La educación y la inteligencia artificial: diversas formas, diversos riesgos
George Leal Jamil
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Por George Leal Jamil
profesor de FDC – Brasil
Dos hechos claros inician este texto: el primero es que la educación, en todos sus niveles, constituye un factor crítico para el desarrollo de la humanidad. El segundo es que la inteligencia artificial, expresada a través de algoritmos, recursos tecnológicos, aplicaciones e incluso comportamientos, forma parte integral de nuestras vidas.
Al participar en programas como el PAEX de la FDC, tenemos la oportunidad de contribuir a la formación ejecutiva de líderes responsables de la toma de decisiones, quienes orientarán la manera en que los equipos de sus organizaciones actuarán estratégicamente. En la actualidad, nuestro trabajo de contribuir a la madurez de mercado debe, naturalmente, considerar el avance de la inteligencia artificial, como ocurre en cualquier ámbito educativo.
Hay mucho que debatir en torno a las cuestiones semánticas relacionadas con la enseñanza, la educación, la información, el conocimiento, la capacitación, la preparación y tantos otros conceptos vinculados a la formación ciudadana y, como dimensión esencial de esta, a la formación empresarial, emprendedora y profesional, ámbito en el que actuamos en este programa. La educación no se limita únicamente a la transmisión de conocimientos, sino que debe producir activamente competencias y capacidades de aprendizaje, de generación y comunicación de descubrimientos, así como de conocimiento teórico y aplicado.
De este modo, algunos escenarios resultan relevantes para esta discusión, que iniciamos con este texto y que prevemos abordar desde otras perspectivas en el futuro, dada la dinámica de la relación entre educación e IA.
En un primer momento, la IA actúa como asistente del educador. Naturalmente, los docentes, como quien escribe y trabaja en la FDC, tenemos a nuestro alcance conjuntos de herramientas y recursos innovadores que pueden ayudarnos en la selección rápida de materiales, la curaduría de contenidos útiles para el aprendizaje y la producción de comunicaciones de calidad y motivadoras para los estudiantes, en cualquier nivel y de diversas formas. Existen cientos de aplicaciones, plataformas y bases de software, normalmente con acceso disponible mediante lenguaje natural, flexibilizando cada vez más los “prompts”, cuyo uso se está convirtiendo en una práctica cotidiana.
Este asistente puede, en un momento determinado, “entrar en el aula” junto con el profesor. En algunas iniciativas del PAEX de la FDC, tuve la oportunidad de “dialogar” por voz con un LLM en el aula. Fue una experiencia arriesgada, dado el nivel de exigencia de nuestros grupos: funcionó en algunas ocasiones y, en otras, generó cierta incomodidad debido a la lentitud y la imprecisión de algunas respuestas. Sin embargo, es un hecho que esta práctica se está volviendo cotidiana, a medida que contamos con un asistente virtual cada vez más contextualizado y versátil.
En lo que respecta a la planificación educativa, el análisis de datos, en conjunto con la IA, puede promover, mediante investigaciones dinámicas, formas de comunicación más interactivas e integradoras con los estudiantes y otros docentes, así como una mayor flexibilidad de los programas, cursos y clases. Esto permite que los contenidos no solo resulten más atractivos para los estudiantes, sino que también estén más próximos a sus realidades y a la resolución de problemas y, en consecuencia, al aprendizaje de los métodos y procesos de toma de decisiones implicados, que constituyen resultados significativos de un proceso educativo.
Además, la incorporación de nuevos materiales y elementos interactivos, como la posibilidad real que tenemos en la actualidad de configurar la tan mencionada “multimedia”, es decir, la integración de medios –audio, textos, videos, imágenes, entre otros– para demostrar resultados; la gamificación, que haría las clases más lúdicas y transformaría los cursos en simulaciones competitivas; y otras posibilidades, tiene el potencial de romper paradigmas y superar las limitaciones de los modelos de enseñanza actuales.
Por último, existe la posibilidad de crear métodos de evaluación orientados progresivamente hacia una auténtica autoevaluación por parte de los estudiantes y participantes. Estos métodos permitirían evaluar, teniendo en cuenta sus condiciones reales para participar en una determinada sesión educativa, cuál fue su aprovechamiento efectivo en términos de adquisición inmediata de conocimientos, así como de dominio de procesos y métodos. De este modo, dichos avances no se limitarían a una solución momentánea –probablemente útil, pero limitada–, sino que, a partir de aquella clase, se convertirían en métodos que permitirían al estudiante realizar nuevas investigaciones, encontrar nuevas soluciones y desarrollar nuevos aprendizajes.
Existen diversas alternativas posibles, pero también hay algunos riesgos contextuales que deben observarse. La posibilidad de que los estudiantes utilicen herramientas automáticas, en lugar del contacto humano, para cualquier tipo de educación conlleva riesgos. No se trata de afirmar que esto nunca podrá ocurrir, lo que constituiría otro comportamiento extremo y arriesgado como factor de retraso, sino de advertir que se deja de explorar la asociación entre la IA y las humanidades, lo que conduce a un aprendizaje aislado y, por lo general, poco productivo debido a la falta de contexto social.
Y usted, estimado lector, ¿ha experimentado con la IA como herramienta de apoyo para el aprendizaje y la enseñanza? Sigamos debatiendo esta nueva frontera, esta nueva perspectiva de cambio impulsada por las nuevas tecnologías.
Industria paraguaya avanza en la senda de la inteligencia artificial
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La inteligencia artificial (IA) ya comenzó a ingresar al sector industrial paraguayo, pero su incorporación todavía se encuentra en camino de una integración profunda a los procesos productivos.
En el marco del Día de la Industria, que se celebra hoy, Vanessa Cañete, presidenta de la Cámara Paraguaya de la Industria del Software (Cisoft), señaló que actualmente existe un uso extendido de herramientas de IA, y si bien la adopción es real todavía es superficial en el país.
La titular de la Cisoft señaló que principalmente se observa su utilización en tareas individuales y de soporte, mientras que son pocas las empresas que lograron incorporarla a procesos como producción, mantenimiento, calidad o abastecimiento. A su vez, explicó que hoy muchas empresas utilizan inteligencia artificial a nivel personal, por ejemplo, un gerente que redacta con ChatGPT o un equipo de marketing que genera contenido. Sin embargo, son pocas las compañías que tienen estas tecnologías integradas a un proceso productivo, utilizando datos propios y con resultados medidos.
La diferencia está justamente entre utilizar herramientas de inteligencia artificial y concretar una verdadera adopción industrial. “Uso de herramientas hay bastante. Adopción industrial, entendida como IA metida en producción, mantenimiento, calidad o abastecimiento, hay muy poca”, sostuvo.
Vanessa Cañete, presidenta de la Cisoft y Enrique Duarte, presidente de la UIP
DATOS EN PARAGUAY
Los datos disponibles reflejan esta situación, ya que el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, de Cepal y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (Cenia) ubicó a Paraguay en el puesto 14 de 19 países, con 31,20 puntos sobre 100, dentro de la categoría de “exploradores”, considerada el escalón más bajo de madurez, según detalló.
A su vez, agregó que el estudio Travesía 4.0, realizado por el BID con la Unión Industrial Paraguaya (UIP), encontró que solo el 17 % de las industrias relevadas utiliza tecnologías de tercera y cuarta generación, mientras alrededor del 80 % continúa operando con tecnología básica. En cuanto a los usos actuales de la IA, mencionó que el mayor nivel de incorporación se encuentra en tareas administrativas y de soporte, como redacción, resúmenes, atención de consultas internas y generación de documentos. El segundo lugar corresponde a la atención al cliente, principalmente mediante chatbots y asistentes en canales digitales, especialmente en comercio, servicios financieros y telecomunicaciones.
También existen casos vinculados al análisis de datos y la detección de anomalías, donde ya se observan resultados concretos en Paraguay. Entre ellos, mencionó el control de consumo eléctrico irregular mediante el análisis de millones de registros de medidores, el análisis crediticio automatizado y el procesamiento y validación automática de documentación regulatoria e impositiva.
PRODUCCIÓN AÚN REZAGADA
La utilización de IA en producción y logística continúa siendo muy rezagada. En este ámbito se encuentran aplicaciones como el mantenimiento predictivo, la planificación de demanda, la optimización de rutas y el control de calidad mediante visión artificial, áreas que, según Cañete, son las que pueden generar mayor retorno para una industria.
La situación paraguaya se enmarca en una tendencia regional. De acuerdo con el Observatorio de Desarrollo Digital de Cepal, el 78 % del uso de IA en América Latina corresponde a inteligencia artificial generativa, con la generación de texto como principal aplicación, mientras que las soluciones de productividad empresarial integrada representan cerca del 6,5%. “Estamos usando la IA para escribir, todavía no para producir”, resumió la titular de la Cisoft.
Hoy, los sectores que muestran mayor avance son aquellos que ya contaban con información digitalizada antes de la llegada de la inteligencia artificial. Entre ellos se encuentran los servicios financieros y fintech, impulsados por el scoring crediticio, la prevención de fraude y el cumplimiento normativo; las telecomunicaciones y energía, mediante la analítica de consumo, detección de pérdidas y gestión de redes; y el comercio y retail de escala, principalmente para pronósticos de demanda y gestión de inventario.
La agroindustria también aparece como uno de los casos más interesantes, debido a que herramientas como la agricultura de precisión, la imagen satelital y la sensórica ya habían generado una base tecnológica antes de la expansión del concepto de IA. A esto se suma la propia industria del software, cuyas empresas no solo utilizan inteligencia artificial, sino que también la desarrollan y exportan, principalmente a Argentina y Estados Unidos bajo modelos de nearshoring. Los rubros manufactureros tradicionales aparecen entre los más rezagados, debido a procesos de baja digitalización y a la falta de trazabilidad de los datos de planta. Travesía 4.0 muestra que el área más automatizada de la industria paraguaya es la relación con proveedores, con un 22 % de empresas utilizando tecnologías integradas, mientras que en la relación con clientes el 70 % continúa utilizando sistemas básicos y no integrados.
DESAFÍOS
También puso énfasis en la falta de mediciones específicas sobre inteligencia artificial en la industria paraguaya.
“Paraguay no tiene una medición oficial de adopción de IA en la industria, y por lo tanto no existe una serie que permita decir cuánto creció en el último año”, explicó.
Ante este escenario, remarcó que no existe actualmente un dato nacional sobre cuánto invierten las empresas paraguayas en inteligencia artificial. Lo que se observa es que el gasto está concentrado principalmente en licencias y suscripciones de software con IA incorporada, pilotos acotados y consultorías puntuales, mientras que existe poca inversión en ingeniería de datos, integración de sistemas, gobernanza de datos, gestión de riesgos y capacitación.
Otro de los desafíos pasa por no confundir la llegada de infraestructura de inteligencia artificial al país con la incorporación de tecnología en las empresas paraguayas. En referencia a los proyectos de data centers anunciados por miles de millones de dólares, sostuvo: “Un data center no nos convierte en un país tecnológico. Nos convierte en anfitriones”. A su vez, dijo que en Paraguay, Travesía 4.0 encontró que el 45 % de las industrias no registró cambios en su plantilla durante los últimos cinco años de digitalización, el 26 % contrató más gente y % redujo posiciones.
Lo que sí está cambiando, según Cañete, es lo que las empresas esperan de sus trabajadores: pasar de ejecutar tareas a supervisar sistemas, incorporar perfiles vinculados a datos, analítica, integración de sistemas y ciberseguridad, y dar mayor valor a las habilidades blandas.
En este último punto, sostuvo que el informe encontró que el 99 % de las industrias valora las habilidades blandas y el 84 % considera específicamente importante la capacidad de interacción humano-máquina. El desafío de la industria paraguaya no se limita a incorporar una nueva herramienta tecnológica, sino a preparar las condiciones para aprovecharla. “El riesgo para el trabajador paraguayo no es que la IA le quite el empleo. Es que el país no le de la formación para ocupar el empleo nuevo que la IA crea”, acotó.
VISIÓN DE LA UIP
Enrique Duarte, presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP), explicó a La Nación/Nación Media, que la incorporación de la inteligencia artificial en la industria paraguaya está avanzando, aunque todavía se encuentra en una etapa de desarrollo. “Ya vemos empresas que están incorporando herramientas de inteligencia artificial y tecnologías de cuarta generación para optimizar procesos, tomar decisiones y mejorar su eficiencia”, inició comentando.
Destacó que lo importante es entender que no es una tendencia pasajera, ya que forma parte de una transformación tecnológica que va a modificar la manera en que se produce, se gestiona y se compite. “Paraguay tiene que acompañar ese proceso si quiere sostener su crecimiento industrial y aprovechar nuevas oportunidades de inversión y generación de empleo”, explicó. Se observan avances en sectores que tienen procesos más automatizados y una mayor disponibilidad de datos, como alimentos y bebidas, textil, químico-farmacéutico y producción de papel y sus derivados.
Asimismo, mencionó que ya en 2025 el gremio señalaba que alrededor del 17 % de las empresas industriales incorporaban tecnologías de tercera y cuarta generación vinculadas con inteligencia artificial. Los usos son diversos: automatización y optimización de procesos, mantenimiento predictivo, control de calidad, análisis de datos, planificación de la producción y gestión de inventarios. También empieza a ganar espacio en áreas administrativas y comerciales, donde permite procesar información con mayor rapidez y apoyar la toma de decisiones. En tanto, el principal beneficio es que permite hacer más con los mismos recursos. “La inteligencia artificial puede ayudar a reducir tiempos, detectar ineficiencias, anticipar fallas, optimizar el uso de materias primas y energía y mejorar la toma de decisiones”, sostuvo.
Igualmente, Duarte mencionó que Paraguay todavía tiene una brecha importante que cerrar ya que hay empresas que están avanzando rápidamente y que ya utilizan tecnologías sofisticadas, pero también existe una gran cantidad de industrias, especialmente pequeñas y medianas, que todavía están dando sus primeros pasos en transformación digital.
“La inteligencia artificial va a tener una presencia cada vez mayor en la industria. No necesariamente veremos el mismo nivel de adopción en todas las empresas ni en todos los sectores, pero será progresivamente parte de los procesos productivos y de gestión”, aseguró. La discusión ya no debería ser si vamos a utilizar inteligencia artificial, sino cómo vamos a incorporarla de manera eficiente, segura y orientada a resultados. “Esta transformación debe ir acompañada de capacitación, inversión y una mayor articulación entre empresas, academia y sector público. El objetivo no es solamente incorporar tecnología, sino desarrollar las capacidades necesarias para utilizarla y convertirla en productividad y competitividad”, puntualizó. Entre las barreras, sostuvo que una de ellas es el acceso al financiamiento para invertir en tecnología, especialmente para las pequeñas y medianas industrias. Además, desafíos relacionados con la disponibilidad de talento y con la formación de las personas que deben implementar y gestionar estas nuevas herramientas.
A esto se suman la infraestructura tecnológica, la calidad y disponibilidad de datos y la necesidad de que las empresas puedan identificar con claridad dónde la inteligencia artificial realmente genera valor. “La inteligencia artificial puede ser un gran acelerador de la industria paraguaya, pero para aprovechar esa oportunidad necesitamos preparar a nuestras empresas y a nuestra gente”, aseguró.
MOVIMIENTO INDUSTRIAL
De acuerdo al Ministerio de Industria y Comercio (MIC) el movimiento industrial en Paraguay está concentrado principalmente en sectores como la fabricación de productos de metal, la confección de prendas de vestir, la elaboración de productos alimenticios y la fabricación de muebles.
A la fecha, se contabilizan 37.248 industrias manufactureras registradas, mientras que 353.031 personas trabajan en el sector industrial. De este total, 233.450 son hombres y 119.581 son mujeres.
En cuanto a la distribución de las industrias, Central concentra 14.972, seguido por Asunción con 5.594, Alto Paraná con 4.690, Itapúa con 2.439 y Caaguazú con 2.102. Los datos corresponden a la Dirección General de Empresas y Establecimientos (Dirge) del Instituto Nacional de Estadística (INE) compartidos por la cartera de comercio.
“La inteligencia artificial ya cambió el presente y transformará el futuro del Paraguay”
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La inteligencia artificial ya está modificando la forma de trabajar, estudiar, producir y comunicarse, y su impacto crecerá en los próximos años. Por ello, el investigador paraguayo Derlis Cáceres Troche advierte que el país debe acelerar la formación de talento, la innovación y la transformación digital para convertir esta revolución tecnológica en una oportunidad de desarrollo nacional.
Fotos Gentileza
La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en una realidad que ya está transformando la manera en que las personas trabajan, estudian, producen y se comunican. Para el Tte. Avc. Derlis Cáceres Troche, investigador y especialista en innovación educativa y tecnologías emergentes, el país debe prepararse para una revolución tecnológica que marcará un antes y un después en todos los sectores de la sociedad.
Actualmente, Cáceres Troche se encuentra culminando el doctorado en Educación en la Universidad Autónoma de Madrid (España). Además, destaca por ser el primer doctorando en Europa en obtener la Mención Industrial en el área de Educación, un reconocimiento que integra la investigación académica con la aplicación práctica y la innovación en el sector productivo.
“La inteligencia artificial ya no es una herramienta del mañana; es una tecnología del presente. Quienes aprendan a utilizarla tendrán una ventaja competitiva en el ámbito profesional, empresarial y educativo”, señaló.
“La inteligencia artificial ya no es una
herramienta del mañana; es una tecnología del presente”, afirma el experto
PROYECCIONES
El especialista sostuvo que diversos estudios y proyecciones de investigadores del área coinciden en que, durante los próximos cinco años, la adopción de la inteligencia artificial crecerá de manera acelerada, transformando profundamente la educación, la salud, la industria, el comercio, el transporte y la administración pública.
Según Cáceres Troche, Paraguay no permanecerá ajeno a esta transformación.
“Nuestro país debe prepararse para incorporar estas tecnologías de manera estratégica y responsable. La inteligencia artificial puede convertirse en un motor de desarrollo, fortaleciendo la educación, impulsando la productividad y generando nuevas oportunidades para emprendedores, empresas e instituciones públicas”, afirmó.
Asimismo, destacó que referentes tecnológicos como Mark Zuckerberg y Elon Musk han coincidido en que la inteligencia artificial tendrá un impacto comparable al de las grandes revoluciones industriales, modificando la forma en que las personas trabajan, aprenden y generan conocimiento.
DESAFÍOS
Para el investigador paraguayo, el verdadero desafío no consiste en competir contra la inteligencia artificial, sino en desarrollar las competencias necesarias para aprovecharla.
“Las personas no serán reemplazadas simplemente por la inteligencia artificial, sino por quienes sepan utilizarla de manera más eficiente. La capacitación continua, la innovación y la adaptación serán los factores que definirán el liderazgo en esta nueva era tecnológica”, expresó.
Finalmente, el Tte. Avc. Derlis Cáceres Troche señaló que Paraguay tiene la oportunidad de posicionarse como un referente regional si apuesta por la formación de talento, la investigación científica y la transformación digital.
“La inteligencia artificial representa una oportunidad histórica para el desarrollo nacional. El futuro ya comenzó y depende de nosotros prepararnos para liderarlo”, concluyó.
Hay algo sutil ocurriendo en las organizaciones, y quizá aún no estemos prestando la debida atención. La inteligencia artificial no solo está transformando procesos, está transformando la forma en que pensamos. Vivimos en una era en la que delegar tareas a algoritmos ya casi se ha vuelto natural.
Pedimos a los sistemas que escriban, analicen, recomienden, prioricen. Ganamos velocidad, escala y eficiencia. Pero, junto con estos avances, comienza a surgir una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con nuestra capacidad de juzgar cuando nos acostumbramos a no juzgar?
A esto lo llamo riesgo a la soberanía cognitiva.
No se trata de resistencia a la tecnología. Al contrario. Se trata de comprender que, cuanto más sofisticadas se vuelven las herramientas, mayor debe ser nuestra madurez en su uso. Estudios recientes indican que entre el 60 % y el 70 % de las actividades laborales poseen algún potencial de automatización. Esto no significa la sustitución completa de las personas, sino la redistribución del esfuerzo cognitivo. Parte de lo que antes exigía reflexión humana pasa a ser procesado por sistemas estadísticos. El Foro Económico Mundial estima que aproximadamente el 42 % de las tareas empresariales pueden ser automatizadas en el corto plazo. Sin embargo, existe una diferencia crucial entre automatizar procesamiento y automatizar discernimiento. La IA procesa datos con una eficiencia impresionante. Pero juzgar implica contexto, valores, ambigüedad y responsabilidad; dimensiones que siguen siendo profundamente humanas.
Y aquí reside el punto sensible. Cuando empezamos a aceptar respuestas automatizadas sin el debido escrutinio, dejamos de ejercitar músculos cognitivos esenciales: formular hipótesis, cuestionar premisas, evaluar sesgos, sustentar argumentos. La externalización del esfuerzo mental puede parecer inofensiva a corto plazo, pero, a mediano plazo, erosiona la capacidad crítica de los equipos. Y existe además un desajuste silencioso dentro de las empresas. Investigaciones muestran que los colaboradores utilizan herramientas de IA en una intensidad mayor de la que muchos ejecutivos imaginan. La tecnología ya está presente en el flujo decisorio cotidiano, muchas veces sin una gobernanza estructurada.
Esto crea un riesgo operativo real: las decisiones son influenciadas por sistemas cuyo funcionamiento no siempre es plenamente comprendido.
No es un problema tecnológico. Es un problema de liderazgo.
El primer riesgo es la atrofia del pensamiento crítico. Cuanto menos practicamos el juicio, más dependientes nos volvemos de las recomendaciones automatizadas. El segundo riesgo es la opacidad. Los modelos algorítmicos no son neutros; cargan sesgos estadísticos y limitaciones estructurales. Delegar decisiones sin comprender estos límites amplía riesgos regulatorios, reputacionales y estratégicos. El tercer riesgo es la dilución de la responsabilidad. Cuando “fue el algoritmo” se convierte en justificación, se debilita la cadena de accountability. Y ninguna organización sostenible puede operar sin claridad de responsabilidad humana. Por lo tanto, la cuestión central no es si debemos usar IA. La cuestión es cómo utilizarla sin renunciar a nuestra autonomía intelectual. Esto exige intencionalidad estratégica.
En la Fundação Dom Cabral, sostenemos que la IA no es solo un tema tecnológico, sino una pauta de consejo, y contamos precisamente con un programa de IA para consejos. El programa Foresight, Tech & IA en la Sala del Consejo capacita a consejeros, CEOs y ejecutivos C-Level para comprender y liderar estas transformaciones, conectando tecnologías (digitales y no digitales), ética y estrategia para promover crecimiento sostenible, generación de valor y perennidad organizacional.
La IA es una herramienta poderosa, pero sin una estrategia que proteja y refuerce la soberanía cognitiva, las organizaciones corren el riesgo de perder competencia crítica y capacidad de innovación autónoma en sus operaciones y cadena de valor.
Los líderes visionarios deben escuchar tanto los datos como el juicio humano, gobernar la colaboración entre mente humana y máquina, en lugar de abdicar de ella. Solo así transformaremos la promesa de productividad en ventaja sostenible, sin renunciar a la autonomía intelectual que constituye la base del liderazgo responsable, exactamente como lo defendemos en la Fundação Dom Cabral
La educación es el noble camino para un ascenso social ético
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Existen dos caminos para alcanzar los objetivos personales en la vida, separándose ambos radicalmente de acuerdo con los medios que cada uno elija para llegar a su cometido. Uno es noble, éticamente ponderable y moralmente ejemplificador: es la educación como herramienta para el ascenso social. Un ascenso escarpado, con obstáculos y sinsabores, interminables vigilias sobre los libros, con profundo sentido de honestidad para enfrentar los procesos y los exámenes puntuales.
La cuestión no es pasar al siguiente nivel, como si fuera un juego en línea. Se trata fundamentalmente de ir adquiriendo un grado más de conocimiento para que al final del ciclo no sea un simple egresado, sino un auténtico graduado. Pero la verdadera carrera empieza cuando concluye la universidad. Es la formación permanente y la actualización constante y, sobre todo, la lectura sistemática que va abriendo el horizonte mental hacia escenarios cada vez más amplios, en que las especialidades técnicas adquieren el necesario ropaje de la concepción humanista de la existencia.
Esa es una contribución imprescindible para la constitución integral del hombre y la mujer. Aquí es preciso aclarar que el ascenso social al que aludimos más tiene que ver con la consideración y el respeto que una persona se gana ante la ciudadanía que con la acumulación de bienes materiales.
Pareciera un contrasentido, una paradoja, que un sistema educativo nacional históricamente muy cuestionado, de repente, lance figuras brillantes en diferentes campos del saber. Y la explicación no es muy compleja: tuvieron la posibilidad y la voluntad de seguir formándose más allá de las aulas. Mostraron interés en ser los mejores en su profesión.
Por encima de ganar dinero –cobrando lo que les corresponde por su trabajo–, desarrollaron un profundo sentimiento de solidaridad social. Eso pudo corroborarse hace poco durante la constitución de la primera Academia Paraguaya de Odontología, un hecho que pasó desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación tradicionales, pero que está marcando un hito en la búsqueda incesante de la excelencia compatible con el humanismo.
Es seguro que, dentro de poco, veremos los primeros frutos de este acontecimiento que permitirá a los profesionales paraguayos de esta especialidad integrarse plenamente a las demás academias del mundo. Y decimos que pudo comprobarse esa base de apego al prójimo porque la mayoría de ellos y ellas han demostrado su don de gente y honorabilidad en su trajinar diario en nuestra sociedad. Actitudes que fueron refrendadas con sendos discursos que testimonian la conducta reconocida de estos profesionales.
El otro camino es el de la obsecuencia, el servilismo y la abyección. Hombres sin honra, moral ni carácter que pudieron llegar más lejos de lo que sus limitados conocimientos les permitían, mediante su habilidad para congraciarse con los que ejercían el poder de turno.
Así, algunos llegaron, incluso, a los más elevados cargos sin más “méritos” –valga la expresión– que la lengua aduladora y el espinazo flexible. Para su ascenso económico se valen de una escalera para trepar. Y esa escalera no es otra que la política. Una política infestada de mediocridad, con deshilachados discursos, sin rigor ni contenido serios.
Varían el mensaje de acuerdo con las circunstancias, con un lenguaje grandilocuente, pero insulso, con tal de ajustarse a la situación momentánea para beneficio propio, de su familia y de su círculo más cercano. Y si es necesario, este último es también sacrificable para que la repartija sea más abundante.
Así se hicieron millonarios de la noche a la mañana. De una vida de cinturones ajustados, y algunos desde la más absoluta indigencia, hoy exhiben cuantiosas fortunas que habrán de heredar, posiblemente, hasta sus hijos. Y todo esto, penosamente, en un marco de exasperante impunidad que, a su vez, les facilita la ocasión para pontificar y cuestionar a los actuales gobernantes, sin una mínima pizca de autoridad moral.
Y, por último, aparece en escena la especie de los excepcionales, aquellos que le dieron al Paraguay un lustre intelectual y patriótico único en el concierto de las naciones. Podemos citar, entre otros, a Augusto Roa Bastos, José Asunción Flores, Elvio Romero, Carlos Lara Bareiro, Robin Wood (leído hasta por Umberto Eco), Carmen Soler y Rubén Bareiro Saguier.
Sabemos que esta lista es, ciertamente, incompleta y, por tanto, injusta, porque ella no se agota con estas grandes figuras ejemplares citadas. Son, en verdad, muchísimos –innumerables– los grandes paraguayos cuyas vidas han estado unidas por un mismo cordón intelectual, cual es la convicción insobornable para defender sus ideas, el coraje para enfrentar las tempestades y, sobre todo, una constitución ética y moral inquebrantables.
Una prueba de ello es que ninguno murió rico. Hoy tenemos, sin embargo, una generación de jóvenes dotados de grandes títulos, pero que se han sometido a las reglas del consumismo, arrastrando imposturas y repitiendo los mismos vicios de sus mayores. Paraguay, sin dudas, precisa, con urgencia, de gente sana, honesta y talentosa para procurar conquistar su irrenunciable destino de grandeza.