Un dirigente estudiantil, entrevistado por periodistas sobre su reclamo de libros de texto y su apoyo a la huelga de los docentes, fue bastante elocuente ante la pregunta del apoyo principal; los estudiantes, dijo, están en primer lugar: es obvio, ya que son el sentido de la educación, el principio y el fin; sin estudiantes, no hay educación, así de simple y de claro; es decir que para ellos, el pedido de libros es primero al de los reclamos salariales, hablando de lo más inmediato. Hablando de lo más general, en la realidad, sin embargo, lo más tristemente relevante es la huelga de los maestros, ya que el fin esencial de la educación, es decir, la educación misma, es la práctica educativa no su ausencia; que, sin embargo y pese a todo, queda de lado, ya que al no haber clases, no existe la educación; como es fácil constatar, la huelga, en nuestro medio y en esta transición tan atascada, es un fenómeno que no es excepcional, sino usual, tanto que ya hasta parece normal que no haya clases; aberración que se produce por la frecuencia de la ausencia de la "educación".

Se ha dicho que unas pocas jornadas de huelga estudiantil son más "didácticas" que muchas jornadas de aula. Romántica y trasnochada insensatez; aunque todas las actividades cívicas, incluidas, sin duda, las protestas estudiantiles, son aleccionadoras e ilustradoras, no cabe duda que donde se forjan los estudiantes es en el estudio, y que los países atrasados que han logrado progresar en las últimas décadas, son los que más han impulsado, intensificado y mejorado la educación, es decir el estudio y la formación de sus jóvenes.

Tal vez sin pensarlo, por la intuición que da la vivencia del estudiantado, el dirigente estudiantil citado planteó un tema de fondo fundamental: quién debe estar en primer lugar para la educación, sin lugar a la más mínima duda, es el estudiante, les guste o no a algunos, sobre todo a muchos de nuestros docentes. Desde hace mucho, pero hoy en día más que nunca, con las nuevas tecnologías se ha logrado educar sin docentes, sin escuelas, sin aulas, pero lo que no se ha podido lograr es enseñar sin que haya estudiantes para aprender.

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Si los docentes no entienden esta ecuación fundamental, sucede lo que nos está sucediendo a lo largo de esta transición en que una de las principales taras que arrastramos, con el doble sentido de carga y de tarados, es la falta de clases, la insuficiencia de clases y la insuficiencia de la educación, comenzando con la educación de los docentes que, acostumbrados más a la protesta que a la didáctica, muestran ellos mismos en sus discursos cotidianos la falta de educación, es decir, la falta de respeto a la disciplina del estudio, que es la base de la formación, base fundamental que falta en nuestra educación básica y que se traslada a todas las otras instancias superiores, y que representa un déficit, un vacío de fundamento para docentes y estudiantes; en síntesis, que tenemos docentes escasamente "educados" para enseñar a estudiantes que tienen más jornadas de holganza que de clases a lo largo del año. Y eso que seguimos siendo uno de los países del mundo con calendario educativo más raleado.

No cabe duda de que el gobierno actual ha empezado a romper con esa inercia, invirtiendo más en becas de estudios, recordando la positiva experiencia, fundamental en la historia del Paraguay, de don Carlos Antonio López; invertir en docencia internacional; en el caso actual, para docentes y estudiantes nacionales.

En esta encrucijada entre el pasado y el presente, con la conciencia universal que existe de que en este mundo en que vivimos sin educación de primer nivel no se progresa, tanto en lo que se refiere al individuo como en lo que se refiere a la comunidad, no aceptar el desafío de la educación y, más grave aún, boicotearlo, es un suicidio, en cuanto a comunidad y un crimen de lesa humanidad, de absoluta irresponsabilidad para con los estudiantes. Los estudiantes deberían estar en primer lugar. Sin embargo, figuran en el último.