- Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
Sobre la esencia del alma existe un planteamiento expuesto por Plotino (205 - 270), filósofo helenístico y fundador del neoplatonismo, donde destaca que la misma pertenece al ámbito inteligible, y aun cuando pueda encontrarse vinculada al cuerpo, su modo de ser no es espacial ni material.
La extensa obra, de quien nació en Egipto, se educó en Alejandría, para después vivir en Roma, consta de cincuenta y cuatro volúmenes.
La misión de recopilar y organizar ese abundante material la hizo uno de sus discípulos, Porfirio, denominando dicha construcción temática como las Enéadas, nombre que en su procedencia griega significa grupos de nueve.
Es que dividió aquellos tratados en seis libros que contenían cada uno nueve de ellos. Por lo que, se constituyó en una creación editorial de su parte, a partir de la pluma auténtica de Plotino. Otro dato a tener en cuenta, Porfirio alteró el orden cronológico de los escritos de su maestro, y fue en favor del orden temático y filosófico.
En el desarrollo sobre el alma, Plotino la distingue de las manifestaciones corporales, expresando que la misma ejerce una presencia capaz de animar, ordenar y gobernar. Así, la psyché es un principio activo de la vida.
Y si es incorpórea, ¿cómo puede encontrarse presente en un organismo corpóreo?, éste planteamiento que se realiza, lo responde argumentando que la unidad no se puede explicar solo mediante la suma de las partes, su presencia se remonta al principio mencionado, que vivifica y actúa como una totalidad, manifestándose como pura articulación entre las relaciones internas.
Para Plotino, percibir, recordar, razonar o gobernar el cuerpo son actividades que pertenecen a esa composición múltiple del organismo, destacando que ninguna de ellas agota la realidad del alma.
Entre sus estudios aborda la percepción sensorial y la memoria, indicando que la sensación muestra cómo el alma se vuelve hacia lo exterior mediante los sentidos, haciendo una distinción entre la presencia sensible y la permanencia interior.
Sostiene que la memoria conserva aquello que ya no está presente, aunque no la considera una fuente de acumulación pasiva de imágenes, manifestando que es la capacidad del alma para reproducir o actualizar concepciones con la que antes estuvo ocupada, por lo que el pasado puede permanecer presente de una manera interior.
De manera que, el alma percibe el mundo, organiza la experiencia corporal, conserva el pasado y puede orientarse hacia la inmensa interioridad que habita, para descubrir una realidad superior.