Por Christian Pérez

Guaraní se despidió prácticamente de los cuartos de final de la Libertadores. Jugando muy mal, cayó rendido ante la jerarquía de River y deberá apelar a un milagro para remontar la serie en el Monumental.

El Cacique sufrió de pánico escénico en gran parte del primer tiempo. La categoría del rival impresionó y descolocó a muchos. De los nuevos, el único que no se achicó fue Robert Rojas.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

El mediocampo paraguayo fue superado, no en mayoría, sino en velocidad mental, ya que River tuvo facilidad de meter pelotas a espaldas de Palau y Aguilar, a un solo toque, sin sobrecargar hombres.

El que más se animó fue Novick, quien pidió siempre e intentó jugar colectivamente, pero el resto del equipo se escondió y no se animó a faltarle el respeto a un equipo lleno de jerarquía, pero con falencias notorias en la defensa, especialmente en la zona de Lollo y Moreira.

Otra gran falencia del aurinegro fue el nulo juego por los costados. Novick se metió mucho por el medio, Rolón nunca acompañó, mientras que por izquierda, De la Cruz sintió la incomodidad del cambio de perfil y Bogarín no pudo solo.

River había insinuado mucho, pero dañaba poco, hasta que un tiro libre con fortuna de Scocco le dio la ventaja.

Guaraní quiso reaccionar, pero solo tuvo ganas, sin ideas. Aún con la tibia rebeldía, Guaraní casi empató con dos cabezazos de Epifanio.

Los cambios de Garnero no hicieron demasiado efecto. Con Gamarra ganó mayor frescura, pero sin Novick no supo qué hacer con la pelota.

El argumento fue mucho empuje y poca claridad, cosa que le produjo muchos contragolpes en contra, no aprovechados por River, que faltando tres minutos sentenció casi la serie con un cabezazo de Larrondo.

Déjanos tus comentarios en Voiz