En el Medio Oriente existe un dicho que dice que “los palestinos nunca pierden la oportunidad, de perder la oportunidad”.

Mucha sangre, pero también tinta, ha corrido por el conflicto palestino-israelí. Desde el 7 de octubre de 2023, una mentira domina la agenda mediática global: que la creación de un Estado palestino es imposi­ble por culpa de Israel. La realidad es otra. Desde 1937 y en al menos cinco ocasiones, quienes se golpean el pecho por no lograr lo que dicen querer son, en verdad, quie­nes lo han rechazado.

Veamos paso a paso.

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La Declaración Peel (1937)

En plena Gran Revuelta Árabe contra el Mandato Británico, la Comisión Peel propuso la primera partición del territo­rio: cerca del 80 % para los árabes y el 20 % para los judíos (franja costera y Gali­lea). El liderazgo judío, encabezado por Chaim Weizmann y David Ben-Gurión, aceptó el principio de partición. Haj Amin al-Husseini, Gran Muftí de Jerusalén, y el Comité Superior Árabe lo rechaza­ron categóricamente, exigiendo el fin de la inmigración judía y un único Estado árabe.

El Plan de Partición de la ONU: Resolu­ción 181 (1947)

Tras la II Guerra Mundial, la ONU votó la creación de dos Estados: uno árabe (43 % del territorio) y otro judío (56 %, en su mayoría el desierto del Negev), con Jerusa­lén bajo régimen internacional. La dirigen­cia judía aceptó y declaró la independen­cia de Israel en mayo de 1948. Los Estados árabes y el liderazgo palestino rechazaron la resolución e iniciaron de inmediato la guerra para impedir la consolidación del Estado judío.

La Cumbre de Camp David (2000)

Con mediación de Bill Clinton, Israel –representado por el primer ministro Ehud Barak– ofreció un Estado palestino en el 100 % de Gaza y entre el 91 % y el 95 % de Cisjordania, con soberanía sobre barrios árabes de Jerusalén Este y capital en sec­tores de la ciudad. Yasser Arafat, líder de la OLP, rechazó la propuesta sin con­traoferta formal. Poco después estalló la Segunda Intifada, y el propio Clinton res­ponsabilizó públicamente a Arafat por el colapso de las negociaciones.

La Propuesta de Ehud Olmert (2008)

En el marco del Proceso de Anápolis, el primer ministro israelí Ehud Olmert ofre­ció el 93,7 % de Cisjordania (con un 5,8 % de intercambio territorial, equivalente a cerca del 99,5 % en total), la Franja de Gaza, un enlace territorial entre ambas y la internacionalización de la Cuenca Sagrada de Jerusalén. Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, nunca firmó ni respondió formalmente al mapa. Años después admitiría que la brecha era estrecha, pero que no estaba listo para dar el paso definitivo.

El Plan de Paz de EE. UU. / Acuerdo del Siglo (2020)

La propuesta condicionaba un Estado palestino a la desmilitarización, el reco­nocimiento de Israel como Estado judío y la renuncia al terrorismo, a cambio del 70 % de Cisjordania, la totalidad de Gaza, inversión multimillonaria y una capital en las afueras de Jerusalén Este. El lide­razgo palestino la boicoteó antes incluso de su publicación.

Al menos desde 1937, nunca fue una dis­puta por fronteras o porcentajes de tie­rra, sino por la incompatibilidad con la existencia de un Estado judío en cual­quier frontera. Por eso ni siquiera las ofertas maximalistas de 2000 y 2008 prosperaron.

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