• Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

La capacidad para escuchar hábilmente constituye el cimiento para cultivar relaciones personales positivas. Hay una frase que dice: “No aprendes nada cuando tu eres el único que habla”. Un error que solemos cometer a menudo al comunicarnos es tratar a toda costa de impresionar a la otra persona. Tratamos muchas veces de parecer inteligentes, ocurrentes y divertidos.

Si pretendemos relacionarnos bien con los demás, tenemos que estar dispuestos a enfocarnos en lo que están dispuestos a ofrecer. Siembre es bueno y recomendable que nos podamos mostrar impresionado e interesado, y no impresionante e interesante.

Podríamos ganar más amigos en un corto lapso de tiempo si somos buenos oyentes, antes que estar uno o más años tratando de que la gente se interese en vos.

Cuántas personas tenemos que se centran en sí mismas y que solo hablan de ellas y de sus preocupaciones todo el tiempo, desarrollando rara vez relaciones fuertes con otros: “las personas grandes monopolizan el escuchar. La gente pequeña monopoliza el hablar”.

Si llegáramos a ser buenos oyentes, seremos capaces de poder relacionarnos con otros en más niveles, desarrollando relaciones personales más fuertes y profundas, porque estamos supliendo una necesidad. Wilson Maznar dijo: “Un buen oyente no solo es popular en todas partes, sino que después de un tiempo sabe algo”.

Resulta asombroso cuánto podremos aprender acerca de nuestros amigos, familia, trabajo, la organización en la que trabajamos y de nosotros mismos cuando decidimos realmente escuchar a los demás.

Lamentablemente, no todos captan dichos beneficios. Cuidémonos de ponernos en una situación en la que creamos tener todas las respuestas. Cuando lo hagamos, podremos encontrarnos en peligro.

Resulta casi imposible pensar en uno mismo como si fuéramos el experto y seguir creciendo y aprendiendo al mismo tiempo. Los grandes aprendices son grandes oyentes.

Muchas veces, en la medida en que vamos adquiriendo mayor autoridad es común que a menudo escuchemos menos a los demás, especialmente a nuestros subalternos.

Si bien es cierto que cuanto más alto estés dentro del escalafón organizacional, muchas veces se exige escuchar a los demás, si bien también no deja de ser cierto que se da la necesidad de poseer mejores habilidades para ello.

Si desarrollas desde un inicio buenas habilidades para escuchar y luego sigues usándolas, te podría permitir poder reunir las informaciones que necesitas para triunfar profesionalmente.

En la medida en que vayas avanzando en la vida que te permita lograr más éxito, no pierdas de vista la necesidad personal de seguir creciendo y mejorando, teniendo siempre en cuenta que un oído sordo es evidencia de una mente cerrada.

Las buenas organizaciones tienen como reputación el saber escuchar a su gente, haciendo que lo que pueda ser bueno para ellos es bueno para los individuos.

A la gente le encanta tener la posibilidad de aportar, especialmente cuando el líder comparte con ellos los logros obtenidos. Es una de las características primarias de los jóvenes de la generación Z.

Cuando escucharnos, construimos lealtad. La práctica constante de buenas habilidades para escuchar atrae a la gente. A quién no le gustaría tener enfrente a un buen oyente.

Si sabemos escuchar con constancia a los demás, valorándolos lo que pudieran tener para ofrecer, sería más probable que desarrollen una fuerte lealtad.

A primera vista parecería que escuchar a otros podría parecer solo beneficioso a los demás, pero cuando nos convertimos en un buen oyente, nos ponemos en posición de ayudarnos también.

La mayoría de las personas reaccionan mal cuando se los interrumpe, haciéndoles sentir como si se le faltara el respeto.

Muchas veces cuando tenemos la tendencia a interrumpir a otros mientras nos hablan, se podría deber al hecho de que no le estamos asignando el suficiente valor a lo que el otro tiene que decir, o bien pretendemos impresionar a los demás demostrando lo intuitivos que somos.

Escuchar con atención nos podrán dar la oportunidad de poder reflexionar sobre lo que nos están diciendo para poder responder apropiadamente.

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