Cada vez que se da un episodio con el grupo terrorista EPP en el Norte desfilan por los medios los más variopintos "expertos en seguridad", algunos con buen criterio, pero en su mayoría los oportunistas que aprovechan la ocasión para bajar su discurso proselitista. En realidad con el paso del tiempo tienen mucho más de expertos en oportunismo que en ninguna otra disciplina.

El EPP ha ido creciendo con el correr del tiempo con la propia fortaleza obtenida por sus ilícitos y era lógico que en una etapa de su vida iba a alcanzar una etapa de madurez y efectividad como se ve en estos años.

Un experto en la modalidad asumida por el EPP para desarrollar su sucia lucha en el Norte sabe que para cualquier sistema de seguridad estatal es un fenómeno muy complejo cuando estas células terroristas se enclavan en un área descripta como selvas rodeada de asentamientos humanos porque tales enclaves suponen una cortina natural y social que hace muy difícil una intervención franca, en el concepto de la guerra, sin correr el riesgo de efectos colaterales que pueden ser importantes.

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Algunos de los frecuentes "analistas" como el ex ministro del Interior, Rafael Filizzola, organiza prolijos tours por medios de comunicación cada vez que interviene el EPP con tal caradurez que olvida que su gestión como encargado de seguridad interior fue clave para el fortalecimiento del EPP, durante el gobierno del actual presidente del Congreso, Fernando Lugo.

Es de un oportunismo rastrero el aprovechar los momentos de dolor para generar estas operaciones de prensa que, por supuesto, cuentan con el mayor respaldo de los sectores que se oponen políticamente al Gobierno.

De una vez por todas se debe analizar el problema en su integralidad. No se trata de lanzar una bomba o ingresar a soldados a pecho gentil porque ello podría generar efectos colaterales que posteriormente podrían lamentarse y serían estos mismos "expertos" que hoy piden que el Gobierno atropelle sin medir consecuencias los más duros críticos de las eventuales consecuencias, ya que en el fondo lo que buscan no es solucionar el problema de seguridad sino "golpear al Gobierno" en esta etapa preelectoral.

No es posible pensar que a las fuerzas combinadas de la Policía y las Fuerzas Armadas irían a faltarles valor para una acometida y es fácil deducir que el factor que genera una escala de prudencia es la necesidad de obtener el mejor resultado.

En los países con democracias más consolidadas lo que normalmente ocurre cuando se registran episodios de terrorismo, o de secuestros, es que la clase política trata de combinar prudencia y sentido de colaboración con las instituciones responsables de ejercer las estrategias de seguridad.

Sin embargo, lo que se observa en nuestro país es un aprovechamiento grosero de estas situaciones de dolor para disparar críticas contra el adversario político.

Creemos que, más que nunca, nuestros soldados en el Norte necesitan el apoyo de la ciudadanía para cumplir con su misión, lo que ocurrirá tarde o temprano. Al mismo tiempo es de esperar que la clase política opositora lejos de regodearse con las dificultades que se presentan o autoproclamarse como solucionadores de hoy de lo que no pudieron solucionar ayer cuando les tocó ejercer la función, tengan un poco más de dignidad y de respeto con el dolor de los familiares de las víctimas evitando usar estas circunstancias para el aterrizaje de sus discursos electorales de oportunidad.

Tenemos la esperanza que más temprano que tarde la justicia se instalará en esa región y las fuerzas públicas desarrollarán con seguridad y efectividad la misión asignada.

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