Las medidas drásticas de desmantelar los privilegios de los presos reclui­dos en celdas conocidas como vip en la jerga popular, por razones obvias y porque ya eran de público conocimiento, más que tendientes a destapar y castigar el crimen de la joven Lidia Meza Burgos en manos del salvaje narco apodado Piloto, parecen parte de un show para tapar el escándalo del cri­men, destapando los privilegios de los pode­rosos y millonarios presos narcos; es correcta la medida correctiva, ya que no tienen por qué gozar de privilegios como venían gozando hasta ahora, ni mucho menos tener al alcance sus recursos millonarios mal habidos con los cuales pueden “sobornar, cohechar” a policías, funcionarios, jueces… y no paremos de con­tar… como venían haciendo; de ahí su resisten­cia a abandonar la “dorada y placentera” cárcel paraguaya.

Pero en este momento, ese no era el quid de la cuestión, sino la parafernalia carnava­lesca para desviar, cabe sospechar, el atroz asesinato de una joven ciudadana paraguaya, cometido con total impunidad pese a estar “voluntariamente” de visitante en una cár­cel –más o menos seria–. No por ello pierde sus derechos, ni la fama del delincuente ni la parafernalia de los narcos justifican el rele­vamiento del crimen a segundo plano, ni se mitiga la ferocidad del crimen y su contra­parte, la impunidad absoluta para cometerlo en un local de prisión de “seguridad”, sea o no sea cárcel, tenga o no tenga habitación vip, donde la ciudadana tiene que gozar de todas las garantías; este punto, tratándose el ase­sino de un criminal feroz, desesperado por evitar su extradición y buscando todas las posibilidades para evitar perder sus privile­gios siendo extraditado al Brasil es capital porque hacen del crimen no un hecho even­tual o casual, sino una acción con premedita­ción que, sin duda, no podría llevarse a cabo sin negligencia o complicidad de los custo­dios de la prisión que, como ya se dice popu­larmente, no es prisión…

El asesinato de la joven no fue por falta de leyes ni por falta de custodios policiales, que estaban ahí, pero en vez de custodiando, como los célebres monos, tenían taponados los ojos, los oídos y la boca como para no haber escuchado los gritos de la víctima. ¡Hasta una abogada que estaba de visita en la prisión llegó a escuchar lejanos lamentos!

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Para salir de las “internas” que nos llevan aquí a justificar los actos de los que están con noso­tros y condenar los de quienes no están con nosotros, vale la pena trascribir un párrafo del extenso artículo del diario El País para ver cómo nos ven fuera de las trifulcas internas, es decir, una mirada, despojada de nuestras internas, sobre el salvaje y bárbaro crimen de “Piloto” que, obviamente, no pudo suce­der sin complicidades: “Los narcos brasile­ños también matan en Paraguay; sus cóm­plices armados habían intentado sacarle de prisión al menos dos veces. La última, con un plan de película que pasaba por explotar un coche bomba frente a la puerta del presidio y que se saldó con la muerte de tres supuestos miembros de la organización criminal, aba­tidos a tiros por la Policía paraguaya.

Lo que fuera con tal de evitar su extradición a Bra­sil, donde el Comando Vermelho vive en gue­rra con el Primer Comando Capital (PCC), su facción rival. Una sangrienta pelea que ya ha extendido sus tentáculos hasta Paraguay: mientras el Poder Judicial demoraba el pro­ceso de extradición del narco –iniciado hace 11 meses–, las muertes se iban sucediendo en el país vecino como si de plagas bíblicas con acento brasileño se tratase. Primero, el plan del coche bomba y el fuego cruzado entre agentes y narcotraficantes.

Después, la muerte a manos de sicarios de la abogada argentina Laura Casuso, que representaba a Pinheiro y que antes había trabajado con el ya mítico –y también extraditado– narcotra­ficante brasileño Jarvis Chimenes Pavão. Y, por último, el asesinato a manos del propio Marcelo ‘Piloto’ de la joven Lidia Meza, para­guaya de origen humilde que fue enterrada el domingo sin ceremonias ni apoyo guber­namental. Diez horas después del crimen, el narco era finalmente expulsado –por sor­presa– en plena madrugada y bajo fuertes medidas de seguridad”.

La cadena de negligencias y corrupción que permitió que un prisionero de alto riesgo recibiera visitas privadas es la misma que a comienzos de mes le permitió ofrecer una insólita rueda de prensa dentro de una cár­cel que no es tal, según reconoció el Gobierno paraguayo tras el asesinato de la joven. Hasta aquí un fragmento de la crónica vista desde afuera.

Ahora solo cabe esperar que la investigación para esclarecer los hechos se concentre en los hechos, criminalmente hablando, para escla­recer y castigar complicidades.

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