Nantes, Francia | AFP, por Anne-Sophie LASSERRE.
El baloncesto 3×3, un deporte popular, intenso y espectacular que se estrenará en el programa olímpico en Tokio-2020, se muestra al gran público estos días en Nantes con ocasión del cuarto Mundial de la disciplina.
A medio camino entre el baloncesto de calle y el cinco contra cinco tradicional, esta joven modalidad nació oficialmente en 2010 con la organización de una primera gran competición internacional en los Juegos de la Juventud de Singapur. "Siete años después, el 3×3 está programado para los Juegos Olímpicos, es una ascensión fulgurante", se congratula Richard Billant, entrenador de las selecciones francesas masculina y femenina de 3×3.
A pesar de su tirón popular y de contar con su propio circuito profesional desde hace cinco años, este deporte sufre aún "una mala imagen en el mundo del baloncesto profesional, cuando es una disciplina a título completo, practicada por auténticos jugadores de baloncesto", lamenta el seleccionador galo.
Mientras que el baloncesto tradicional se basa más en los sistemas de juego, el 3×3 es más espontáneo y explosivo, al jugarse sobre media cancha y con una sola canasta. El partido concluye cuando un equipo alcanza los 21 puntos o al término de 10 minutos.
La canasta vale un punto, dos si se anota más allá del arco que simboliza habitualmente la línea de tres puntos.
La posesión está limitada a 12 segundos, lo que obliga a los jugadores a ser capaces de pasar, atacar y defender, lo que otorga espectacularidad al juego.
– ‘Autonomía total’ –
La otra gran diferencia con el baloncesto 5 contra 5 es que el entrenador permanece en las tribunas, lejos de los jugadores, que tienen "mayor autonomía", subraya Richard Billant.
"Se comunica mucho más entre compañeros. En el 3×3, encontramos el espíritu de equipo, la solidaridad que puede faltar en el 5×5, donde priman más las individualidades", afirma Sabrina Palie, jugadora francesa de 35 años.
Sobre la cancha, "cada segundo cuenta. Es muy físico, mucho más agresivo y sube la adrenalina (…) Hace a uno reencontrarse con el amor por el juego", prosigue la jugadora francesa, que espera que el escaparate del Mundial incite a los jóvenes a la práctica.
"En Francia el 3×3 sigue siendo amateur o semi-amateur, se juega por el prestigio, mientras que en países como Japón y en los Balcanes ya existe una liga profesional. Cada vez más jugadores se concentran exclusivamente en el 3×3 y abandonan el 5×5. Y esa tendencia se incrementará en el futuro", asegura el jugador galo Angelo Tsagarakis, de 33 años.
"En el 3×3 hay que saber lanzar, driblar, mantener duelos en defensa, ganar duelos en ataque. Son los jugadores más completos los más aptos", insiste esta figura de la disciplina en Francia, que comenzó a jugar a baloncesto "en las canchas de calle, en los uno contra uno, tres contra tres, sobre el asfalto y al sol", antes de empezar en su primer club con 8 años.
Después de Atenas en 2012, Moscú en 2014 y Cantón en 2016, Nantes es la sede del cuarto Mundial 3×3, organizado por la Federación Internacional de Baloncesto.
Veinte equipos masculinos y otros tantos femeninos se enfrentan hasta el miércoles para suceder a los vigentes campeones, Serbia en hombres y República Checa en mujeres.