Siempre al hablar de la problemática de salud pública mencionamos diferentes patologías como las causantes de la mayor cantidad de muertes en el país. Hablamos de enferme­dades prevenibles, de la importancia de proteger la salud de las madres y sus hijos pequeños tomando todo tipo de cuidados, lo que ha contribuido a dismi­nuir considerablemente los índices negativos que por muchos años tuvo nuestro país. También podemos decir con orgullo y responsabilidad que enfermeda­des transmisibles como el sarampión están ausentes de nuestra geografía gracias a las campañas de vacu­nación y la responsabilidad de quienes las llevan a cabo con responsabilidad y dedicación.

Citando apenas esos dos ejemplos y teniendo pre­sentes otras campañas exitosas como las destinadasa informar y prevenir la diabetes, impulsar el cui­dado del corazón y la salud en general, con alimen­tación adecuada y controles periódicos, podríamos decir que estamos por buen camino en el sentido de poner en alerta a la población sobre la importan­cia de los cuidados y la responsabilidad individual y de la comunidad en el objetivo de vivir mejor. Pero, del otro lado de la moneda, hay una realidad que nos interpela como sociedad y nosdebería preocupar, tanto o más que los niveles de colesterol o la periodi­cidad de los controles maternos. Estas son las alar­mantes cifras de fallecidos y lesionados en siniestros viales ocurridos en las rutas nacionales.

Según lo informado días pasados por la Agencia Nacional de Transporte y Seguridad Vial (ANTSV), 1.200personas fallecen al año en las rutas nacio­nales y solo en el último año hubo 62.000 personas lesionadas en accidentes. Traducido más sencilla­mente (y dolorosamente), unas 7 personaspor hora en el país sufren algún tipo de lesiones, desde las más graves a las leves. Si la cuenta la realizamos teniendo en cuenta lacifra por día, nada menos que 170 per­sonas son las accidentadas en el país en tan solo 24 horas. De acuerdo a cifrasoficiales, provenientes de la dirección mencionada, desde el 2008se mantiene ese terrible y nefasto promedio que lleva a losespe­cialistas a esperar por lo menos 3 fallecidos por día enaccidentes viales en el país.

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Una verdadera epidemia que mata a másde mil per­sonas por año y deja con secuelas, algunas muy gra­ves, a por lo menos 62.000. Y si agregamos a esta lúgubre estadística la certeza de que por lo menos 300 de ellas quedanpostradas o con graves secuelas, además de ser personas jóvenes,en plena edad pro­ductiva y que muchas veces se convierten de lanoche a la mañana, sin que medie una enfermedad grave o noprevenible, en una carga que afecta a la familia en lo económico yafectivo, provocando crisis profun­das y dolorosas situaciones.

Lo que nos debe quedar claro es que laenorme mayo­ría de estos siniestros es perfectamente prevenible. Es decir, ocurre porque alguien comete impruden­cias al volante de cualquier tipo de vehículo, desde las motocicletashasta los de gran porte, que tienen consecuencias tanto sobre símismos como contra los demás.

Las causas son múltiples y todas prevenibles, como el consumo de alcohol y otras sustancias, perotambién tienen mucho que ver las habilidades reales de las personas que conducen todo tipo de vehículos. Los adelantamientos indebidos –una de las causas más comunes en accidentes en ruta– songeneralmente consecuencia de una supina ignorancia de las reglas más básicas de tránsito y desconocimiento o desinte­rés de las señales de advertencia, como los carteles de velocidad máxima queparecen “adornar” las orillas de rutas, como la nueva Costanera, donde el cartel de “Velocidad máxima 50 km/h” es un adorno al que la gran mayoría pasa sin mirar.

O, peor aún, mira y no obedece. Y eso se multiplica por cientos cuando se establecen datos sobre los motociclistas que mane­jan sin casco. Según responsables de Licencias de Conducir y Antecedentes de Tránsito de la ANTSV, solo el 20% de ellos lo usan y los demás creen que es un “vyrorei” y que la exigencia por parte de las auto­ridades es más una “argelería” que una medida de cuidado de sus propias vidas y las de sus acompañan­tes, que más de una vez son familiares cercanos.

Según la misma fuente, de los 1.200 fallecidos más de la mitad son motociclistas y de ellos el 80%sufre lesiones craneoencefálicas (de cabeza) por no usar el casco.

La necesidad de un cambio cultural en la gente de todas las edades, favoreciendo un control mucho másefectivo, tal vez con más personas en calle con­trolando a toda hora, además de fuertes multas por las faltas, pueden ser unpaliativo a la “audacia extrema” de las personas de todas las edades, pero es importante comprender que los cambios culturales suelen venir como consecuencia de haber llegado con el mensaje deprevención a la niñez y adolescencia, etapas en las que las personas incorporan normas de conductas que llevan consigo toda la vida y, sobre todo, ayudan en la tarea de concienciar a los mayores de sus familias y hasta convertirse en valiosos agen­tes decambio.

Por ello, es muy importante que, además de ense­ñar y practicar las materias básicas y valiosas para la formación integral de los niños en edad escolar, se incluya el conocimiento y las prácticas de la edu­cación vial para que las terribles cifras que enlutan al país cada año puedan ser un mal recuerdo en un futuro no muy lejano.

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