• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

Se suelen dar situaciones en la práctica en que podamos disponer de liquidez, en tanto que otros podrían estar precisando para la cobertura de necesidades específicas.

Surge la pregunta acerca de: ¿qué podríamos hacer ante un escenario en que un familiar o amigo cercano nos pide prestado dinero? ¿existen aspectos a tener en cuenta?

Hay un dicho que dice: “la plata no tiene pariente”, y por ende el préstamo sí o sío deberá tener un costo financiero que nos permitan mantener su poder adquisitivo.

Dado que se trata de personas especiales para nosotros, la interrogante se da acerca de qué tasa de interés le podríamos cobrar.

Ante estas coyunturas no faltará quien que nos pueda decir: ¿cómo le vas a cobrar interés por el préstamo si es tu pariente?

Dentro del mundo de las finanzas, “negocios, son los negocios” y se hacen entre hombres y mujeres, por lo que el hecho de ser un familiar cercano “ya es harina de otro costal”. Salvo que uno decida lo contrario.

El dinero tiene un costo implícito y deberá tener un retorno, sin importar quien sea, pues la capacidad adquisitiva que hoy podríamos tener, mañana podrá reducirse si no van acompañados de intereses que protejan el valor del dinero.

Hacer un préstamo a alguien que no tenga un costo financiero sería como estar haciéndolo con conocimiento de causa.

Tengamos en cuenta que existe de por medio un índice de inflación que se va acumulando y suponiendo que el préstamo sea por 180 días y en el peor de los escenarios la inflación acumulada en dicho periodo haya sido del 8 %, al haber prestado el dinero sin cobrar interés, estaremos perdiendo perdiendo poder adquisitivo en idéntico porcentaje o más incluso, dado que muchos bienes son ajustados muchas veces en precios por encima del IPC.

En nuestro país hasta ahora los índices de inflación son relativamente bajos, pero los desembolsos deben ir aparejados con costos financieros durante el periodo de vigencia del préstamo.

No podemos dejar de mencionar al costo de oportunidad, que es la rentabilidad que podríamos obtener en otro tipo de inversión, si dispusiéramos de dicho capital que lo hemos prestado sin agregar al mismo un costo financiero (interés).

En nuestro paso por la vida, el que más que menos en alguna oportunidad se le pudo haber presentado, casos en que una persona cercana le ha solicitado un préstamo para poder “cubrir un agujero” con promesa de devolución en x plazo.

Lo recomendable antes de tomar o no la decisión de desembolsar el préstamo que se nos está solicitando es recabar ciertas informaciones acerca del manejo que le da esa persona a sus ingresos y deudas contraídas, como también cuales son los activos corrientes y fijos con que cuenta.

Si en función a ello llegamos a la conclusión de que se trata de una persona que no maneja con mucha prolijidad sus finanzas, el prestarle el dinero con el solo afan de ayudarlo sería un error, pues no tendríamos la certeza de que la fuente de repago del capital esté asegurado a su vencimiento.

Si por el contrario concluimos que el prestatario es una persona responsable y ordenada en términos financieros, y que está pasando por una situación coyuntural desfavorable, entonces “cambia la película” y podría ser viable, independientemente del nivel de relacionamiento que tengamos con él o ella.

Dado que el dinero que vamos a prestar es nuestro, no es “ningún pecado” sincerarse bien ante el potencial deudor en caso de que no sea posible la concreción de la financiación.

El ganar dinero de buena forma siempre implica sacrificio de por medio y por ende hay que hacérselo saber al que lo pide prestado por qué no se lo podemos otorgar o en caso positivo, la necesidad y el compromiso de que lo pueda cumplir con el repago del capital y de los intereses pactados en tiempo y forma.

En contrapartida, cuando decidimos realizar algún tipo de inversión, nos generan tasas pasivas, que se acumulan a nuestro capital, incrementándose la posibilidad potencial de que nuestros niveles de disponibilidades vayan fortaleciéndose, pues el objetivo primario es proteger nuestro capital, que se constituye en reservas para poder hacer frente en un momento dado a contingencias varias.

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