos. Porque si el Gobierno destina el 76% del presupuesto público a los gastos rígidos, solo resta apenas el 24% para realizar inversiones, lo que se considera muy escaso para mover la economía de una nación.

El Paraguay que trabaja, produce y paga sus impuestos está seriamente preocupado por los síntomas de una enfermedad que nos amenaza a todos. Por lo que lo primero que ha hecho es llamar seriamente la atención a las autoridades nacionales para que abran los ojos a la realidad.

El señor presidente de la República no puede desconocer lo que han señalado los gremios y especialistas de la economía. Debe poner a su equipo a trabajar rápidamente para realizar un diagnóstico acertado de la situación que nos aqueja. Que se elabore con urgencia un plan de trabajo y se comience lo más rápido posible a tomar las medidas señaladas como las más apro­piadas para mitigar el mal momento y reactivar el ritmo de la economía.

El Estado debe apurar el aumento de sus inver­siones en la infraestructura para que los efectos multiplicadores que tendrán se noten enseguida. Debe perseguir a los contrabandistas y a los eva­sores para que se incrementen las recaudaciones y así tener más fondos para seguir invirtiendo en más obras. Y reducir los gastos improductivos para utilizar más porcentaje del presupuesto en mayor cantidad de inversiones.

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