Este diario ha publicado en su edición de ayer la exhortación del presidente del Consejo Judío Latinoamericano (CJL), Adrián Werthein, que literal­mente ha pedido al gobierno paraguayo que mantenga el camino de las relaciones de amis­tad con Israel, que han sido históricas desde la creación del Estado de Israel, en 1948.

Las palabras del dirigente entrevistado por el corresponsal de La Nación en Buenos Aires no son la opinión de cualquier persona sin relevancia. Representan el pensamiento y el pedido del líder de organizaciones de todo el subcontinente, ya que el Consejo Judío Lati­noamericano es la organización internacio­nal que reúne y representa a las comunidades y organizaciones judías de la región, que es la sección regional del Congreso Judío Mundial. Este congreso, a su vez, agrupa a más de 100 comunidades de todo el mundo y actúa como brazo diplomático del pueblo judío con los gobiernos de los países y organizaciones inter­nacionales de todo el planeta.

En otras palabras, el pedido realizado al Gobierno de Mario Abdo Benítez por el diri­gente latinoamericano es la solicitud de los judíos de Latinoamérica y puede considerarse también, de algún modo, como la inquietud del pueblo de Israel.

Por otro lado, recientemente el jefe de la diplo­macia paraguaya ha dicho que las relaciones del Gobierno paraguayo con el Estado de Israel son normales y dio a entender que se está bus­cando mejorar ese vínculo. Esto lo ha afir­mado cuando los periodistas le preguntaron por la actitud asumida por Israel de levantar la embajada de esa nación en Paraguay y de con­gelar las cooperaciones que tenía con nuestro país, como reacción a la decisión del Gobierno paraguayo de mudar la embajada paraguaya de Jerusalén.

En honor a la verdad, no se puede afirmar que los vínculos diplomáticos con el Estado de Israel son ahora normales, pues si así fuera no hubiera cerrado su embajada en Asunción ni habría cortado los proyectos de cooperación existentes. Más bien parece una expresión de deseos del jefe de la diplomacia.

Lastimosamente, no hay señales visibles de que el gobierno de Mario Abdo Benítez esté procurando acercarse al Estado de Israel, por­que en las últimas semanas hemos sido testi­gos más bien de actitudes contrarias al acerca­miento.

Hace un mes atrás, con ocasión de la última Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, ni el Presidente ni el canciller de Paraguay contactaron con autoridades israe­litas, también presentes en esa gran cumbre mundial. Y no se tiene noticia de que lo hayan hecho diplomáticos de nuestro país. De modo que no consta, por lo menos públicamente, que las autoridades de nuestro país estén tratando de consolidar sus vínculos con los de Israel.

Se ha tenido conocimiento de hechos y gestos más bien contrarios, de alejamiento progresivo de nuestro tradicional aliado israelí, al procu­rar el acercamiento y la amistad de los antiis­raelitas y países que están en pugna con esa nación. Lo que pone en tela de juicio las aseve­raciones hechas por el canciller a los medios.

En las últimas semanas de su corta historia, el Gobierno ha estado cortejando a los paí­ses y grupos que están en pugna con Jerusa­lén, como los palestinos, algunos países árabes e Irán y Turquía, naciones conocidas por su posición antisemita. Tanto que el primer jefe de Estado que pisó el Paraguay en el gobierno de Mario Abdo ha sido el emir de Qatar, acu­sado por Arabia Saudita y otros países de la región de dar apoyo al terrorismo.

Es hora de que el Gobierno Nacional recapa­cite, reconozca sus errores y los enmiende. Que vaya cultivando mayores y mejores vínculos de amistad y cooperación con uno de los países que ha sido y es nuestro amigo de siempre y que ha prestado por tantos años su apoyo econó­mico y ayuda tecnológica, que es Israel.

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