Con radiante sonrisa y gesto triunfal de haber ganado un partido de fútbol con una dudosa e inesperada decisión arbitral en el minuto 90, el flamante “senador” liberal Abel González declaró haber sido elegido y, habría que añadir, ungido… “por suerte”. Estaba claro que por “votos” no fue elegido, así que había que buscarle una salida elegante a la aberración política”, desplazando a los que tenían más votos, de acuerdo a la ley electoral y a la proclamación de la Justicia Electoral, de acuerdo al mandato constitucional democrático de consagrar como único elector el voto de la mayoría.
En estos días de sorpresas legislativas, otra “senadora” sin votos y sin proclamación por la Justicia Electoral, Mirta Gusinky, de cada vez más frágil memoria, volvió a reciclar el único argumento político que esgrimió a lo largo de su breve carrera política: reclamar bombas contra el EPP, olvidándose que pocos días antes había sido proclamada senadora por el senador Fernando Lugo, en usurpación de funciones, a quien ella calificó reiteradamente de ser el padre del EPP… y ahora padre de su proclamación mbaretépe, en este caso, así que casi hermanos del mismo padre; aun más grave que en el de su suertudo par liberal porque Lugo ni siquiera se tomó la molestia de hacer votar al Senado. Fueron él solo y el silencio cómplice del resto de los senadores y del nuevo presidente del Congreso los que ungieron a la senadora.
Y, por si faltara poco, el senador guaireño que, ignorante de la sabiduría de los gua’i de hacer al revés las cosas que el resto de los paraguayos creemos que son al derecho, renunció a su cargo de gobernador en ejercicio y luego quiso asumirlo, quien hizo su primera aparición triunfal como senador trucho, también por el Trucho Tribunal Electoral de Lugo, de presentar una denuncia perimida contra el senador Cartes, cuyo escaño ocupa ilegalmente, pese a haber reconocido que si se le permitían jurar al ex presidente, como correspondería, entregaría la banca que le correspondía y que está usurpando. Ahora, no hay mal que no se contagie y se convierta en epidemia, ya que quiere, con anuencia presidencial, “rematarlo” para seguir en el cargo.
De seguir así, la balanza de esta Astrea un tanto mareada en esta democracia reinventada habrá que acostumbrarse al posible reinado de senadores truchos armando mayorías y hasta marcando las pautas del Congreso con su propia mayoría.
Así que tenemos un Senado donde empiezan peligrosamente a predominar los senadores truchos, “con suerte” y sin votos, es decir la vigencia de facto de la ley del mbarete, que no está establecida ni en la Constitución ni en la Justicia Electoral.
No es casual que en este momento se haya puesto sobre el tapete el amago de realizar una Constituyente, convertida luego de cierto revuelo en un amago de renovar la legislación electoral y, de nuevo ahora, en una especie de revisión electoral con visos de Constituyente.
No cabe la menor duda de que es justo y necesario que se actualice la Justicia Electoral, siempre y cuando no se pierdan de vista los reclamos de la ciudadanía, que comienzan por cuestionar las listas sábanas, bajo las cuales se esconden con frecuencia los fantasmas políticos que estamos viendo renacer, sin respeto a la Constitución que consagra en su encabezamiento: artículo 2 “En la República del Paraguay la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce conforme con lo dispuesto en esta Constitución; y 3, “El pueblo ejerce el poder público por medio del sufragio”.
Son dos mandatos claros y claves que, como se puede ver con la lista de violaciones, no se están respetando.
Tanto si se quiere renovar la ley electoral, cuya actualización es necesaria, como si se quiere reformar la Constitución, que sin lugar a dudas requiere aclaraciones y precisiones, hay que comenzar por el principio: el respeto a las leyes vigentes. Si no respetamos lo que ha permitido pasar de un Estado dictatorial a un Estado democrático, cabe preguntarse si estamos dispuestos a una Convención Constituyente, como la que hizo posible que nuestra democracia funcionara, bastante mejor, por cierto, que como estamos funcionando ahora, en que de nuevo va cobrando peligrosamente vigencia la ley del mbarete.

