POR PETER J. HENNING

Los casos de abuso de información privilegiada a veces son tan simples como una llamada telefónica oportuna.

La imputación que se hizo en agosto al congresista Chris Collins, un republicano que representa a un distrito cercano a Búfalo, Nueva York, a su hijo Cameron Collins y al padre de la prometida de Cameron Collins es un buen recordatorio.

Collins fue consejero y uno de los principales accionistas de Innate Immunotherapeutics Limited, una farmacéutica australiana. Collins está acusado de haber alertado a su hijo y a Stephen Zarsky, el padre de la prometida de Collins, sobre la inminente llegada de malas noticias por parte de la empresa. Aunque Collins no vendió ninguna de sus acciones de Innate Immunotherapeutics después de recibir la información, su hijo y Zarsky sí lo hicieron, con lo cual evitaron pérdidas de más de 700.000 dólares. Los tres se declararon inocentes.

Para que se determine que hubo una violación de información privilegiada no se requiere que la fuente de la información haya realizado transacciones comerciales con base en ella. La ley solo requiere que el gobierno demuestre que la información se compartió con otros con la intención de que la aprovecharan para hacer transacciones comerciales y que el informante recibiera un beneficio.

El dictamen más reciente de la Corte de Apelaciones de Estados Unidos para el Segundo Circuito en Manhattan, donde se hará la audiencia del caso de Collins, les facilitó un poco la vida a los fiscales federales y a la Comisión de Bolsa y Valores para levantar cargos por abuso de información privilegiada.

CASO MARTOMA

En junio, la corte de apelaciones emitió un dictamen revisado de Estados Unidos vs. Martoma, un caso que involucró a un ex administrador de inversiones de SAC Capital Advisors, el grupo de fondos de cobertura del ahora difunto Steven A. Cohen. Mathew Martoma fue condenado porque divulgó información privilegiada sobre el fracaso de la prueba de un fármaco con el fin de adquirir ganancias superiores a los 250 millones de dólares.

Martoma apeló su condena con base en que él no tenía una “relación personal de cercanía significativa” con la fuente de la información. Ese requisito provenía de un fallo emitido por el Segundo Circuito en el 2014, el cual enturbió la ley sobre el abuso de información privilegiada y la manera de determinar qué califica como beneficio.

En ese fallo, Estados Unidos vs. Newman, el Segundo Circuito anuló las condenas de dos gerentes de fondos de coberturas que recibieron la información de otros inversionistas y nunca tuvieron trato directo con los informantes que hicieron las revelaciones. La corte sostuvo que el beneficio del informante debía incluir un intercambio de algo con valor pecuniario y que no bastaba solo con mostrar “el mero hecho de una amistad”.

La Suprema Corte se rehusó a revisar la sentencia a Newman, pero, en el caso de Estados Unidos vs. Salman, rechazó un aspecto del fallo emitido por la corte de apelaciones. Declaró que el beneficio no requería que se hubiera intercambiado algo con valor pecuniario. Sin embargo, la Suprema Corte no hizo referencia al requisito de la “relación personal de cercanía significativa” que describió el Segundo Circuito.

La primera vez que el Segundo Circuito revisó el caso de Martoma en agosto del 2017, dos jueces de la corte de apelaciones dictaminaron que la Suprema Corte había anulado en efecto todo el dictamen sobre Newman, así que ya no existía el requisito de la “relación personal de cercanía significativa”.

Hace dos meses, los jueces de la corte de apelaciones revisaron ese dictamen. Se retractaron de su argumento de que la Suprema Corte había saboteado todo el fallo de Newman y sostuvieron que el requisito de la “relación personal de cercanía significativa” era tan solo una manera de demostrar el beneficio de un informante. Un intento por beneficiar al receptor de la información fue prueba suficiente para demostrar el abuso de información privilegiada. La corte de apelaciones incluso mencionó que dar información a un “perfecto extraño” diciéndole “puedes ganar mucho dinero comerciando con esto” bastaría para responsabilizar al informante.

Gracias a la revisión del fallo de Martoma, el gobierno solo necesita comprobar que, al pasar la información, Collins intentó beneficiar a su hijo, quien a su vez buscó ayudar a Zarsky, el padre de su prometida.

CASO CIRCUNSTANCIAL

La imputación de Collins indica que el caso será circunstancial, basado en el momento en el que el congresista realizó una serie de llamadas telefónicas a su hijo mientras el primero asistía a un día de campo en la Casa Blanca.

Según el auto de procesamiento, el director ejecutivo de Innate envió un correo electrónico a Collins y otros consejeros para informarles que una prueba del único fármaco de la empresa había fallado, lo cual seguramente bajaría el precio de las acciones. Unos pocos minutos después, Collins llamó a su hijo. Enseguida, Cameron Collins visitó rápidamente a Zarsky, y presentaron solicitudes para vender sus acciones la mañana siguiente. Ese tipo de transacción comercial oportuna puede ser una evidencia poderosa del abuso de información privilegiada: evitaron la pérdida de cientos de miles de dólares después de que las acciones se desplomaron más de un 90 por ciento.

El fallo sobre el caso de Martoma hace que comprobar un intento de beneficio sea el eje del caso del gobierno. Un padre que ayuda a su hijo a evitar la pérdida de cientos de miles de dólares es una razón poderosa para divulgar información corporativa confidencial. Eso bastará para que un jurado infiera que la llamada telefónica de Collins es suficiente para demostrar que difundió información confidencial, a pesar de que no haya evidencia de qué se dijeron los dos hombres en realidad.