• Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Se suele escuchar acusaciones al cristianismo con respecto al trato y lugar que este da a la mujer. Muchos acusan al cristianismo de ser una religión machista y hasta misógina.

Sin embargo, podemos encontrar en la vida de Jesucristo que ningún líder espiritual en la historia defendió, honró y levantó tanto a la mujer como Él lo hizo. Él les dio apertura para que sirvan a Dios y no sean marginadas del ministerio.

La relación de Jesús con todo tipo de mujeres en los evangelios es asombrosa.

Muchas mujeres ayudaban a Jesús en su ministerio (Lc 8.1-3). Salvó a una mujer adúltera de ser apedreada y la perdonó (Juan 8.1-11). Puso a las mujeres como ejemplo de perseverancia y conquista (Lucas 18.1-8). Sanó a una mujer con flujo de sangre que le había tocado, liberándola no solo de su enfermedad física, sino también de la discriminación y aislamiento social (Marcos 5.25-34).

Restauró a prostitutas como María Magdalena y la mujer que mojó sus pies con perfume (Mateo 26.6-13). Una mujer decente no podía tocar físicamente a un rabino, ¡cuánto más no debería hacerlo una prostituta! Sin embargo, Él la dejó, pues un hombre tan íntegro y libre de pasiones pecaminosas no podía darle cabida en su ser ni al prejuicio ni a la concupiscencia.

Sanó a la hija de Jairo, resucitó al hijo de la viuda de Naím, porque se compadeció de ella más que del difunto (Lc 7.13). Sanó a otra mujer en un día de reposo –algo no permitido por los fariseos– de un espíritu de enfermedad (Lc 13.10). Puso como ejemplo de caridad y devoción a la ofrenda de una mujer viuda (Lc 21).

Habló con una mujer cinco veces divorciada y actualmente concubinada, para que fuera la más grande evangelista y su primera seguidora en Samaria (Juan 4.1-42). Es interesante notar que la mujer samaritana se sorprendió de que un rabino judío le dirigiera la palabra, más aún a ella, por ser samaritana (pagana) y una mujer de mala reputación. Jesús rompió todos los prejuicios y entabló una conversación liberadora con ella.

Abolió la poligamia, condenó el adulterio y fue un paso más allá: prohibió a los hombres siquiera fantasear o “ratonear” o ser “babosos” (no hay nada peor que un “baboso”, dicen las mujeres) con una mujer que no fuera su esposa, lo cual hizo y hace que el hombre respete y honre a su mujer, no avergonzándola al mirar a otra que no fuera ella (Mateo 5.27, 28). La igualó en derechos y en importancia como al hombre delante de Dios (Gálatas 3.28).

Ordenó a unos de sus discípulos que protegiera a su madre, teniendo cuidado de ella antes de que Él muriese (Juan 19.25-27). Las puso en el ministerio y se preocupó de las viudas y huérfanos, enseñándonos que el ayudar a una mujer desamparada era la verdadera práctica religiosa (Stg 1.17). Atendió las necesidades de las mujeres paganas, como aquella que clamó que sanara a su hija epiléptica, y perdonó sus pecados (Mateo 15.21:28).

Sus primeras apariciones después de resucitado fueron a las mujeres (Juan 20). Comparó a la mujer con la Iglesia y ordenó a los hombres honrar proteger y amar como a sí mismos a sus mujeres y como Él amó a la Iglesia, al punto de morir por ella. Les dio la bendición de ser “coherederas de la vida” junto con Él (1 Pedro 3.7).

Todas las mujeres del mundo, creyentes y no creyentes, le deben mucho a Jesús. A lo largo de su ministerio y vida, Él hizo mucho por las mujeres: las atendió, las sanó, se preocupó de sus necesidades y les dio una identidad y un lugar como hijas de Dios.

Toda mujer que quiera sentirse dignificada, valorada, amada y respetada, encuentra en las enseñanzas de Cristo gran consuelo y esperanza.

Jesús, un verdadero visionario de los derechos de las mujeres.

Etiquetas: #Jesús#mujeres

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