• Jorge Torres Romero

Hay una nueva especialidad en el periodismo y en el análisis político paraguayo: explicar con absoluta seguridad aquello que nadie puede demostrar.

Alrededor de la situación interna de Honor Colorado se construyó en pocos días una verdadera industria de la elucubración.

Políticos, analistas, periodistas y opinólogos despliegan hipótesis como si fueran hechos consumados. Anuncian rupturas, traiciones, conspiraciones, nuevos movimientos y finales anticipados.

El problema no es analizar. Para eso estamos. El problema comienza cuando el análisis reemplaza a los hechos.

Del chisme hacen un relato; del rumor, una primicia; de una conversación que no escucharon, una “telenovela turca”, como diría Efraín.

Las fuentes, demasiadas veces, parecen ser sus propias expectativas, simpatías, antipatías y prejuicios.

El que desea una ruptura ve una ruptura. El que quiere el final de Honor Colorado anuncia su agonía.

El que necesita desesperadamente que aparezca una nueva mayoría política descubre una conspiración que supuestamente la hará posible.

Hay hechos concretos, naturalmente. Horacio Cartes expresó públicamente su preferencia por Juan Carlos Baruja para acompañar a Pedro Alliana.

Alliana sostuvo que la definición de su compañero de fórmula le corresponde a él y que la comunicará después de las municipales. Gobernadores y legisladores expresaron posiciones diferentes y el propio oficialismo reconoció que existe debate interno.

Todo eso ocurrió. Lo demás requiere pruebas. Pero las pruebas parecen haberse vuelto un detalle incómodo frente a la necesidad de llenar horas de radio y televisión, páginas de diarios y kilómetros de publicaciones en redes sociales.

Quienes tenemos la posibilidad de observar esta dinámica desde más cerca asistimos, a veces con asombro, a la fabricación de historias que después adquieren vida propia.

Alguien supone algo, otro lo repite, un tercero lo comenta y finalmente aparece un cuarto analizando las consecuencias políticas de aquello que originalmente nunca fue más que una especulación.

Mientras buena parte de la oposición y del ecosistema mediático dedica sus energías a interpretar cada gesto colorado, son nuevamente los colorados quienes terminan marcando el ritmo de la conversación política.

Ponen la música y los demás bailan. Una declaración provoca veinte entrevistas.

Mientras, la oposición la mira por TV. Terminan reaccionando a lo que ocurre dentro del Partido Colorado. No conduce la conversación: la comenta.

En Honor Colorado existen tensiones y sería absurdo negarlas.

También existen ambiciones personales. En política siempre existen. Algunos dirigentes buscarán posicionarse y otros intentarán aumentar su cuota de poder.

Incluso dentro de cualquier movimiento grande conviven quienes están por convicción, quienes llegaron por conveniencia y quienes permanecerán mientras consideren que allí se encuentra su mejor oportunidad política.

La verdadera pregunta es qué alternativa existe fuera. Y hoy, la respuesta es nada, la disidencia no existe.

Lo cierto es lo que los anti están felices. Los anti-Cartes, anti-Peña, anti-Colorado, pero necesitan algo más que ese odio.

Ahí está el verdadero problema que las interminables elucubraciones sobre Honor Colorado terminan ocultando.

Mientras unos imaginan conspiraciones, otros hacen política y mientras esperan que el adversario se destruya solo, el adversario organiza sus estructuras y cuando falta agenda, el chisme se transforma en política. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Etiquetas: #oficio#anti

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