Hasta el momento, el único que ha opinado sobre el nuevo megaaparato oficial de comunicación fuera del que aparece como beneficiario –del próximo nuevo megaaparato oficial que plantea el gobierno entrante, el “Micotic”–, es decir, Alejandro Peralta Vierci, es Arnaldo Samaniego, quien además es el que aparece como proyectista principal y el único que da la cara; pero este tampoco ha sabido explicar los beneficios que puede tener este proyecto de monopolio estatal de la comunicación, con rango de ministerio que agrupa toda la comunicación pública, poniendo para más su administración en manos de un empresario privado, funcionario por décadas de un cuestionado holding de comunicación, con gran participación, mal disimulada, en las actividades políticas partidarias.

Lo único que queda claro, dentro del oscuro mensaje que se transmite, es que la Conatel, que ha funcionado como una institución ágil, por su carácter independiente, ahora será absorbida por el aparato oficial, perdiendo su independencia y quedando a merced del ejecutivo, y administrado por uno de los “jugadores” de la dinámica comunicacional privada, un casamiento entre público y privado más que sospechoso y, sobre todo, peligroso.

El otro solitario opinante favorable al megaministerio fue Carmelo Rugilo, quien fuera titular de Conatel, durante el gobierno de Duarte frutos, y de cuestionada actuación “oficialista”, es decir, política, en la administración de la comunicación, cuando se distribuyeron licencias direccionadas a políticos oficialistas más que a comunicadores, por lo que no es extraño que haya declarado, para el diario Última Hora, cabeza visible del holding Vierci, que la “gente ve fantasmas sin saber lo que dice”. Evidentemente, no son fantasmas, sino como se planteó en la reunión de Cerneco, Conatel ha sido un ente independiente y va a dejar de serlo en las nuevas condiciones.

En su reunión con Cerneco, Peralta Vierci no aclaró esos temores, no dio ninguna razón de peso para justificar la creación de una nueva institución, y mucho menos para armar un megaaparato, pesado y sin agilidad, dependiente del Ejecutivo mayormente controlada por el Ejecutivo y con un ministro parte de intereses particulares dentro de la competencia en el ámbito nacional privado de las comunicaciones.

La primera aparición pública del megaministerio fue la propia audiencia pública en la que Samaniego no supo explicar bien de qué se estaba hablando, ni aclarar, cuál es el quid de la cuestión, por qué hace falta un aparato monopólico, justamente de la comunicación, el factor más importante para mantener la comunicación abierta de una sociedad, cuya bandera debe ser la agilidad; por qué, habría que añadir con mayor preocupación, es además puesto al frente un empresario privado de larga trayectoria, no se le conoce otra, aparte de estar vinculado personalmente al presidente electo, al servicio de una megacadena de comunicación con activa participación política.

No es extraño, entonces, que en el primer encuentro importante con protagonistas de la comunicación, concretamente con el Centro de Regulación, Normas y Estudio de la Comunicación, Peralta Vierci explicara lo mismo que Rugilo, es decir, nada; pues lo que hay que aclarar es cuál es la necesidad en tiempos de democracia, y con todo lo que ha costado democratizar la información pública, armar un megaaparato comunicacional.

Dicho con claridad por el presidente de Cerneco: “Una cosa es que Conatel dependa directamente de este ministerio otra cosa es que mantenga su autonomía como lo dice la ley. En el caso de Conatel debe seguir siendo independiente, porque es un ente regulador y necesitamos que sea autárquico y autónomo”.

Una de las graves resistencias de la clase política y dirigente en esta sociedad es la costumbre al ocultismo de la actividad pública, al hermetismo de la actividad pública.

Sin dudas, uno de los logros más importantes del gobierno Cartes ha sido la democratización de la información pública, superando décadas de resistencia política a la transparencia informativa. Y en esto ha jugado un papel fundamental el desempeño de Conatel como entidad independiente.

El otro argumento, más bien un engaña bobos, es que con el nuevo aparato se pretende acortar la “brecha digital”, llegar a los lugares más remotos del país a través de la educación… la salud… recortar trámites… Justamente logros que se han venido realizado con la administración actual, como ha informado Mirian Teresita Palacios Ferreira, presidenta de la Conatel, presentando resultados de gestión, destacando un hecho palpable, que “durante el gobierno de Horacio Cartes se ha avanzado como nunca en la historia de las telecomunicaciones, con la creación de supercarreteras de la información, mediante el desarrollo de la telefonía móvil y banda ancha de internet, apoyando sectores claves como la educación, la salud, la seguridad… algunos de los puntos que, según Peralta Vierci, proponen desarrollar a partir del megaministerio burocrático.

Resulta, más que sorprendente, incongruente y disparatado cambiar todo el aparato y crear un elefante blanco para agilizar la comunicación, cuando la comunicación ha resultado ser durante estos años ágil y eficiente sin necesidad de “monopolizar el control”, respondiendo a la política de instituciones conservadoras, controladoras e ineficientes. Y, para colmo, con una cabeza que tiene intereses empresariales propios, en contradicción con la imparcialidad que debe caracterizar al sector público, creando un elefante blanco, costoso, pesado y manipulable, en su dependencia, para encorsetar la información, en vez de seguir con el proceso de democratizarla.