• POR JORGE TORRES ROMERO

El anuncio de Horacio Car­tes respecto a la candida­tura de Juan Carlos Baruja a la Vicepresidencia no debe analizarse solamente como la promoción de un nombre. Es una jugada política que obliga a todos los actores del oficialismo colorado a posi­cionarse y que, dependiendo de cómo termine resolvién­dose, puede tener consecuen­cias mucho más profundas de cara al 2028.

Porque detrás de la discusión sobre quién acompañará una eventual chapa presidencial está planteándose otra cues­tión: ¿Honor Colorado llegará unido a las próximas eleccio­nes generales o comenzará mucho antes una disputa interna por el poder?

A partir de ahora aparecen, por lo menos, cuatro escena­rios.

El primero es el de la unidad.

Gobernadores, diputados, senadores, dirigentes y refe­rentes territoriales termi­nan acompañando la candi­datura de Alliana-Baruja y aceptando la línea marcada por el presidente del Partido Colorado y líder de Honor Colorado.

En ese escenario, las diferen­cias que puedan existir dentro del oficialismo quedan subor­dinadas a un objetivo superior: conservar la unidad del movi­miento y, posteriormente, del Partido Colorado.

Una de las principales forta­lezas electorales de la ANR históricamente ha sido su capacidad para competir ferozmente hacia adentro y por eso, si todos terminan subiéndose a la misma chapa, Cartes habrá conseguido ordenar anticipadamente una parte importante del tablero del 2028.

Pero existe un segundo esce­nario: el quiebre.

El denominado “peñismo” podría decidir construir una alternativa propia. El Con­sejo de Gobernadores, acom­pañado eventualmente por diputados y otros dirigentes, podría impulsar otro candi­dato presidencial.

En ese momento ya no estaría­mos hablando de diferencias o matices dentro de Honor Colo­rado. Estaríamos frente a una disputa abierta por espacios de poder y conducción.

Cuando una estructura polí­tica comienza a dividirse desde arriba, la pelea rápida­mente baja hacia gobernacio­nes, diputaciones, senadurías, intendencias y dirigencias de base. Cada sector empieza a construir su propio equipo y la lógica electoral termina imponiéndose sobre la lógica de gobierno.

Ahí aparece el tercer escenario y probablemente la pregunta política más importante: ¿qué hará Pedro Alliana? Alliana viene construyendo su pro­yecto presidencial, pero una eventual división del oficia­lismo necesariamente modi­ficaría las condiciones de esa candidatura.

El vicepresidente deberá eva­luar si mantiene su proyecto presidencial dentro de un movimiento dividido o si rede­fine su futuro político.

Algunos ya mencionan una eventual candidatura suya al Senado.

Si una hipótesis semejante llegara a materializarse, el problema para el cartismo sería todavía mayor: ten­dría que encontrar un nuevo candidato presidencial con capacidad para aglutinar al movimiento, construir consenso dentro del Par­tido Colorado y enfrentar posteriormente unas elec­ciones generales. Y enton­ces aparece el cuarto esce­nario, que muchas veces se pierde de vista cuando toda la atención está concentrada en las internas coloradas: la oposición.

Mientras el oficialismo dis­cute nombres, espacios y can­didaturas, sectores opositores trabajan con la idea de inten­tar llegar unidos al 2028.

Por eso, los escenarios de frac­tura dentro del Partido Colo­rado serían ampliamente favo­rables para la oposición. Una oposición unificada enfren­tando a un Partido Colorado dividido representa una ecua­ción electoral completamente diferente.

La ANR puede tener estruc­tura, historia, presencia territorial y una enorme capacidad de movilización, pero ninguna maquina­ria política es invulnerable cuando una parte de ella tra­baja contra la otra.

Por eso considero que, de los escenarios planteados, el pri­mero es el que ofrece mayores posibilidades al Partido Colo­rado de conservar el poder en 2028. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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