Sapna Maheshwari y Emily Flitter

Algunos estadounidenses frustrados, alentados por las campañas en redes sociales, no han tardado en reducir su gasto en grandes marcas como una forma de protesta política en la era de Trump.

Esto hace que un paro sorpresivo de empleados de Wayfair, una empresa en línea de muebles para el hogar, sea particularmente delicado, pues algunos miembros del personal de la empresa han alzado la voz para oponerse al involucramiento de la firma en la detención de niños migrantes cerca de la frontera suroeste de Estados Unidos.

El 26 de junio, empleados de las oficinas generales de la empresa en Boston dejaron sus puestos de trabajo para protestar porque Wayfair le vendió más de 200.000 dólares en muebles para recámaras a un contratista del gobierno que opera una red de centros. El paro sorpresivo ocurrió después de que se dieron a conocer noticias sobre instalaciones atestadas y sucias, donde los niños y los adolescentes carecían de ropa limpia y comida suficiente.

GENTE SE MOLESTA

El paro aún no ha derivado en un boicot a gran escala, pero la situación ha llamado la atención de grupos activistas que han tenido éxito para atraer a los consumidores a su causa por medio de las redes sociales. El 25 de junio, Sleeping Giants, una cuenta de Twitter con 235.000 seguidores que se creó para obstruir la llegada de dólares producto de la publicidad a grupos de extrema derecha después de las elecciones de 2016 y que desde entonces se ha convertido en una organización de acción en pro de los consumidores, compartió información sobre los pedidos de Wayfair.

Para el final del día, los empleados de la empresa habían organizado su paro a través de una cuenta recién creada en Twitter (@wayfairwalkout) para obtener apoyo, y algunas personas ya estaban tuiteando la etiqueta #BoycottWayfair.

“Nos llegó información anónima de alguien que trabaja ahí que decía que la agencia responsable de los centros de detención había realizado un pedido bastante grande y que había gente dentro de la empresa que se molestó mucho por eso, y lo sacamos a la luz”, comentó en una entrevista Matt Rivitz, creador de Sleeping Giants. “Esta nueva ola de protestas no solo está orientada al consumidor, sino también a los empleados”.

WAYFAIR REHUSÓ COMENTAR EL PARO

Las redes sociales han ayudado a impulsar muchos boicots en los casi tres años posteriores a la elección del presidente Trump. La campaña de boicot en línea #GrabYourWallet (toma tu cartera) presionó a minoristas como Nordstrom a dejar de vender mercancía vinculada con la hija del presidente Ivanka Trump. Los llamados a eliminar Uber con la etiqueta #DeleteUber fueron una respuesta a las acusaciones de que, para obtener ganancias, la empresa había intentado aprovechar una protesta en contra de la orden ejecutiva del presidente que prohibía la entrada de refugiados e inmigrantes de ciertos países a Estados Unidos. En años recientes, L.L. Bean, New Balance, Kellogg’s y otras marcas han estado en riesgo de sufrir boicots por motivos políticos.

A últimas fechas, la presión también ha llegado de los empleados. En grandes empresas tecnológicas como Google y Microsoft, los trabajadores han recurrido a peticiones y a paros sorpresivos para buscar cambios, incluso respecto a las entidades con las que hacen negocios sus empresas. En Microsoft y Amazon, los trabajadores se han opuesto a trabajar con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.

ATROCIDADES”

En Wayfair, el 21 de junio más de 500 empleados firmaron una carta dirigida a los líderes de la empresa en la que solicitaban dejar de hacer negocios con el contratista BCFS y con otros involucrados en la operación de estas instalaciones. Los empleados señalaron que habían escrito “por su preocupación y enojo debido a las atrocidades que se cometen” en la frontera sur de Estados Unidos, y querían asegurarse de que Wayfair “no posibilitara, apoyara u obtuviera ganancias a partir de esta práctica”.

En una carta divulgada la noche del 24 de junio, los líderes de Wayfair defendieron el contrato y afirmaron que el negocio de la empresa era vender sus productos a cualquier cliente que actuara dentro de la ley. Y agregaron: “Sin importar el grado de compromiso de cualquiera de nosotros en torno a un tema, es importante tener en cuenta que no todos los empleados ni todos los clientes concuerdan”.

NO ESTÁ SOLA ANTE CRÍTICAS

Sleeping Giants puso en la mira a Bank of America por brindar financiamiento a Caliburn International, la empresa matriz del centro para menores Homestead en Florida, acusándolo de ser “el único gran banco que obtiene ganancias de la separación de familias”. El 26 de junio, Bank of America señaló que iba a terminar sus relaciones con todas las empresas privadas de cárceles.

“El sector privado está intentando responder a demandas y necesidades gubernamentales y de las políticas públicas en ausencia de reformas en el sistema penal y en las políticas migratorias que desde hace mucho tiempo se consideran necesarias de manera generalizada”, mencionó Jessica Oppenheim, una vocera de Bank of America, en un correo electrónico dirigido a The New York Times. “Hemos discutido este tema durante algún tiempo”.

En marzo, otros dos bancos, Wells Fargo y JPMorgan, afirmaron que terminarían sus relaciones con la industria carcelaria privada.

Se ha informado que el 25 junio Wayfair les dijo a sus empleados que iba a donar 100.000 dólares a la Cruz Roja estadounidense. La iniciativa fue alabada en la cuenta @wayfairwalkout, pero también se hizo notar que esa organización no tiene nada que ver con los centros de detención.

GRANDES GRUPOS

Rivitz señaló que su grupo se dedica a cuestionar a las empresas y a la vez informar a los consumidores, quienes pueden tomar sus propias decisiones en cuanto a las empresas que desean apoyar. Este es un riesgo particular para marcas dirigidas al consumidor.

“Así es, hay grandes grupos de prisiones privadas y grandes organizaciones sin fines de lucro que están involucradas en esto, y a fin de cuentas harán negocios con quién tengan que hacer negocios”, comentó Rivitz. “Pero claro que los consumidores esperan un poco más de las empresas que usamos todos”.

“A la gente le cuesta mucho ver personas alegres en los anuncios y después enterarse de que una empresa está ganando dinero por el encarcelamiento de niños”, agregó.