Ciudad del Este. Agencia Regional.

Suman historias dentro de esta emergencia sanitaria y el compromiso social es una de las características. Es el caso de un grupo de veinte voluntarios de la Cruz Roja Paraguaya, filial Alto Paraná, de entre 22 y 30 años, quienes, a pesar del dolor de sus familias, decidieron hacer cuarentena en los albergues transitorios, cuando empezó la tarea de atender en dichos locales a las personas que ingresaron al país y debían cumplir con el aislamiento obligatorio.

Podían haber continuado con el servicio en forma rotatoria y volver a sus casas cada día, pero tomaron la decisión de permanecer también en los albergues desde el pasado 29 de marzo para cuidar a sus familias y no exponer a nadie ante cualquier eventualidad.

Son quince jóvenes en la casa de retiro San Antonio de Padua y cinco en el local del obispado. El primer grupo también tiene a su cargo los controles en los albergues de Presidente Franco y Hernandarias, mientras el segundo tiene a su cargo el hotel del km 8 Acaray.

Richard Benítez Alderete, licenciado en Contabilidad, 26 años, encargado del Departamento de Socorro de la Cruz Roja e integrante del Equipo Nacional de Intervención, es uno de los que se encuentran en el lugar. “Decidimos quedarnos por la tensión existente, por nuestras familias, no sabíamos a qué nos enfrentábamos, no sabíamos si existía entre ellos esa patología o no”, refiere el joven, quien contó que a muchos padres no les gustó mucho la idea, pero ante la decisión firme de ellos, debieron aceptar.

Richard Benítez Alderete, uno de los voluntarios.

“Decidimos quedarnos por la tensión existente, por nuestras familias, no sabíamos a qué nos enfrentábamos”. Richard Benítez Alderete, profesional contable.

“A diario le llamo a mis padres, los otros también, hacemos videollamadas, les saludamos, les decimos que estamos bien, es una experiencia única que quedará en la historia de cada uno y los padres se sienten orgullosos a pesar del gran temor. Estamos todos bien y nuestras familias también”, relató Richard, quien saludó desde el albergue a su padre por cumplir otro año el pasado 31 de marzo, ya que decidió estar en cuarentena.

Richard Benítez Alderete, socorrista de la Cruz Roja. Foto: Gentileza.

Como un bautismo

“Desde un primer momento no dudé un segundo en alistarme para poder servir. Es difícil salir de casa y dejar las comodidades, pero en un momento delicado como este las prioridades cambian”, sostuvo Fabio Chávez, estudiante del cuarto año de Medicina, otro de los integrantes del grupo.

“Es una experiencia única, en lo personal es como un bautismo ya que ingresé a la Cruz Roja a finales del año pasado. Nos ponen a prueba las ganas que tenemos de hacer un servicio voluntario a la sociedad que ojalá ponga de su parte para salir victoriosos de esta lucha contra un enemigo invisible, impredecible y peligroso”, enfatiza el socorrista de la Cruz Roja.

"Es difícil salir de casa y dejar las comodidades, pero en un momento delicado como este las prioridades cambian”. Fabio Chávez, estudiante de Medicina.

Por su parte, Nicolás Alcaraz Acosta, de 23 años, residente en Minga Guazú, sabía que el primer escollo a superar iba a ser la decisión de sus padres. “Cuando llegó la noticia que íbamos a ser parte del Operativo COVID-19 un día sábado, fue un momento que pensé bastante porque estaba consciente que por quince días estaría lejos de mi familia, fue la decisión más difícil que tomé. Llegué a mi casa para conversar con mis padres porque sabía muy bien que a ellos no les iba a gustar la decisión que tomaría, la conversación duró bastante, ellos eran conscientes del peligro que representa esta pandemia”, empezó relatando el joven a La Nación. “Les dije que estoy decidido a ayudar y que nuestro país nos necesita más que nunca, y fue entonces que aceptaron entre llantos dejarme ir para servir a mi país”, agrega Nicolás.

Para ellos, no hay nada más grande que "ayudar al prójimo". Foto: Gentileza.

En cuanto a su experiencia ya en el lugar la calificó como muy buena, ya que nunca pensó ser parte de una emergencia sanitaria de estas características. “El ayudar al prójimo es muy lindo porque ahí te das cuenta que no hay nada más grande que el corazón de un voluntario que dejó atrás a toda su familia y su comodidad para servir a los demás”, mencionó el joven voluntario que insistió en que la gente se quede en sus casas porque de esa manera “están protegiendo a sus hijos, padres, vecinos y a nosotros”.

“Entre llantos mis padres aceptaron mi decisión de alejarme 15 días para servir a mi país”. Nicolás Alcaraz Acosta, estudiante de Química y Farmacia.

Los voluntarios de la Cruz Roja que quedaron en cuarentena en los albergues tienen sus espacios y sanitarios apartes para descansar. Entre ellos existe una mayoría de estudiantes de carreras ligadas a una disciplina de salud.

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