Esta semana se estudiarán en el Con­greso varios proyectos de ley de gran trascendencia para el país, por lo que conviene prestarles atención y lla­mar a la reflexión sobre algunas propuestas que pueden ser negativas para el desarrollo del país.

Mañana miércoles, la Cámara de Diputados deberá comenzar a analizar el Presupuesto General de la Nación del 2019 con dictamen de la Comisión Bicameral de Presupuesto. Habrá que ver si en la cámara respetan los montos globales del proyecto remitido por el Ejecutivo y que en la Bicameral recibió el visto bueno. Porque el tema de fondo es que el plan de gas­tos no puede sobrepasar el 1,5% del déficit fis­cal establecido por la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF) ante la gran cantidad de pedidos de aumento de gastos corrientes, en especial de subas salariales de diversos estamentos del sector público.

Existe el temor de que se acep­ten los incrementos de gastos sin prever la con­trapartida de alza en las recaudaciones fiscales con que financiarlos y el saldo negativo crezca por encima de lo establecido por la ley.

En el Senado se estudiará un paquete de aumentos impositivos que promete polémica por su incidencia negativa. Algunos senado­res quieren crear un impuesto a las exporta­ciones de soja con una tasa del 10%, aumentar el porcentaje del impuesto al tabaco a una tasa de entre 30 al 40%, un incremento del tributo a las bebidas alcohólicas que oscila entre el 50 al 100% y la aplicación de un impuesto a las bebi­das azucaradas del 20%.

El impuesto del 10% a las exportaciones de soja ya se había estudiado en el pasado y había recibido una aprobación inicial, pero poste­riormente no corrió. Es un tributo muy ten­tador para los recaudadores porque, teniendo en cuenta que la soja es nuestro principal pro­ducto de venta al exterior, podría generar una buena recaudación anual para un fisco muy necesitado de recursos. Pero se estaría casti­gando a un sector que genera miles de millo­nes de dólares al país mediante sus opera­ciones, por lo que hay reservas para darle vía libre. Habitualmente, los países incentivan sus exportaciones con regalías antes que castigar­las con tributos.

La propuesta de alzar el impuesto al tabaco, que iría a un 30 al 40%, inquieta al sector taba­calero y a la ciudadanía porque es uno de los que mejor tributan y que dan mucha mano de obra, tanto en el campo como en las industrias.

El incremento del tributo a las bebidas alcohó­licas, que oscilaría entre el 50% como mínimo y el 100% como máximo, según el contenido alcohólico, tiene sus partidarios en el Con­greso.

El 20% de incremento impositivo a las bebi­das azucaradas es otra de las alternativas que estudia el Senado para aumentar las recauda­ciones y sancionar el consumo de productos con azúcar.

La creación de nuevos impuestos o el aumento de tasas de los ya existentes es impopular. Es una carga que, excepto en un caso, van a tener que pagar los consumidores finales, quie­nes ya son los que abonan de hecho el IVA y el Impuesto Selectivo al Consumo. En el caso del tributo a la exportación de soja, es un tema vidrioso, pues es un producto cuyo precio está siempre a merced de los vaivenes del mercado internacional y no sería recomendable matar la gallina de los huevos de oro.

Los legisladores deben evaluar muy bien los proyectos de ley en estudio para no castigar a los que producen bienes, dan empleo, tribu­tan y generan divisas para el país. Tendrían que esforzarse junto con el Ejecutivo a que se combata la informalidad y se pueda disminuir la evasión impositiva para elevar las recauda­ciones del fisco sin penalizar a los que ya están pagando sus impuestos, como se pretende hacer ahora.

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