La disyuntiva oposición versus colorados ya ha pasado a la historia, por más que la polarización entre los dos partidos históricos aún esté dada en el recuento de los votos; aunque, como decía el filósofo, la repetición de la historia pasa de ser tragedia a farsa… y es lo que está pasando… estamos viviendo una payasesca farsa política, protagonizada por el nuevo presidente del liberalismo y su comparsa, pretendiendo instalar la política nacional en los tiempos del Tiranosaurio.
Cual un Laíno añoso va a buscar votos imposibles al exterior, en vez de hacer política nacional.
Lamentablemente, es el Partido Liberal Radical el que protagoniza esta anacrónica repetición histórica, aunque queda la tentación, dado el nivel del discurso de su actual presidente y sus acólitos, de calificarla como histérica.
Hay sectores políticos "opositores" que consideran que hacer oposición a ultranza es una estrategia política; digamos que del pasado, por no decir de supervivencia prehistórica, un tanto en connivencia con la dictadura… denunciar una supuesta dictadura en vez de tratar de llegar al gobierno por los votos y seguir con la cantinela de la dictadura estronista, es decir, hacer proselitismo misericordioso en el exterior en vez de campaña política seria en el país.
Es apegarse al pasado derrotista opositor, negando el proceso democrático.
Hasta hemos tenido una experiencia de convivencia de un gobierno de coalición de todos los sectores, que fracasó, en parte, por la incapacidad política de negociación de los dirigentes.
Hay un sector de la oposición que ha resucitado que la política, como en los añosos tiempos de la dictadura, se hace con denuncias en el exterior, aunque ya se ha demostrado en la práctica que se puede hacer en el país y ganar las elecciones, como corresponde a la democracia, con votos y no con denuncias en el exterior para pedir misericordia internacional, que se puede cambiar de gobierno por la vía democrática.
El Partido Liberal, aliado con sectores de izquierda y con un candidato "outsider", ganó por primera vez en la historia reciente, las elecciones nacionales contra el "coloradismo eterno", con una alianza, aunando a los opositores, contra un Partido Colorado que durante décadas había dominado el escenario político.
El discurso un tanto decadente del entonces líder del coloradismo, el ex presidente Duarte, que vuelve a repetirlo hoy, de exceso de gritos y falta de equipo para anular las acusaciones de "violación de la Constitución", contrapuesto a la alianza opositora que ofrecía un posible nuevo escenario, determinó la histórica derrota; aunque después terminara en la decepción y el fracaso, fue un momento histórico determinante para que el "coloradismo eterno" dejara de ser eterno y tuviera que bajar a la llanura. Y para que la oposición, vía alianza, llegara a ser gobierno.
Por lo visto, la "historiofilia" nacional no sirve para entender la historia y aprender de ella, solo para charlatanearla. El radicalismo votó en contra de la experiencia triunfadora y se aisló en la obsesión de un candidato que perdió todas las elecciones, salvo las internas sectarias. Y que pretende ser el único líder de la oposición para perder una vez más otra elección nacional.
Y que en vez de hacer campaña interna, como si estuviéramos en los tiempos del Tiranosaurio, se va al exterior a denunciar una supuesta dictadura de un gobierno constitucional y democráticamente electo, con excelente consideración internacional.
Otra estupidez política de dirigentes como Efraín Alegre y sus acólitos, que pretenden un "único líder" y aniquilar a los que disienten con su majestad. Es decir, un candidato a dictador que busca en el exterior el respaldo que no tiene aquí, con apenas una precaria mayoría de su partido y ninguneando a todo el resto de la oposición, denunciando a los que ganan con votos como dictadores.
Y, lo que es más grave, negándose a explicar ante los tribunales los tristes acontecimientos de la destrucción e incendio del Congreso, pretendiendo ser la víctima de un supuesto y remoto intento de asesinato contra él, ninguneando al real asesinato de un joven dirigente de su partido, burlándose de la Justicia, con el tradicional sistema político nacional de "esquivarla".
La lacra del Paraguay de hoy está en los dirigentes que miran hacia el pasado, en vez de mirar hacia el futuro. Lamentable espíritu retardatario.

