La Cancillería Nacional ha seña­lado ayer que trasladaría de nuevo a Tel Aviv la embajada paraguaya en Israel reinaugurada reciente­mente en la capital de dicho país, Jerusalén. El hecho ha provocado la inmediata reac­ción del Gobierno israelí de anunciar el cie­rre de su representación diplomática en el Paraguay. El comunicado señala que Israel ve con “gran gravedad la excepcional deci­sión de Paraguay, que enturbiará las rela­ciones entre ambos países”. Con lo cual el gobierno de Mario Abdo Benítez ha creado impensadamente no solo un conflicto diplomático, sino que ha protagonizado un gran papelón internacional.

El lunes 21 de mayo del 2018, el Paraguay había reabierto su embajada en la antigua e histórica capital de Israel, Jerusalén, la ciudad asiento del gobierno, que es sede de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judi­cial de ese país. Lo hizo por el inocultable cariño y la admiración que siente nuestro país por esa noble y valiente nación, que se funda en valores y principios que compar­ten Paraguay e Israel, como lo había dicho en esa ocasión el entonces presidente Hora­cio Cartes.

La decisión paraguaya de reabrir su emba­jada en Jerusalén donde estuvo hasta el 2012 había sido muy bien recibida por el gobierno de ese país por su alto significado político y afectivo. Por ello, en el acto de reapertura, el primer ministro israelí Ben­jamín Netanyahu había dicho que era un gran día para la amistad de ambos países y transmitió la gratitud de su pueblo al Para­guay por haber ayudado a los judíos que escaparon de la Alemania nazi.

Ahora, súbitamente, sin motivos valede­ros, la Cancillería hizo el anuncio de que la representación diplomática paraguaya vol­verá a la ciudad de Tel Aviv, puerto israelí sobre el Mediterráneo que no es la capital de ese país. La abrupta decisión ha dejado atónitos a muchos por lo que ha sido califi­cada como una equivocación internacional a menos de un mes de haber comenzado el nuevo gobierno.

Al margen de los motivos que haya tenido la Cancillería para esa inexplicable determi­nación, existe en ella una inocultable acti­tud infantil de deshacer lo que otros han hecho por el mero prurito de rechazar todo lo anterior, como si por ello fuera malo.

Ahora con la comunicación de las autorida­des israelíes de que cerrarán su embajada en nuestro país se ha configurado un con­flicto ocasionado por la actitud del nuevo gobierno paraguayo, que puede tener todo el derecho de cambiar su embajada a otro lugar, pero que no puede adoptar actitu­des inamistosas sin que se produzcan roces como el que ha ocasionado. El error no solo es evidente sino lamentable.

Israel es uno de los grandes compradores de carne premium y otros productos del Para­guay. Tanto que el 40% de la carne vacuna consumida en ese país es de origen para­guayo. Este año, solo hasta principios de mayo, nuestro país ya había exportado por 40 millones de dólares y se esperaba llegar a fin de año a cifras cercanas a los 190 millo­nes, como ocurrió en el 2013. Por otro lado, tiene numerosos programas técnicos de cooperación que favorecen enormemente a nuestro país, sea en el campo de la agricul­tura con sistemas de riego o en el campo de la tecnología, que pueden verse dificultados por la situación que se ha planteado ahora.

La actitud asumida por el Gobierno al adoptar una decisión equivocada en su polí­tica exterior, como ésta, se puede calificar simplemente como un lamentable ridículo. Evidentemente, una nación que tiene tan­tos programas de cooperación que favore­cen al Paraguay y que ostenta fuertes lazos comerciales con nuestro país no se merece un agravio como el señalado. Son actitu­des que necesariamente suelen provocar la incomodidad o la ofensa de los amigos.