POR ANDREW ROSS SORKIN, JESSICA SILVER GREENBERG, PETER EAVIS Y MATTHEW GOLDSTEIN

Un día después de que Elon Musk declaró que tal vez intente hacer que Tesla se convierta en una empresa privada, los bancos de Wall Street se apresuraron a pensar cómo funcionaría una transacción de ese tipo y cómo podrían obtener una rebanada del pastel.

En un tuit del 7 de agosto, Musk mencionó que tenía “financiamiento asegurado” para un acuerdo con el cual privatizaría al fabricante de autos eléctricos que fundó y dirige.

Algunos altos ejecutivos de los principales bancos de Wall Street, entre ellos JP Morgan Chase y Citigroup, no se enteraron de la idea de Musk hasta que su tuit provocó que las acciones de Tesla se dispararan poco después del mediodía del 7 de agosto, de acuerdo con personas cercanas a los bancos. El 8 de agosto, algunos banqueros se quejaron de que los ejecutivos de Tesla ni siquiera les habían respondido sus llamadas, y mucho menos les habían explicado los planes de la empresa.

Algunos de los inversionistas institucionales importantes de Tesla –incluidos Fidelity y el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita– también recibieron por sorpresa los comentarios de Musk, según personas cercanas a ellos.

El 8 de agosto, funcionarios de la oficina de San Francisco de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por su sigla en inglés) contactaron a representantes de Tesla para investigar sobre los tuits de Musk, según lo relatado por una persona que tenía información sobre la pesquisa. Los funcionarios de la SEC preguntaron a Tesla sobre la veracidad de los comentarios de Musk y por qué la empresa no lo había anunciado mediante la presentación de documentos regulatorios. El 8 de agosto, las acciones de Tesla cayeron más de un 2 por ciento.

Un acuerdo para que Tesla se vuelva privada podría generar una fuente de cuotas para Wall Street, y los banqueros se están peleando por asegurarse una cesión. Una manera de hacerlo es elaborar posibles estructuras para un acuerdo que le puedan ofrecer a Tesla y sus asesores.

El mecanismo tradicional para que una empresa que cotiza en la bolsa se vuelva privada consiste en una compra con apalancamiento, en la cual hay firmas de capital privado u otros inversionistas que compran todas las acciones en circulación con dinero que piden prestado a bancos u otras entidades.

SIN GENERAR GANACIAS

Sin embargo, el 8 de agosto, banqueros de inversiones señalaron que es muy poco probable que Tesla se vaya a comprar con apalancamiento. En teoría, la empresa podría costar hasta 70.000 millones de dólares si todas las acciones de Tesla se compraran al precio que propuso Musk: 420 dólares por acción.

La firma nunca ha generado ninguna ganancia y está quemando efectivo a tal velocidad que sería difícil encontrar bancos o inversionistas de bonos dispuestos a prestar miles de millones de dólares para financiar una compra privada.

“Los números no están funcionando ahora”, comentó Ronald A. Kahn, el director de la división de asesoría de deuda y valoración de Lincoln International, un banco de inversiones con sede en Chicago. “¿Por qué alguien habría de darle unos miles de millones más?”, se preguntó Kahn.

Sin embargo, esto no significa que se haya desechado la idea de realizar un acuerdo para que Tesla se vuelva una empresa privada.

Según personas familiarizadas con el asunto, una estructura que han analizado los bancos y Tesla es una transacción que reduciría la cantidad de accionistas a tal grado que las acciones de Tesla podrían salir de la bolsa de valores Nasdaq y la empresa ya no necesitaría presentar documentos trimestrales a la SEC.

Esto sería caro –podría costar entre 10.000 millones y 20.000 millones de dólares–, pero es mucho más barato que una compra total con apalancamiento, aseguraron estas personas.

¿CÓMO PODRÍA FUNCIONAR UNA TRANSACCIÓN DE ESE ESTILO?

Una posibilidad es realizar una maniobra llamada “oscurecerse”. En esta situación, para reducir la cantidad total de inversionistas con participación en Tesla, la firma podría comprar muchas de las participaciones de sus accionistas, pero no todas. Una manera de hacer que funcione esta medida sería persuadir a la mayor cantidad posible de pequeños accionistas a que vendan sus tenencias.

Los accionistas más grandes de la empresa –entre ellos Musk, Fidelity, T. Rowe Price y Baillie Gifford de Escocia, quienes en conjunto poseen cerca del 45 por ciento de las acciones de Tesla– no tendrían que vender sus participaciones conforme ese acuerdo.

Las acciones de Tesla ya no estarían enlistadas en la Nasdaq, pero los inversionistas podrían comprarlas o venderlas en mercados poco regulados e informales que suelen ser dominados por empresas pequeñas. Debido a que las acciones en estas bolsas por lo general se cotizan con menos ímpetu que en los mercados públicos más grandes, sería más difícil que los inversionistas apostaran en contra, o al descubierto, de las acciones de Tesla: esta fue una de las razones que describió Musk el 6 de agosto para volver privada la empresa.

Hay muchos problemas potenciales con esta estrategia. Por ejemplo, es probable que los inversionistas institucionales e individuales se opongan a tener acciones de Tesla que no coticen en bolsas nacionales establecidas. Además, también es probable que los fondos indexados que poseen acciones de Tesla no deseen las acciones si no son parte de parámetros como el índice accionario Standard & Poor’s 500.

Lo más común es que las transacciones oscuras se den en el ámbito de las empresas diminutas, mencionó Gilbert J. Bradshaw, un abogado de Nueva York que trabaja con empresas pequeñas y ha escrito sobre empresas que se vuelven oscuras.

“Nunca he oído del caso de una empresa grande que haya hecho un acuerdo como este de forma voluntaria”, señaló.

(Kate Kelly, Landon Thomas Jr., Matt Phillips, Emily Flitter y Neal E. Boudette colaboraron con este artículo).